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Chalatenango

Dan 30 años de cárcel a joven que mató a su hermana por una blusa y zapatos

Anaís Isabel, de 19 años, asesinó a su hermana en enero, tras una discusión por el préstamo de unas prendas de vestir

Anaís Isabel (derecha, blusa rosada) fue condenada por asesinar a su hermana por una disputa de prendas de vestir. FOTO EDH

Anaís Isabel (derecha, blusa rosada) fue condenada por asesinar a su hermana por una disputa de prendas de vestir. FOTO EDH

Anaís Isabel (derecha, blusa rosada) fue condenada por asesinar a su hermana por una disputa de prendas de vestir. FOTO EDH

Anaís Isabel, de 19 años, fue condenada a 30 años de cárcel por haber asesinado a su hermana en el cantón El Jocotillo, de Concepción Quezaltepeque, departamento de Chalatenango.

El hecho ocurrió el pasado mes de enero y fue catalogado como un acto de intolerancia: Anaís mató a su hermana Verónica Lisseth León, de 21 años, luego de una discusión por el préstamo de una blusa y un par de zapatos.

La condena fue emitida hoy por el Tribunal de Sentencia de Chalatenango.

René Peña, jefe fiscal de Chalatenango, manifestó que el relato de un testigo fue clave para condenar a la acusada, quien será enviada a Cárcel de Mujeres.

El caso

Verónica llegó el 4 de enero de 2013 a la pupusería donde trabajaba su hermana Anaís Isabel para pedirle que le devolviera unas prendas de vestir que le había prestado.

Anaís habría reaccionado de forma violenta, según el informe de la Fiscalía, y le reclamó a Verónica que ella también le devolviera una blusa que le había prestado.

Tras una acalorada discusión, Anaís se marchó de su lugar de trabajo. Luego lo hizo también Verónica, acompañada de un vecino.

Verónica y el joven caminaron hacia su casa, pero antes atravesaron un riachuelo. Anaís salió de entre la maleza para interceptar a Verónica. La apuñaló en la cabeza, rostro y cuello.

Familiares y lugareños escucharon el bullicio y encontraron a Verónica aún con vida pero agonizante.

Anaís regresó a la pupusería para quitarse la ropa ensangrentada y la tiró a la basura.

Sin embargo, la joven fue capturada en flagrancia en su lugar de trabajo. Aún tenía rastros de sangre en sus manos y confesó a las autoridades el asesinato de su hermana.

La admisión del delito, la ropa ensangrentada y el testimonio de varios vecinos son algunas de las pruebas que las autoridades utilizaron para demostrar la culpabilidad y lograr la condena de Anaís.

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