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Ambición por más territorio desplaza a vecindarios

La comunidad Amaya, contiguo a la colonia Guatemala, es un pequeño territorio disputado por la MS y la 18R.

calle Tutunichapa,col. Guatemala.

San Salvador 12 de Octubre de 2015. | Foto por RE

San Salvador 12 de Octubre de 2015.

Cuesta creer que en la capital salvadoreña haya desplazamientos por la inseguridad. Pero ocurre. Ocurre cerca de instalaciones policiales o militares.

La necesidad de mapear los territorios controlados por cada pandilla en la capital surgió el 12 de octubre anterior, cuando llegué a la colonia Amaya a corroborar la denuncia de que miembros de maras habían dado 90 minutos a los habitantes de esa comunidad para que desalojaran sus casas.

La razón: agenciarse el control de ese laberinto de casas construidas sin ton ni son; sin tomar en cuenta, para la edificación, más que la necesidad de tener un techo.

Aquella noche, mientras ayudaba a cargar sus pertenencias, una señora me comentó que abandonaba su casa después de 64 años de vivir en ella.

Otro hombre que se desterraba de esa comunidad me comentó entre lágrimas que  no tenía hacia dónde mudarse. Estaba cargando el camión sin tener la certeza de hacia dónde se iría a vivir; sin saber si su patrón, a quien dijo que le llamaría por teléfono, le permitiría instalarse por unos días, en  parte del taller de mecánica donde trabajaba. Aquel hombre lloraba.

El éxodo de la comunidad Amaya se convirtió en el primer desplazamiento de familias, conocido, debido a amenazas de mareros, que se registraba en la capital salvadoreña, con el agravante de estar muy cercana a una dependencia policial, la de Educación Vial, que está en medio de un sector dominado por la Mara Salvatrucha.

Había pasado en Mejicanos, en Soyapango. Pero el 12 de octubre ocurrió en la  comunidad Amaya, un vecindario en la que, según residentes y policías, no hay miembros de maras o pandillas.

El retorno

Un mes después regresé a esa colonia para comenzar a recorrer San Salvador capital, para buscar los límites de los territorios controlados por las maras y pandillas. Allí estaba un grupo de policías que conversaban amenamente entre sí. Me pareció que estaban muy relajados para estar en una colonia que días antes había estado en problemas.

Hallarlos muy juntos me obligó a pensar  que quizá el peligro había sido conjurado.
Y así es. En alguna medida.

A pesar de ello, solo algunas familias retornaron a sus casas con la esperanza de que la Policía los protegería y abrigando la promesa de que la comuna capitalina levantaría una muralla para evitar que miembros de la mara Salvatrucha continúen en su afán de apoderarse de ese vecindario.

En los angostos pasajes de la colonia Amaya aún se puede ver casas cuya puerta principal tienen herrumbrosos candados y cadenas. De otras solo quedan paredes. Los sospechosos de amenazar fueron capturados. Pero el daño a muchas familias fue grande. 

Y es que la Salvatrucha que domina en la colonia Sánchez y la San Judas, quería agenciarse esa pequeña comunidad localizada a un costado de la colonia Guatemala y a un lado del río Urbina, que arrastra aguas sucias de los capitalinos.

En los primeros días de octubre, en esos afanes de expansión de la MS y de la Pandilla 18 Revolucionarios (18R) habían dejado como saldo dos o tres homicidios a pocos metros de la comunidad Amaya. 

Esa comunidad también está rodeada por la 18 R que desde las comunidades Tutunichapa II y IV, controlan gran parte de la zona norte de San Salvador.

Prácticamente desde esas comunidades, hasta el límite con Cuscatancingo, pasando por la colonia Guatemala y el sector donde está localizado el Inframen (Instituto Nacional Francisco Menéndez), es dominio de la 18 R asentada en las Tutunichapa IIy IV cerca de donde la semana pasada mataron a una joven y a su bebé, quienes recién habían llegado a vivir a ese lugar.

Agrupaciones fuertes

En el lado norte de San Salvador, la MS controla una gran extensión de territorios en los que extorsiona y hasta tiene sus propios negocios.
Por el lado de la calle Concepción, la clica de la colonia Sánchez extorsiona toda suerte de negocios. 

Tal vez los únicos que se salvan de pagar renta sean el Comando de Apoyo Logístico de la Fuerza Armada (CALFA). En lo demás, extorsionan desde las llanterías hasta las grandes ventas de repuestos que están sobre esa calle hasta llegar al sector conocido como La Garita, límite con Ciudad Delgado.

Esa misma clica maneja la venta de drogas en la colonia San Judas, el parque Centenario, el sector de la calle 5 de Noviembre.

En ese mismo sector extorsionan hasta las mujeres que se prostituyen en las calles aledañas al Centenario y cerca de la alcaldía capitalina.

Dos dólares diarios pagan.

Es más. Esa agrupación tiene sus propios prostíbulos o barras show.  Algunos de ellos funcionan en las proximidades de la avenida España y la alameda Juan Pablo II.

Y también contarían con la protección de algunos policías corruptos. No sólo una fuente me confesó eso.

Dentro de esas barras show, la venta de droga se hace sin tapujos. Y las mujeres que allí trabajan también son parte de la MS. O al menos no proceden de territorios donde existe dominio de pandillas rivales. Es un requisito explícito. Una de las primeras preguntas que hacen los administradores cuando una mujer llega a buscar trabajo a esos antros.

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