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Delincuencia afecta a PNC: 36 agentes mueren fuera de servicio

Los motivos por los que han asesinado a varios policías pueden no estar directamente relacionados a su trabajo

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Edenilson Antonio Aguilar Veliz,  fue asesinado el 6 de julio anterior en Urb. La Campanera, aparentemente por evitar que su hijo se involucrara con la Pandilla 18 S.... | Foto por elsalv

De los 93 policías asesinados entre el 2014 y lo que va de este año, no todos han perdido la vida por ser agentes. 

Según el director de la Policía Nacional Civil (PNC), Mauricio Ramírez, de los 48 policías que habían sido asesinados hasta agosto anterior, 12 (es decir uno de cada cuatro) fueron atacados mientras estaban de servicio.

El Director también confirmó que hay varios casos en los que no han sido asesinados   por  ser policías. De esos casos hubo dos en Santa Ana y otro  en Cabañas, afirmó.

El Diario de Hoy realizó una investigación sobre los motivos de las pandillas para asesinar policías,  encontrando que las razones son diversas: seguros de vida, desavenencias por negocios, relaciones sentimentales con mujeres de mareros o colaborar con las pandillas; podrían ser motivos por los que varios elementos policiales han sido asesinados.

No obstante, aunque el motivo para matar a un policía no sea siempre por el trabajo que desempeña, los asesinos, por lo general, sí son miembros de grupos de pandillas, tal como lo constató este Diario en cinco casos ocurridos entre 2014 y 2015.

El Diario de Hoy indagó sobre cinco policías asesinados, dos en 2014 y tres en este año. De todos estos casos, uno fue acribillado mientras estaba de servicio. Los otros cuatro murieron mientras estaban de licencia; todos a poca distancia de sus domicilios, en lugares donde tenían muchos años de vivir junto a sus familias, en sitios con mucho control territorial ejercido por grupos de pandillas.


Imposible que maras no supieran que eran policías
Cinco, ocho o 20 años viviendo en los lugares donde los asesinaron. Era imposible que las pandillas no supieran que ellos eran policías. 

Algunos parientes o compañeros están conscientes de ello y aceptan que no los mataron por ser agentes sino que hubo otras razones, de lo contrario, hubieran sido atacados desde hace mucho tiempo, aseguran algunos familiares.

Muchos de los policías entrevistados explicaron que son miles de agentes los que viven en territorios con mucha presencia de pandillas.
Algunos no tuvieron reparo en aceptar que a veces han hecho tratos explícitos con los delincuentes.

“Ellos saben lo que soy,  pero yo les he dicho que me dejen vivir tranquilamente a mí y a mi familia, y que a mí no me importa lo que ellos anden haciendo”, dijo un agente policial destacado la zona norte de San Salvador.

El agente vive desde hace más de 20 años en una colonia de Soyapango, con presencia de la Mara Salvatrucha (MS-13); es fundador de la PNC.

Familia se fue asilada

El cabo Héctor Samuel Ramos Argueta, asesinado el 25 de octubre del 2014, también tenía más de 20 años de vivir en la comunidad  Amando López, cantón La Canoa, municipio de Jiquilisco.

Tanto él como su esposa habían sido combatientes de la exguerrilla del FMLN. Sin embargo, ella optó por convertirse en profesora y él en policía.

En la fecha cuando lo asesinaron, Ramos Argueta tenía varios años de ser el segundo jefe del puesto policial del cantón El Zamorán,  distante  pocos kilómetros de su residencia. Tan cerca que no le tomaba muchos minutos si decidía ir a pie de su trabajo hacia su casa o viceversa.

Policías que conocieron a Romero Argueta aseguran que económicamente le estaba yendo muy bien; había montado en su casa un negocio de lácteos y alimentos concentrados para animales y, para cuando lo mataron, hacía pocas semanas que había comprado un pick up Toyota Hi Lux doble cabina.

