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La angustia de los cortadores de café

Otros pasaron varias horas a orillas de la carretera en espera de la ayuda que nunca llegó

María Virginia Hernández explica que su familia recolectaba café al momento de la erupción. Foto EDH / Francisco Torres

María Virginia Hernández explica que su familia recolectaba café al momento de la erupción. Foto EDH / Francisco Torres

María Virginia Hernández explica que su familia recolectaba café al momento de la erupción. Foto EDH / Francisco Torres

Decenas de campesinos relataron ayer cómo fueron sorprendidos por la explosión del coloso y segundos después vivieron momentos de angustia cuando todo se oscureció por el humo y la ceniza. Apenas les quedó tiempo para huir, recordaron.

Víctor Manuel López, de 18 años, es uno de esos jóvenes que se ganan la vida en estas faenas. En su mente hay un recuerdo que no lo deja en paz: "La explosión fue como fuerte y después solo se oía como el motor de un camión", dice.

En los primeros segundos no supo qué pasaba. Oyó los gritos de sus compañeros, hablaban de un derrumbe, de una erupción, "de lava...".

No lo pensó más. Corrió a ciegas, porque para entonces el entorno era más bien como el de una noche de luna.

"No sabíamos hacia adónde correr, solo oía gritos de ayuda, de gente pidiendo auxilio y de otros que animaban a correr, porque decían que la lava nos iba a quemar".

Él estaba a unos tres kilómetros del cráter. Hoy razona que si hubiera estado unos 300 metros más arriba "quizás no la hubiera contado, porque estaría muerto".

Lo dice porque desde lejos se puede apreciar un corte donde toda la vegetación fue calcinada por las cenizas calientes que expulsó la erupción.

Ahora a López le preocupa la ausencia de ayuda en la zona, porque sospecha que en los próximos meses no será posible la corta de café, principal fuente de ingresos de él y de sus vecinos. "Estamos fregados", concluye.

A María Virginia Hernández, habitante del caserío El Parque, del cantón El Volcán, se le llenan los ojos de lágrimas al recordar el suceso.

Cuando vio la enorme columna de humo solo esperó a que sus parientes bajaran del cono, porque también estaban en las tareas de corta de café, y decidieron huir.

Pasaron a las orillas de la carretera, cerca del desvío de Febles, desde las 11:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.

Entonces, se fueron hacia donde unos familiares que viven en Quelepa, porque a esa hora nadie llegó a auxiliarlos.

"Esperábamos que nos trajeran aunque sea agua, pero nadie vino y por eso nos fuimos", lamentó la mujer.

La atención sicológica tampoco ha llegado, a pesar de que hay decenas de personas que aun no superan la crisis de nervios. "Mi hija se durmió donde mis parientes y se despertaba llorando y gritando 'Dios mío, ayúdanos'".

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