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Empleado de un ingenio fue asesinado por desafiar a maras

Días antes, el hombre había roto un papel y macheteado un celular de unos pandilleros

Policías inspeccionan el lugar donde ayer en la madrugada, en la colonia Pipil, de Cuscatancingo, fueron asesinados dos hermanos . Fotos EDH/ Jaime Anaya

Policías inspeccionan el lugar donde ayer en la madrugada, en la colonia Pipil, de Cuscatancingo, fueron asesinados dos hermanos . Fotos EDH/ Jaime Anaya

Policías inspeccionan el lugar donde ayer en la madrugada, en la colonia Pipil, de Cuscatancingo, fueron asesinados dos hermanos . Fotos EDH/ Jaime Anaya

Hace aproximadamente tres meses, Serafín Silva Alvarado desafió a unos pandilleros que quisieron extorsionarlo. Eso, según la Policía, le costó la vida. Ayer, dos hombres a bordo de una motocicleta lo acribillaron.

Serafín, de 56 años, fue asesinado a la altura del kilómetro 15 de la carretera Troncal del Norte, en las proximidades del desvío de Tonacatepeque, cuando en compañía de uno de sus hijos, se dirigía a su lugar de trabajo, un ingenio azucarero.

La víctima era mecánico soldador y casi la mitad de su vida había trabajado en el ingenio azucarero El Ángel, según informaron algunos de sus compañeros.

De acuerdo con las primeras investigaciones policiales, Silva Alvarado vivía en la lotificación Los Robles, en el municipio de El Paisnal, al norte de San Salvador, donde era muy conocido.

Ayer, como de costumbre, salió de su casa minutos después de las siete de la mañana, conduciendo su vehículo, un Geo Metro de hace varios años.

Al aproximarse al desvío de Tonacatepeque, quien conducía una motocicleta con dos hombres a bordo hizo maniobras para adelantarse al auto conducido por Serafín.

Cuando los motociclistas rebasaron el auto, volvieron a maniobrar de tal forma que se pusieron a la par del vehículo, del lado del conductor.

Fue entonces cuando les hicieron varios disparos a los ocupantes. Luego, los motociclistas, huyeron del sector.

Los disparos solo alcanzaron a Serafín. Su hijo, que iba en el asiento del copiloto, logró maniobrar para detener la marcha del auto, pasó a su padre al asiento del copiloto y lo condujo hasta la clínica de la Cruz Roja de Apopa.

Pero Serafín no alcanzó a llegar con vida. Murió en el trayecto, de unos tres kilómetros.

Su cadáver tuvo que ser reconocido dentro del vehículo que quedó aparcado frente a la Cruz Roja de Apopa.

Crimen bien planificado

Ayer, la Policía dijo tener una fuerte sospecha de que Silva Alvarado fue asesinado por miembros de la pandilla 18 que opera en El Paisnal, en coordinación con otros grupos de esa misma pandilla que operan sobre la carretera Troncal del Norte.

Hace varias semanas, un menor de edad llegó a la casa de Serafín e intentó darle un teléfono diciéndole: "mire, aquí le quieren hablar". El hombre no quiso tomar la llamada.

Días después, otros supuestos mareros, también menores de edad, volvieron a llegar a la casa de Serafín. Esta vez llevaban un manuscrito, pero también le dieron el teléfono para que recibiera una llamada, presuntamente desde un centro penitenciario.

En esta ocasión, Serafín tomó el papel y el teléfono. El primero lo rompió y con un machete destruyó el teléfono, frente a los muchachos.

Desde ese día, según algunos vecinos de El Paisnal, los supuestos pandilleros comenzaron a vigilar a Serafín, aunque no le hicieron ninguna amenaza.

Emboscada a policías

Horas después de que Serafín Silva Alvarado fuera asesinado, una patrulla policial fue atacada a balazos en el sector del cantón Cantarrana, de El Paisnal.

De acuerdo con la Policía, los agentes policiales habían sido enviados a verificar algunos datos sobre la identidad de Silva Alvarado, con la familia de este.

Mientras se desplazaban a esa diligencia, en el Sistema de Emergencias 911 se recibió una llamada en la que denunciaban que unos pandilleros perseguían a una víctima dentro de unos cañales.

La patrulla policial se dirigió al lugar indicado, pero no encontró nada por lo que continuaron con la misión inicialmente encomendada.

Sin embargo, el 911 volvió a recibir una llamada en la que indicaban que en medio de unos cañales estaba una persona que necesitaba ayuda.

La patrulla se dirigió a hacer una nueva búsqueda, pero fueron recibidos a balazos por al menos cinco miembros de la pandilla 18, resultando levemente herido de una pierna, un agente policial .

La Cabaña, extorsionada desde Quezaltepeque

El cantón La Cabaña es uno de los más poblados y activos del municipio de El Paisnal, debido a la actividad industrial que genera el ingenio que lleva el mismo nombre que el cantón.

Sin embargo, aunque la presencia policial en ese lugar es notable, muchos vecinos de ese cantón y sus caseríos, aseguran que la pandilla 18 tiene extorsionados a la mayoría de habitantes.

Las extorsiones las hacen desde el Penal de Quezaltepeque y señalan como responsable a un supuesto pandillero que está recluido en ese lugar, a quien apodan el Negro, un hombre que desde hace varios años, a raíz de participar en una balacera, quedó confinado a una silla de ruedas.

El modo de extorsionar en ese cantón y en sus caseríos, es que mandan a uno de muchos niños o adolescentes que colaboran con la pandilla.

Este menor lleva un teléfono celular apagado, el cual enciende a la hora que le han indicado. Para ello, casi siempre el colaborador de la pandilla, lleva un reloj.

Cuando cae la llamada, el menor ya debe estar a unos pasos de la persona a quien van a notificar de la extorsión. El muchacho le entrega el celular a la víctima seleccionada, diciéndole que tiene que recibir una llamada.

Los vecinos aseguran que en el cantón La Cabaña casi todos son extorsionados. Incluso, hace algún tiempo, osaron pedir medio millón de dólares a una víctima, se desconoce si entregaron tal cantidad o negociaron alguna rebaja.

Vecinos de ese lugar, que denuncian esos hechos por teléfono, en las redes sociales y de forma personal, señalan que quienes se están lucrando de las extorsiones son los mismos parientes de el Negro, el presunto pandillero recluido en el penal de Quezaltepeque.

De acuerdo con los testigos, esas personas viven cerca de la casa que ocupa un grupo de la Policía Rural, asignado a vigilar el sector.

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