Sin embargo, algunos policías también comentan que uno de los hijos del cabo podría haber tenido nexos con las pandillas pues en su teléfono móvil tenía música de la MS-13. Los policías se dieron cuenta de eso una vez,  que  sin saber que era el hijo de Ramos Argueta, le hicieron un registro.

Compañeros del cabo, sin embargo, no creen que a Ramos Argueta lo hayan matado por evitar que su hijo se involucrara con las maras. No pocos aseguran que Ramos Argueta fue asesinado por asuntos de dinero, aunque prefieren no explayarse en explicaciones. Eso mismo consideran algunos residentes de la comunidad Amando López.

Con la familia de esta víctima no fue posible hablar debido a que, según las mismas fuentes, hace aproximadamente tres meses que se fueron hacia Estados Unidos, en condición de asilados. 

Una amplia casa con un patio con abundantes árboles frutales luce sus puertas cerradas. En la entrada solo hay un vestigio de los negocios de Romero Argueta y su familia: un rótulo que anuncia la venta de lácteos y concentrados. El rótulo miente. Ya no se vende eso.

Problemas económicos

Poco antes de que acabara 2014, se presume que el policía Héctor Amílcar Jacobo Melgar tuvo problemas con su compañera de vida desde hacía unos seis años. 

Jacobo Melgar era originario de Comasagua, La Libertad. Ella era una mujer varios años mayor que él, residente en el centro de Carolina, recóndito pueblo de San Miguel. Se conocieron cuando el policía fue asignado a la subdelegación de Ciudad Barrios.

Para pocos habrá sido un secreto en el pueblo de Carolina, que el marido de esta señora era policía. Nadie lo ignoraba.  

Tras el problema, Melgar se ausentó unos días de ella, quien pasaba atendiendo un comedor y una cervecería que el policía le había establecido.

Pero a principios de enero de este año, la mujer convenció al policía que se reconciliaran. El hombre comenzó a llegar nuevamente a Carolina, pero el 14 de  enero, Jacobo Melgar fue acribillado a balazos mientras caminaba por una calle de Carolina. Pese a que la policía le mostró fotografías de uno de los principales sospechosos, la mujer negó que este estuviera implicado. Adujo que era una persona muy allegada a la familia.

Según compañeros de Jacobo Melgar, la reconciliación que fingió la mujer era ya parte de un plan: eliminar  al  agente policial por asuntos económicos.

Ella y seis hombres fueron capturados hace tres meses por el homicidio. Las autoridades han dicho una versión que poco coincide con lo que compañeros de Jacobo Melgar y residentes en Carolina saben del caso.

No es cierto que fuera asesinado luego de que la mujer revelara a una estructura de pandillas que su marido era policía. Eso lo sabía medio mundo desde hacía  años. 

Problema sentimental 

Los cantones La Peña y Las Casitas, del municipio de Alegría, departamento de Usulután, están atiborrados de miembros de pandillas. En Las  Casitas, con alta presencia de la Pandilla 18 Revolucionarios, vivía el agente Omar Enrique Sandoval Cruz, que a febrero de 2014, estaba asignado a la Policía Rural de Jiquilisco.

Sandoval Cruz se casó en el 2008 con una joven originaria de Las Casitas y desde ese año vivía en ese lugar donde toda la gente sabía que era miembro de la corporación policial. Los pandilleros de Las Casitas y de La Peña lo sabían.

Cómo no iban a saberlo si, según vecinos de esos lugares, el cabecilla de una pandilla de La Peña es un agente policial destacado en el departamento de La Unión. Eso también lo saben muchos policías.

Parece raro, pero en todos esos años, Sandoval Cruz no había recibido ninguna amenaza. Es más, se le veía conversar de vez en cuando con algunos pandilleros. Cómo no iba a hacerlo, si él,  su mujer y su hija vivían allí.

Pero el 15 de febrero, Sandoval Cruz fue abatido a tiros. Le pegaron en la cabeza, por la espalda. No le robaron nada. Incluso, ni el arma de equipo. Al momento de inspeccionar el cadáver, se la hallaron en la parte de adelante, entre el cinto.

