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Agricultores y padres de familia son las víctimas de masacre en Tacuba

Parientes y vecinos niegan que las víctimas hayan sido integrantes de las pandillas

Uno de los hijos de las víctimas mortales de la masacre lloraba ayer la muerte de su padre. Foto EDH / Jaime Anaya

Uno de los hijos de las víctimas mortales de la masacre lloraba ayer la muerte de su padre. Foto EDH / Jaime Anaya

Uno de los hijos de las víctimas mortales de la masacre lloraba ayer la muerte de su padre. Foto EDH / Jaime Anaya

"Honrados y buenos vecinos". Así definen los habitantes del caserío Las Pozas, en Tacuba, Ahuachapán, a los seis agricultores que fueron asesinados durante un culto por la celebración de un cumpleaños en una iglesia evangélica, el sábado por la noche.

Hasta ayer, los investigadores policiales sospechaban que el ataque iba dirigido contra un adolescente de 16 años, identificado como Jesús. Sin embargo, él no tenía antecedentes penales, retenciones o algún atisbo que les haga pensar que sea parte de algún grupo de pandillas de los que operan en la zona ni que sea enemigo de alguien en el pueblo.

Su padre aseguró ayer, entre lágrimas, que el muchacho no estaba ligado con ninguna mara y que este año estudiaría séptimo grado. Agregó que su tiempo libre lo ocupaba para ayudarle en los trabajos de la tierra.

El doliente detalló que el adolescente había llegado a la iglesia para ver a una amiga con quien, al parecer, tenía una relación sentimental.

"Antes de irse estuvo regando algunas hortalizas que hemos sembrado. Después dijo que iría un rato a la iglesia", afirmó el progenitor.

El joven fue acribillado a balazos junto a Hugo Ernesto Mendoza, de 25 años; Santos Bernardo Mendoza, de 29; Faustino Aquino García, de 54; Raymundo Rosales, de 30, y Melvin Eliseo Rosales, de 28; los últimos, hermanos de sangre.

Todas las víctimas eran vecinos y participaban de una celebración por el cumpleaños número 82 de una vecina.

Hugo Ernesto era integrante de la Iglesia Siloé de las Asambleas de Dios. Asistía siempre junto a su esposa.

El sábado, ambos habían sido invitados al festejo, precisamente en esa iglesia. Trabajaba en una finca y deja un hijo en la orfandad.

Santos Bernardo también trabajaba la tierra. Era padre de cinco niños y, según sus parientes, nunca tuvo problemas con ninguna persona o con pandilleros.

Entre las víctimas más sentidas está Faustino Aquino. Sus familiares dijeron que era secretario de una cooperativa de nombre La Concordia. Cosechaba hortalizas y varias de las víctimas trabajaban con él.

"Él tenía una manzana de tierra donde trabajaba con algunos muchachos. Como ya se había terminado la corta de café, se dedicaba a sembrar hortalizas y otros productos", expresó una pariente.

Otra de las víctimas, Melvin Eliseo, también era agricultor y padre de tres hijos menores de edad.

Su esposa dijo que era trabajador y que no tenía vínculos con las pandillas.

"Ayer compró un aparato de sonido. Me dijo que estaba alegre porque escucharía música. Dijo que iría a la fiesta un ratito", contó la señora.

La doliente dijo que salió de su casa a las 7:10 de la noche. La masacre fue cometida 15 minutos más tarde.

Temor de más ataques de parte de pandilleros

Según los vecinos de mayor edad, nunca había ocurrido algo similar en la zona. Aunque reconocen que en los alrededores han sido cometidos varios hechos de violencia perpetrados por pandilleros.

La principal hipótesis de la Policía sobre el séxtuple asesinato es las rencillas entre las pandillas. Aseguran que el lugar donde fue perpetrada la masacre es considerado como el límite entre la mara Salvatrucha y la 18. No descartaron que alguna de las víctimas simpatizaba con los mareros.

Ayer, el escenario en el pueblo era desolador.

En sus casas, los familiares de las víctimas preparaban acongojados las exequias. Todos iban a ser velados en sus hogares.

Uno de los dolientes expresó que tiene temor de que ocurran más ataques por parte de los pandilleros, es por eso que demandó seguridad a la Policía.

"Este es el inicio de una cadena de asesinatos. Estamos desprotegidos y esa es la realidad. No podemos evitar que los mareros vengan y se relacionen con nosotros porque hay mucho temor. A lo mejor ahí la gente cree que todos somos mareros", razonó un vecino.

El ataque armado fue cometido en menos de dos minutos. Un grupo de cinco sujetos llegó al lugar, separó en grupos a las víctimas, quienes estaban afuera de la iglesia, las hicieron caminar pocos pasos y las obligaron a quitarse la camisa. Sin mediar palabra, les dispararon a quemarropa.

El menor de edad, Jesús, quiso correr, pero fue alcanzado por los disparos de escopeta calibre 12, que le ocasionaron múltiples perforaciones.

Tras los disparos, los feligreses que estaban en las gradas de la iglesia corrieron y se refugiaron en el templo, que estaba saturado de personas.

Nadie pudo salir toda la noche. La Policía bloqueó el único acceso a las otras viviendas. Los niños durmieron en camas improvisadas en el suelo.

Los procedimientos e investigaciones se prolongaron hasta ayer por la tarde.

Fuentes policiales dijeron que hay cinco sujetos retenidos, a quienes les harán pruebas científicas para descartar su participación.

La Policía sospecha que un pandillero de la 18, que escapó de una bartolina policial en Ahuachapán semanas atrás, apodado El Gallo, está involucrado en la masacre.

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