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Cinco personas desaparecen cada día en El Salvador

Más del 34 % de las personas extraviadas se concentra en San Salvador. El resto, en La Libertad y Santa Ana, entre otros lugares

Desaparecidos

Cinco personas se extraviaron, en promedio en el país, entre el 1 de enero y el 30 de mayo de este año, para un total de 769 casos registrados en ese periodo, de acuerdo con cifras proporcionadas por la Policía Nacional Civil (PNC).

La mayoría de las víctimas tiene entre 15 y 30 años y, según las autoridades, el 90 por ciento de los desaparecidos son hallados muertos.
San Salvador con 61 casos, Santa Ana con 38, Soyapango con 25, San Miguel con 20, Mejicanos con 19,  Apopa y San Martín con 17, así como Colón y Santa Tecla con 14, son los municipios con más personas perdidas. 

El antropólogo forense Oscar Quijano asegura que, por lo  general, los restos de esas personas son hallados en barrancos, pozos y quebradas, transcurrido un periodo de entre seis meses y un año.

“Estos casos están ligados directa e indirectamente a grupos de pandillas y el narcomenudeo”, afirmó Quijano. Sin embargo, aclara que algunas víctimas no tienen nada que ver con esos grupos sino que son asediadas por envidia, por negarse a pertenecer a las maras o por el simple hecho de caerle mal a alguien.

Sobre las desapariciones, Quijano afirma que  las pandillas están detrás de estos casos y lo hacen con el objetivo de retrasar o entorpecer investigaciones, alterar el cuerpo del delito y dificultar el hallazgo de los mismos

Además, recurren al desmembramiento de las víctimas con el propósito de cavar menos, permanecer menos tiempo en los sitios donde lo hacen y dificultar la identificación del cadáver, aseguró el antropólogo.

El criminalista Carlos Ponce interpreta estos casos como la evolución criminal de las maras. Además, las pandillas recurren a las desapariciones para demostrar que los asesinatos han diminuido. 

Uno de los casos más recientes ha sido la desaparición del joven Rafael Antonio Marroquín Gudiel, de 17 años, quien el 6 de junio salió hacia el colegio donde estudiaba, en Ilopango, y ya no regresó a su casa. Días después, un sujeto llamó a un familiar para decirle que sabía del paradero del estudiante y que lo entregaría a cambio de  una suma de dinero en un plazo máximo 12 horas. La familia no tenía dinero, pero se rebuscó por obtenerlo y depositarlo en la cuenta bancaria que les había indicado el sujeto. 

Entregaron el dinero, pero Rafael Antonio no regresó a su casa. Muy angustiada, la familia marcó el número de celular del hombre para preguntar por el joven, pero no hubo respuesta. Días después, contestó solo para decirles que había tenido “un  problema” y que necesitaba más dinero para entregar al muchacho. La familia entendió que se tratada de un engaño y optó por no dar ni un centavo más.

Hija rebelde
En Quezaltepeque, La Libertad, una familia lleva más de tres años buscando a una jovencita que salió de casa rumbo al desvío de San Juan Opico y que tampoco regresó. La joven, quien era madre de una niña de tres años, no escuchaba consejos de sus padres. Tras su extravío, la familia no ha descansado de buscarla en cementerios clandestinos, pese a que han sido amenazados por las pandillas.

“Las circunstancias en las que desaparecen las personas en El Salvador son peores que la muerte de un familiar”, sobre todo cuando las pandillas están detrás de los casos, pues por lo general asesinan a sus víctimas y ocultan los cadáveres, dice el siquiatra forense José María Sifontes.

“La desaparición de un ser querido es la peor pesadilla que puede ocurrir a un ser humano. Es lo que más teme una madre, un padre, un hermano; es lo peor que puede ocurrir”, aseveró Sifontes.

Dificultad para asimilar la desaparición de un hijo
Explica que no sucede lo mismo cuando se tiene una pérdida humana, se ve el cadáver, la familia le realiza su funeral, lo entierra, le lleva flores, con lo que  desarrolla el proceso del duelo y se resigna a la situación que ha sufrido. 

Sifontes expone que el impacto emocional o estrés que provocan diversas circunstancias se mide en la escala de Holms, que en una escala del 1 al 100, la cifra menor es lo más pasajero y la alta, lo más grave. 

Y cita como ejemplo el estrés que provoca cambiarse de casa, mudarse a otro país, casarse y divorciarse. Otras situaciones que causan impacto es sufrir una enfermedad crónica o perder el empleo. 

Sifontes dice que los desastres aéreos y secuestros alcanza entre 95 y 96 puntos en esa escala y que se llega al 100  por ciento cuando se pierde un hijo. 

El psiquiatra forense añade que es peor cuando hay un desaparecido, porque el ser humano no logra, en su cerebro, procesar el duelo al no pasar por las diferentes fases que implica, ya que siempre está con los niveles de expectación y a diario renueva las esperanzas de poder localizarlo con vida y también experimenta el dolor, como si la persona que busca acaba de morir.

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