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Acosador sexual mata a víctima y luego se suicida

A María Irene la mató un hombre que no toleró que se negara a estar con él. Hoy, cinco hijos y el esposo la lloran.

Feminicidio

Acosador sexual mata a víctima y luego se suicida. | Foto por Lissette Lemus

A María Irene Arévalo Hernández, de 44 años, la mató un hombre que estaba obsesionado con ella.

Efraín Arturo Sigüenza la pretendía y perseguía día y noche hasta que la encontró sola el miércoles en un desolado cafetal de la Finca Cornejo, en el cantón El Limo del municipio de Concepción Ataco, en Ahuachapán.

Ahí, el hombre la agredió y, supuestamente, al ver que la mujer se oponía a tener relaciones con él, la mató con un corvo.

El sujeto abandonó el corvo en el lugar y corrió por las veredas de los cafetales.

Tras cometer el feminicidio, Efraín, de 53 años, se suicidó. Su cadáver fue encontrado colgado de un árbol colgado con un cincho.

Según la Fiscalía, el hombre vivía junto a su familia en el barrio El Calvario del referido municipio.

La familia de Efraín no quiere hablar del tema. Su hija solo se limitan a decir que "la vergüenza se la llevan ellos" (María Irene y Efraín).

La vergüenza de la que habla la joven es porque algunos creen que María Irene y Efraín tenían una relación sentimental. Sin embargo, durante la vela de María Irene, Hernán Cabrera, su esposo, negó esos rumores.

Negó lo que la Fiscalía publicó en su Twitter y aclaró que su esposa era acosada por el sujeto desde hace varios años.

El viudo sostuvo que el acoso de Efraín hacia María Irene llegó al punto que hace meses Efraín cayó preso.

Sin embargo, la mujer retiró las acusaciones, por petición de un pastor evangélico, quien la convenció de que tuviera piedad del hombre, porque era el pilar económico de su familia.

Foto/ Lissette Lemus

La mañana del viernes, amigos y familiares enterraron a María Irene en el cementerio de Ataco, a pocos metros también estaba la tumba dónde el miércoles enterraron a su atacante.

"Qué el asesino se vaya al infierno", gritó una familiar, mientras los restros de María Irene era depositado en la tumba, entre el llanto y la impotencia de sus hijos y su esposo.

Hernán reiteraba que Efraín acosaba a su esposa y que él nunca le reclamó porque sabía que podían llegar hasta a matarse y no quería meterse en problemas. No quería dejar huérfanos a sus cinco hijos.

"Ella (María Irene) me dijo que el sujeto la pretendía. Un día (ella) le pegó con un palo porque la interceptó para tocarla. Ella se defendió y corrió", recuerda el viudo.

De ambas muertes ya no hay culpables que estén vivos. Aunque el viudo denuncia que han sido acosado por varios sujetos y que su casa fue registrada cuando se efectuaban las exequias de su esposa.

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