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Analistas aseguran que el modelo ha fracasado por el control de pandillas

Coinciden en que la Policía Comunitaria, principal apuesta del gobierno, no ha reducido delitos por la desconfianza ciudadana 

Despliegue de la Comunitaria en colonia Belén de Conchagua, La Unión.

Despliegue de la Comunitaria en colonia Belén de Conchagua, La Unión. | Foto por Archivo

Despliegue de la Comunitaria en colonia Belén de Conchagua, La Unión.

La desconfianza ciudadana y la presencia de las pandillas en las comunidades son dos de los factores que, según analistas en seguridad, han llevado a que el modelo de Policía Comunitaria sea un fracaso y que, además, no  haya tenido los resultados que esperaban las autoridades de Seguridad Pública, luego de un año de haber implementado esa estrategia. 

Los analistas sostienen que es necesaria la recuperación de los territorios con  alta presencia de pandillas, para echar a andar programas de prevención de la delincuencia y desarrollo comunitario.

Los analistas coincidieron en que la Policía Comunitaria es una estrategia de carácter preventivo y no represivo del crimen, y que solo funciona en aquellas zonas donde no existe presencia de pandillas y que, además, son vulnerables a la infiltración de esos grupos.

El diputado por Arena y exdirector de la Policía, Rodrigo Ávila, sostiene que la Policía Comunitaria puede funcionar en sectores donde no haya pandilleros y la gente le tenga confianza a la PNC.  

Sostuvo también que este modelo de seguridad le da la oportunidad a la gente de “poder interactuar con los policías responsables de darle tranquilidad en su comunidad o colonia.

No obstante, considera que “en esta situación (de violencia) la gente tiene tanto miedo, que es obvio que la gente no va a participar. Entonces, este modelo de policía y comunidad funciona en las zonas donde la gente se puede organizar, donde puede interactuar con las autoridades de una manera preventiva”.

Agregó que “esto no sucede porque la gente tiene temor, tiene pavor. Entonces, ni los conceptos tradicionales de prevención del crimen funcionan, porque hay un dominio territorial y ocupación de los territorios por parte de estos criminales que subyugan mentalmente a los pobladores, no solo físicamente con la intimidación”.

Ávila señaló que la violencia generada por las pandillas “genera una subyugación y sometimiento sicológico, la gente tiene pavor, si hasta los miembros de la policía, de la Fuerza Armada, están diciendo que están abandonando sus casas. Es el colmo”.

El director del Instituto de Medicina Legal, José Miguel Fortín Magaña, también cuestiona que el gobierno haya impulsado el modelo de Policía Comunitaria en zonas con alta presencia de pandillas, y consideró que esa estrategia es de carácter preventiva y no represiva. 

“Nosotros con tristeza sonreímos. Con tristeza digo porque era evidente que esa no es la solución. Eso es cuando uno empieza a ver que se puede formar alguna mara en algún lugar, pero no cuando ya se formó la pandilla. Poner a un policía comunitario es casi tanto como condenarlo a muerte en un momento determinado”, consideró Fortín Magaña.

Añadió que la estrategia de Policía Comunitaria es una buena medida preventiva, pero “no en los sitios donde hay más violencia, sino limpiar la zona, poner restricciones, volver a tomar el control de los territorios que el gobierno está perdiendo”. 

Agregó que a ese ingrediente preventivo en las comunidades, también se le debe de dar prioridad al área de reinserción social de los pandilleros que desean retirarse de esos grupos declarados como terroristas y volverlos a reinsertarlos a la sociedad.

Pero aclaró que quienes están en las maras y han delinquido difícilmente podrán ser reinsertados. 

Fortín Magaña cree que la solución para evitar  que se repita el mismo círculo vicioso dentro de las pandillas  es trabajar en cómo se incorporan  a los hijos de los mareros a la sociedad, porque “si no se les atiende con programas preventivos, entonces, se va a tener la posibilidad de que haya otra generación de pandilleros y eso ya no se puede permitir en el país”.

Por su parte, el criminólogo y articulista de El Diario de Hoy, Carlos Ponce, sostuvo que haber impulsado la Policía Comunitaria en zonas contaminadas de pandillas es el “más claro ejemplo de cómo una idea, un modelo excelente puede echarse al traste por una mala ejecución, resultante de la interferencia político-partidaria en el aparato de seguridad”. 

Para Ponce, las “instituciones y unidades no están en manos de personas técnicamente capaces y profesionalmente proficientes, están en manos de personas ineptas cuya única cualidad es su lealtad inamovible y cercanía extrema al oficialismo y a la izquierda radical”.

No comparte que la prioridad de las actuales autoridades de Seguridad sea “la consecución de objetivos ideológicos y partidarios. Siempre habrá funcionarios incapaces de ejecutar con éxito hasta la más brillante de las estrategias o el más sencillo de los planes y formular y desarrollar acciones innovadoras y abordajes complejos del problema delictual”.

Ávila recomendó que para que las autoridades responsables de la Seguridad Pública recuperen el control de los territorios asediados por las pandillas es necesario que se imponga un régimen especial contra grupos organizados delincuenciales como las pandillas.  

“Éstas medidas deberán de establecer prohibiciones como que no se puedan reunirse entre ellos, que no acosen a los menores de edad para reclutarlos, a excepción del  segundo grado de consanguinidad, que no se acerquen a las escuelas, manchar paredes con grafitos, y en cualquier momento se le puede retener en vías de investigación y hacer allanamientos a las casas que ellos ocupan para planear delitos”, dijo Ávila.

Mientras, el director de la Policía, Mauricio Ramírez Landaverde, sostuvo que los policías tienen ahora mayor acercamiento con la comunidad y se les apoya para solucionar sus problemas.

Ramírez Landaverde, quien dijo respetar los comentarios de los analistas sobre la policía comunitaria, explicó que la meta del proyecto es mantenerlo durante el actual gobierno, para que la PNC adopte un nuevo modelo de trabajo de aliarse con la comunidad para atender de forma conjunta el problema de la inseguridad.  

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