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De Charlie Hebdo al 9/11

Con un impresionante aumento en su tiraje, de cincuenta mil a 7 millones de ejemplares, salió de nuevo a la calle el semanario satírico francés Charlie Hebdo. Sin cambiar un ápice su línea, en honor de sus compañeros de trabajo, incluido su director, masacrados durante el irracional y brutal acto de terrorismo, Charlie Hebdo reivindicó así su derecho a la libertad de expresión, a los valores que rigen nuestra cultura Occidental.

Ante la natural oleada de indignación por el vil ataque, mostrada en las marchas de millones de personas tanto en París, con la asistencia de líderes europeos, como en el resto de Francia, tres temas me parece que han venido quedando pasado el impacto inicial: la defensa de la libertad de expresión, el debate sobre la integración entre Occidente y el mundo musulmán y el reforzamiento de la lucha antiterrorista.

El derecho a la libertad de expresión es la piedra angular de la sociedad democrática, por lo que el punto no es si las caricaturas de Charlie Hebdo son o no de su agrado o del mío; el punto que me parece inaceptable es el que se combata la pluma con fusiles de asalto y que se masacre a los caricaturistas que bajo el género de la sátira trabajaban en una sociedad libre. Dicho sea de paso, adhiriéndome a la tesis de la autorregulación, jamás he ofendido a nadie desde los medios de comunicación. Pero es importante el humor, incluyendo en ello la sátira, y más importante aún es el derecho reivindicado por Charlie Hebdo.

En cuanto al segundo tema, pienso que el principal problema que sufre Europa, más que los Estados Unidos y Australia, es la integración plena de millones de musulmanes en los valores de la cultura occidental. Valores que contemplan la libertad de religión y de culto, es decir, el derecho de los musulmanes a practicar su fe y su religión. El problema es que continúe creciendo el islamismo radical que ha llevado a perpetrar actos de terrorismo en París, Sidney, Boston, Londres, Madrid, Washington y Nueva York. Y que como advierten analistas europeos, termine esto fortaleciendo en el Viejo Continente opciones políticas extremas como la del Frente Nacional en Francia.

Desde los ataques terroristas a Nueva York y Washington del 9/11 se apresuró a pedir el entonces presidente estadounidense George W. Bush, respeto para la práctica del Islamismo. Y a diferencia de Europa, los musulmanes parecerían estar más integrados a la sociedad estadounidense de lo que parecen estar en Francia, digamos en Marsella. Cómo evitar que esa versión malinterpretada del Corán, como se ha dicho que es, continúe contagiando de su demencial extremismo a ciudadanos de países europeos, nacidos en países europeos —Francia, Alemania, Inglaterra—, y puedan vivir los valores occidentales que incluyen la libertad de religión y de culto.

Sobre el tercer tema, es de lo que habló Giuliani en la entrevista concedida a periodistas salvadoreños la semana pasada en Nueva York. "Recen para que no les llegue a ustedes", dijo quien se convirtió en una voz escuchada a nivel global tras los ataques terroristas del 9/11 a la ciudad que administraba.

La mutación que en sus palabras estamos viviendo es de un gran Al Qaeda, tipo comando central, a pequeñas células durmientes adoctrinadas más difícil de detectar que si bien no tienen la capacidad de estrellar aviones contra edificios, también causan muchísimo daño.

Cooperación internacional entre agencias de inteligencia, mayor presupuesto para la detección y el seguimiento de sospechosos; mayor sofisticación en la intercepción de los canales de comunicación del extremismo islámico, son clave en esta lucha.

Tras la entrevista de Giuliani, fuimos a presentar nuestro respeto a los caídos en las Torres Gemelas, visitando el Memorial alusivo.

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