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Se arrecia la violencia en los buses y microbuses

Mujer murió ayer en fuego cruzado entre ladrones y un pasajero en Ruta 301, San Vicente

Bessy Guadalupe murió ayer en fuego cruzado entre tres delicuentes y un pasajero de esta unidad que trató de impedir el robo, luego dos sospechosos fueron detenidos. Fotos EDH / Douglas Urquilla

Bessy Guadalupe murió ayer en fuego cruzado entre tres delicuentes y un pasajero de esta unidad que trató de impedir el robo, luego dos sospechosos fueron detenidos. Fotos...

Bessy Guadalupe murió ayer en fuego cruzado entre tres delicuentes y un pasajero de esta unidad que trató de impedir el robo, luego dos sospechosos fueron detenidos. Fotos EDH / Douglas Urquilla

"Me mataron a mi hija. Estoy herido y siento rabia contra las leyes de este país", expresó ayer José Antonio Castillo, de 78 años, frente al bus de la Ruta 301 en el que asesinaron a su pariente ante la mirada impotente de uno de sus cuatro niños.

Bessy Guadalupe Castillo Reyes, de 31 años, murió al quedar en fuego cruzado entre tres delincuentes y un pasajero que sacó su arma para frustrar un atraco en el bus.

La desgracia ocurrió en San Cayetano Istepeque, San Vicente. Este fue el tercer incidente similar registrado por las autoridades en menos de 24 horas.

La mañana del lunes, tres supuestos ladrones fueron ultimados, en defensa propia, por pasajeros de las Rutas 7-C y 5, en San Salvador.

Además, la semana pasada, otro pasajero mató a un delincuente que iba robando en un microbús de la Ruta 44, frente a un centro comercial, en el bulevar de Los Héroes.

La Policía informó que en el incidente de ayer en San Vicente salieron heridos los delincuentes. Horas después, dos fueron encontrados en un hospital recibiendo asistencia médica.

El padre de Bessy Guadalupe relató que ella y su hijo, de 9 años, abordaron la unidad, a las 4:30 a.m., en Nueva Guadalupe, San Miguel, con rumbo a San Salvador.

Dos horas después, el señor recibió una llamada telefónica en la que le informaban que su hija había sido asesinada.

De acuerdo a las autoridades, cuando la unidad circulaba en el kilómetro 49 de la carretera Panamericana, tres hampones que portaban dos armas cortas y una escopeta abordaron el bus para asaltar a los usuarios.

Un pasajero que iba en la parte trasera del automotor sacó su pistola y se enfrentó con los ladrones. Una bala alcanzó a Castillo y la mató de inmediato.

Con voz firme, pero tratando de controlar el temblor en sus manos, el padre de la víctima contó aliviado que, "por suerte", su nieto había salido ileso en la balacera.

"Fue un milagro, porque él dice que cerca de la carita le pasó la bala que mató a su mamá", expresó conmocionado, el señor.

El homicidio de Bessy Guadalupe no era el único peso que cargaba ayer José Antonio. Mientras las autoridades procesaban la escena, él no paraba de pensar en el futuro que les espera a sus cuatro nietos: de 2, 4, 9 y 10 años.

"Mis nietos no me estorban, los amo, pero quién sabe hasta cuándo les voy a durar. Yo tengo 78 años, ya viví lo mío, no sé cuánto tiempo más me regalará el Señor", decía el hombre desconsolado.

Bessy Guadalupe estudió tres años Administración de Empresas, pero debió abandonarla porque el presupuesto familiar no alcanzaba.

Desde entonces trabajaba con su padre en una pequeña tapicería. Ella era la única hija que vivía con José Antonio y su esposa.

Entre reproches contra Dios porque no se lo llevó a él, sino a su hija, Castillo criticó a las autoridades por no "hacer el papel que les corresponde" y no dudó en asegurar que la muerte de su hija quedará en la impunidad.

"¿Por qué no endurecen las leyes en el país? Cuando agarran a esta gente (los delincuentes) en flagrancia no deberían permitirles defenderse. Mientras la gente honrada sufre, las autoridades bien gracias", reprochó Castillo.

Pandilleros bajo custodia en hospital

Fuentes policiales informaron que dos sujetos perfilados como pandilleros, de 18 y 21 años, están hospitalizados bajo custodia porque, aparentemente, fueron los responsables del atentado donde murió Bessy Guadalupe.

Se sabe que los delincuentes obligaron al motorista del bus a parar la marcha en el kilómetro 47 de la carretera Panamericana, 20 cuadras después de donde abordaron la unidad.

Cuando se bajaron, el empleado condujo hasta Santo Domingo para buscar un puesto policial, mientras que el resto de pasajeros intentaba en vano ayudar a la mujer y su hijo.

Más tarde, las autoridades fueron alertadas de que dos sujetos con apariencia de pandilleros habían llegado heridos de bala a un hospital para recibir asistencia. Así dieron con ellos y los detuvieron. El tercer hampón escapó.

La Policía informó que uno de los hombres tenía lesiones leves y el otro, por su estado de gravedad, fue remitido al hospital Rosales, en San Salvador. Ambos residen en Jerusalén, La Paz.

Algunos empresarios del transporte público manifestaron ayer que los recientes hechos violentos dentro de buses y microbuses se han hecho públicos porque han causado muertes.

Añadieron que diariamente los usuarios y empleados de las unidades están a merced de los delincuentes y pandilleros sin que las autoridades sean efectivas con sus planes (ver nota siguiente).

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