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"¡Esto debe ser una mentira, Dios mío!"

Ayer fue sepultado el miembro del Batallón Presidencial asesinado

Varios soldados cargaron el ataúd con los restos del sargento primero del Batallón Presidencial José Luis Martínez Miranda, asesinado el jueves pasado. Foto EDH / Lissete Monterrosa

Varios soldados cargaron el ataúd con los restos del sargento primero del Batallón Presidencial José Luis Martínez Miranda, asesinado el jueves pasado. Foto EDH / Lissete Monterrosa

Varios soldados cargaron el ataúd con los restos del sargento primero del Batallón Presidencial José Luis Martínez Miranda, asesinado el jueves pasado. Foto EDH / Lissete Monterrosa

Las hijas de José Luis Martínez Miranda, efectivo del Batallón Presidencial asesinado la noche del jueves en Panchimalco, no pudieron soportar ayer ver a su progenitor en un ataúd y en varias ocasiones se desmayaron durante su sepelio, en un cementerio local.

En una carroza fúnebre de la Fuerza Armada fue llevado el cuerpo del sargento primero del Batallón Presidencial (que protege al Presidente Salvador Sánchez Cerén) a la iglesia de Panchimalco, justo antes de que en el lugar se efectuara una boda.

Varios efectivos militares hicieron a un lado su fusil y cargaron el ataúd de su compañero hasta el atrio de la iglesia local.

Una alfombra de pétalos de rosa para la boda sirvieron también para que el párroco de dicha iglesia diera las palabras de despedida al militar que fue ultimado por presuntos pandilleros que lo acribillaron cuando descansaba en una hamaca en el patio de su casa en la calle al caserío Amayito, del cantón Azacualpa.

El sacerdote llamó a los familiares de la víctima a dejar las cosas a Dios, ya que de su justicia no se puede escapar.

"El asesinato es un pecado grave y no se puede absolver fácilmente", dijo el sacerdote a la muchedumbre que se agolpó en la iglesia para despedir a José Luis Martínez Miranda, de 45 años.

"Ese pecado es reservado, solo Dios puede dar y quitar la vida. Ojalá esa gente encuentre tiempo para arrepentirse, ya que de la justicia terrenal puede escapar, pero de la justicia divina no", expresó el párroco.

Posteriormente, el cortejo fúnebre se trasladó al cementerio, en donde las escenas de dolor de la familia doliente hacía humedecer los ojos a los más aguerridos soldados que estaban en el lugar.

"¡Esto debe ser una mentira, Dios mío!", gritaba la esposa de la víctima al despedirlo en el cementerio.

La víctima fue atacada presuntamente por dos pandilleros que lo acechaban cuando descansaba en su casa.

Una ráfaga de disparos alcanzaron al militar que no tuvo tiempo de defenderse y murió en el acto.

Su numerosa familia que se encontraba en la casa al momento del ataque quedaron aterrorizados por la tragedia vivida.

La Fuerza Armada militarizó la zona de Panchimalco y Rosario de Mora en busca de los responsables del crimen.

Se ha conocido que hay tres sospechosos capturados.

Lo dejan a las leyes

Un numeroso grupo de soldados acompañó el cortejo fúnebre y se instalaron posteriormente en el cementerio local.

Los jóvenes que eran vistos sospechosos merodeando por la zona eran registrados e identificados por los militares.

Uno de ellos comentó que el caso quedaría en manos de la justicia salvadoreña.

"Las leyes son las que van actuar en este caso", detalló el militar de forma cautelosa.

La Fuerza Armada no ha emitido un comunicado al respecto.

Otros dos soldados han sido asesinados este año.

El militar José Balmore Palacios Molina, de 30 años, fue asesinado el 15 de marzo pasado un potrero, a casi un kilómetro de su casa, entre los caseríos María Victoria y La Esperanza, en el cantón Amaquilton, en Huizúcar, La Libertad. El soldado estaba destacado en la Brigada Especial de Seguridad Militar.

También el cabo Josué Navarro García fue ultimado en el pasaje 1, colonia El Sauce, en Lourdes, Colón, La Libertad.

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