La motocicleta en que se transportaba estaba estacionada, el casco estaba puesto sobre uno de los espejos. Todo eso hace sospechar a investigadores, vecinos de Las Casitas y compañeros que fueron a verlo cuando ya estaba muerto, que los asesinos eran conocidos.

Y en efecto, muchos dedos señalan a un pandillero que mantenía una relación con una joven con quien se dice, Sandoval Cruz había tenido una relación amorosa.

Los celos de ese pandillero hacia Sandoval Cruz parecen haber sido el verdadero motivo por el que fue asesinado. El policía tenía 28 años y en Las Casitas no tenía problemas con nadie.

De hecho, a él lo que más lo había venido preocupando no eran los pandilleros de su cantón sino la posibilidad de que lo asesinaran o lo bajaran cuando viajaba en transporte colectivo. Esa también fue la razón por la que un par de meses antes de que lo mataran, había comprado una motocicleta, con la ayuda de un pariente. A diferencia de los casos anteriores, por este crimen no hay ninguna captura.

Eliminar competencia
Nelson Mauricio Panameño Vásquez era un policía originario de la ciudad de Jiquilisco, donde también vivía con su familia. Era un policía ejemplar,  asignado a la policía comunitaria de San Dionisio y coordinador de un importante programa de prevención auspiciado por la Embajada de los Estados Unidos.

Compañeros de Panameño Vásquez ya le habían informado que “tenía luz verde” por parte de pandilleros, esto es, que había una orden para matarlo. Él no le dio importancia a esa advertencia. Incluso, afirman que advirtieron al compañero de él.

El 26 de marzo de este año, cuando Panameño Vásquez se conducía en una motocicleta institucional junto a otro policía, fueron atacados.
Las balas alcanzaron a los dos policías pero solo Panameño Vásquez murió de inmediato. El compañero salió herido. Los atacantes se retiraron de inmediato.

Pese a que el ataque ocurrió cuando Panameño estaba de servicio, sus compañeros aseguran que su asesinato no fue por el hecho de ser policía. 

Afirman que al policía le estaba yendo bien en un negocio de mariscos que había montado en el mismo sector donde trabajaba y que lo mataron por envidia, para eliminarlo como competencia.

El Diario de Hoy intentó hablar con familiares del agente policial pero estos rechazaron hablar, argumentando que no querían tener más problemas.

En la órbita de la 18
Un caso más reciente es el de el  agente policial asesinado el 6 de julio anterior en la urbanizaciónLa Campanera, un bastión de la Pandilla 18 Sureños. Edenilson Antonio Aguilar Veliz, de 45 años de edad, fue asesinado junto a uno de sus hijos, de 17 años, luego de que un grupo de pandilleros los invitara a una reunión en la cancha de la colonia.

Aguilar Veliz tenía más de 15 años de residir en La Campanera y jamás lo habían amenazado pese a que en esa colonia, los pandilleros sabían que él era policía, según afirman sus compañeros de trabajo.

Las investigaciones en esta caso no han avanzado mucho, a pesar de que el mismo día del asesinato, la Policía realizó varias capturas.
Pero  compañeros de Aguilar Veliz aseguran que tanto el policía como su hijo tenían ciertos vínculos con la pandilla. Que el día que lo mataron, el hijo le dijo que lo habían llamado a una reunión. El policía le preguntó si llevaba el arma, pero su vástago le dijo que no habría problemas. 

Sargento decapitado
En octubre, uno de los casos que llamó la atención fue la decapitación del sargento Baltazar de Jesús Olaizola, quien estaba destacado en la subdelegación de Soyapango.

En este caso,  compañeros de trabajo también descartan que las pandillas lo hayan matado por  ser policía, pues él tenía más de 20 años de vivir en una colonia de Apopa dominada por la pandilla 18. Este asesinato más bien lo atribuyen a grupos de crimen organizado.

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