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La familia Herrera huyó hacia Suecia por miedo a los pandilleros en Izalco

Los compatriotas tenían como negocio una tienda y fueron extorsionados por la pandilla 18. Los mareros tomaron venganza y han jurado matar a un pariente que ha quedado en el país, según declararon

Residentes en cantón El Llano de San Luis La Herradura, en La Paz, también fueron víctimas del acoso de pandilleros y optaron por dejar sus viviendas.

Residentes en cantón El Llano de San Luis La Herradura, en La Paz, también fueron víctimas del acoso de pandilleros y optaron por dejar sus viviendas.

Residentes en cantón El Llano de San Luis La Herradura, en La Paz, también fueron víctimas del acoso de pandilleros y optaron por dejar sus viviendas.

Isaac Josué Herrera prosperó con su negocio en menos de un año. Había surtido su tienda hasta convertirla en una de las más fuertes de la colonia Santa Emilia, en el municipio de Izalco, Sonsonate.

El 5 de enero de 2013, dos pandilleros llegaron a su negocio. Después de darle un corto saludo, lo encararon y le expresaron que a partir de ese día debía entregarle a la pandilla tres dólares cada semana.

Ahí empezó el calvario para la familia Herrera, que hoy relata desde Suecia la manera en que los pandilleros la acosaron y desesperaron hasta que tomaron la decisión de huir de El Salvador.

Ahora, Isaac Josué relata su triste historia desde el país europeo donde viven en quietud, en paz y lejos de ser alcanzados por la criminalidad de El Salvador.

Ese 5 de enero, la víctima no dudó en dar el dinero al pandillero. Isaac Josué sabía que los mareros asesinaban a todo aquel que no pagaba la extorsión exigida por esos grupos delictivos. Lo vivió cuando se enteró de la muerte de un vecino a manos de los pandilleros. También, al conocer de los múltiples ataques que se realizaron en la colonia aledaña y otros sectores.

El compatriota siguió pagando la extorsión. Lo hizo por varias semanas hasta que otro día, la situación empeoró: Los pandilleros le exigieron 10 dólares cada semana. Herrera accedió y siguió pagando. No recuerda cuánto dinero dio en total.

Pero los mareros, controlándolo, lo investigaron hasta que uno de ellos se enteró que parte de la familia del comerciante vivía en Suecia.

Un día llegaron otros sujetos. Se veían mayores y andaban armados. Uno de ellos le expresó que sabía quién era su familia y que varios vivían en Europa.

Los delincuentes le pidieron de tajo 1,000 dólares. Fue la mañana del 15 de julio de 2013. Los sujetos le dieron tres días a Herrera para entregar el dinero. El calvario empeoró.

La víctima relató que cerró su negocio. Se fue huyendo de su casa en su carro con su esposa e hijos. Un hermano que vivía en la zona sur de San Salvador le dio posada por varios días. Ahí vivió tres semanas; no obstante, también tuvo que huir de un día para otro, pues en la colonia donde vivía su hermano también había pandilleros. Estos lo pararon un día para cuestionarlo de dónde habían llegado. Ese mismo día se tuvo que ir por miedo.

Herrera regresó a su casa. Relata que se armó de valor y puso la denuncia en la División Antiextorsiones. Los investigadores le tomaron la información y él creyó haber encontrado alivio. Pensó que romper el miedo en denunciar había valido la pena, pero no fue así, por el contrario, salió decepcionado de aquella delegación policial.

"Me dijeron que como la extorsión ya estaba hecha, los investigadores no podían hacer nada e iban archivar el caso", expresó el compatriota consternado.

Herrera estaba contra las cuerdas. No dormía. Sus hijos ya no salieron a estudiar. Nadie salía de la casa, tenían miedo de ser atacado por los pandilleros. Entonces decidió recurrir a sus tíos que viven en Suecia. Les pidió ayuda y tuvieron que reunir 8,000 dólares para costear los pasajes de su esposa y dos hijos.

Toda la familia que vivía en la colonia Santa Emilia huyó. Tres casas quedaron abandonadas. Dejaron todo. El sacrificio de años quedó tirado, no pudieron vender y mucho menos alquilar las viviendas.

La venganza de los mareros llegó

Los pandilleros buscaron a los Herrera por todas las colonias de los alrededores. Unos vecinos le confirmaron a Josué que le vigilaron la casa día y noche. Otros le afirmaron que los delincuentes sabían que el compatriota se había abocado a la Policía para denunciarlos.

Los mareros no descansaron en investigar a la familia y meses después descargaron su cólera con un cuñado de Josué, identificado como Manuel de Jesús T. Z., de 34 años.

Manuel de Jesús trabaja la tierra y vive en el cantón Balsamar del municipio de San Julián, en Sonsonate.

Al referido lugar se llega en menos de 15 minutos desde la colonia Santa Emilia, donde residía la familia Herrera.

Un grupo de sujetos llegó al cantón Balsamar y preguntó desesperadamente por Manuel de Jesús. Nadie les daba referencia. Pero después de varias semanas pudieron localizar a la víctima.

Y al ubicarla, llegó un grupo de mareros de la 18 con el rostro cubierto y la sacaron de la casa, la llevaron a una zona verde desolada.

Los mareros le sacaron información para dar con el paradero de la familia Herrera, relató el sobreviviente.

A Manuel de Jesús lo torturaron, lo tomaron entre tres hombres y lo golpeaban en todo el cuerpo. Pero el hombre se negó a revelar dónde estaban sus parientes, lo cual enfureció a los delincuentes. Uno de ellos le dio un disparo en el pie.

La víctima quedó abandonada y pobladores de la zona la auxiliaron y la trasladaron hacia el hospital nacional de Sonsonate.

Los mareros han jurado matar a Manuel de Jesús

Manuel ya no tiene una vida normal. Vive atrapado en el miedo. No duerme. Piensa que, los pandilleros, lo encontrarán y lo matarán de un momento a otro.

La víctima puso la denuncia de su ataque en la Fiscalía General de la República.

El Ministerio Púbico inició la investigación y ha ofrecido la protección personal a Manuel de Jesús. Sin embargo, el miedo es por dos parientes más que están desprotegidos.

Ahora, las autoridades quieren que revele quiénes son los mareros que lo atacaron, mientras eso pasa, sigue viviendo entre el miedo y la angustia de ser asesinado por los mareros.

La familia Herrera no cree en el sistema judicial del país. Desde Europa se entera que la corrupción es gigantesca y que los mareros son como una plaga que desde las cárceles tienen el control en las colonias y barrios.

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