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2014: 1,843 desaparecidos

Según registros de la PNC, fueron reportados 2,392 desaparecidos, de esos solo 456 fueron encontrados vivos y 93 muertos. Al 22 de febrero de 2015 van 243

La mayoría de personas desaparecidas son encontradas en tumbas clandestinas, en municipios de San Salvador, La Paz, La Libertad, San Miguel y Usulután, entre otros.

La mayoría de personas desaparecidas son encontradas en tumbas clandestinas, en municipios de San Salvador, La Paz, La Libertad, San Miguel y Usulután, entre otros.

La mayoría de personas desaparecidas son encontradas en tumbas clandestinas, en municipios de San Salvador, La Paz, La Libertad, San Miguel y Usulután, entre otros.

El soldado José Balmore Palacios Molina, de 30 años es una de las últimas víctimas reportadas como desaparecidas el 14 de marzo pasado. Fue hallado sin vida dos días después.

El militar de la Brigada Especial de Seguridad Militar todavía no estaba incluido en los 243 desaparecidos que registra la Policía Nacional Civil en su informe del 1 de enero al 22 de febrero de este año.

El militar fue raptado el 14 de marzo y encontrado muerto con múltiples lesiones propinadas con arma blanca en un potrero cercano a su casa, en el cantón Amaquilto, caserío La Esperanza.

De los 243 desaparecidos hasta el 22 de febrero de 2015, las autoridades han encontrado con vida solo a 17 personas, pero 11 no han tenido la misma suerte, pues estaban muertos.

Una de esas 11 víctimas es una niña de 9 años, quien fue raptada el 2 de enero, cuando regresaba de dejarle almuerzo a su abuelo y dos días después apareció muerta en una hondonada de la finca Potosí, en cantón Las Mesas, en Sesori.

También los primos Nelson Mauricio García y José Edgardo García, ambos de 21 años, quienes habían desaparecido, fueron hallados muertos el 18 de febrero, en una vaguada de la finca Los Cedros, en el kilómetro 16 de la carretera Panamericana, en Santa Tecla, La Libertad.

Los primos residían en Sonsonate y fueron localizados con varios balazos y con señales de tortura dos días después de haber desaparecido, indicó la Policía.

Un agente que custodiaba la escena relató que los cadáveres presentaban varias heridas de bala y tenían señales de haberles intentado sacar un ojo a cada uno.

Una de las características que los homicidas buscan para cometer estos hechos según la Policía, es que el lugar sea desolado y con pleno control de alguna de las maras. En ese caso, la Policía afirmó que una de las víctimas tenía un corte de pelo similar al que utilizan los de la pandilla 18, y el lugar del hallazgo era territorio MS.

En los primeros meses del año (hasta el 22 de febrero), según denuncias, 172 desaparecidos son hombres, equivalente a un 71 por ciento y 71 mujeres (29 por ciento).

Muy similar al comportamiento de los homicidios son las desapariciones, más contra los hombres que mujeres.

De acuerdo con la Fiscalía, los móviles para el desaparecimiento de personas, si es hombre, es que sea de la pandilla contraria, si no es de maras, otro de los motivos es que los haya puesto en mal con la Policía, le haya quitado la compañera de vida a un pandillero y problemas personales con esos grupos criminales.

En el caso de las mujeres ocurre por infidelidad, traición, hablar mal de ellos con otras personas, no irlos a ver a los penales, no reportar todo el dinero de la renta o venta de droga, aliarse con sujetos de mara contraria. Estos son algunos motivos, según el jefe de la Unidad Antihomicidios de la Fiscalía General.

De acuerdo con la Policía, los municipios donde se han registrado más desapariciones al inicio del año han sido San Miguel, Colón y Santa Tecla en La Libertad, así como Santa Rosa de Lima en La Unión; Jiquilisco, Usulután y Puerto El Triunfo. Otros 29 municipios registran dos y una víctima por esta causa.

Al menos, estas familias encontraron a sus parientes y les dieron cristiana sepultura, no así unas 215 familias, quienes además del sufrimiento de no saber de sus seres queridos, andan de un lugar a otro, en su búsqueda en hospitales, delegaciones policiales, morgues de Medicina Legal y penales. El 88 por ciento de la totalidad de desaparecidos en los primeros dos meses de 2015 aún no ha sido encontrado.

Desaparecidos en 2014

Este dato se suma a los 1,843 desaparecidos a nivel nacional con los que cerró 2014. La cifra se traduce en un promedio de cinco víctimas por día.

Los familiares de dos agentes del Cuerpo de Agentes Metropolitanos de San Salvador (CAM) son dos de esas familias que aún siguen buscando sin éxito a sus parientes.

Según un pariente, uno de los agentes desapareció el pasado 29 de noviembre de 2014.

Se trata de Santos Melvin Romero, quien, según su familia, terminó su jornada laboral y salió con destino a su vivienda, en el cantón Lourdes, en Colón, La Libertad, pero nunca llegó a casa.

Franklin Morán, de 31 años, es el segundo agente que desapareció. Sucedió el 15 de septiembre. Su familia afirmó que ese día salió a traer a su hija, que estudiaba en un centro educativo de Ilopango, pero tampoco llegó a la escuela y hasta ahora se desconoce de su paradero.

Más desaparecidos

De la totalidad de desapariciones el año pasado, 787 fueron del sexo femenino y 1,605 del masculino. Al igual que en el presente año, la tendencia de 2014 fue mayor en perjuicio de los hombres, equivalente al 67 por ciento de la totalidad.

Las autoridades afirmaron que en 2014 localizaron con vida a 456 personas, pero 93 estaban muertas.

Estos hallazgos ocurrieron en predios baldíos, barrancas, fincas y quebradas situadas en los municipios de San Salvador, Soyapango, San Miguel, Usulután, San Martín, Mejicanos y Apopa, entre otros.

Miguel Ángel Castillo Cosme, de 25 años, salió de su casa el 14 de diciembre junto a dos amigos a cobrar un dinero que le debían en barrio San Jacinto, al sur de San Salvador.

Luego pasaron las horas, llegó la noche y el muchacho nunca regresó a casa.

Muy angustiada, la familia se sumó al peregrinaje de miles de personas en busca de sus seres queridos, fueron a Medicina Legal, ahí le mostraron un cadáver parecido, pero como estaba ensangrentado en su rostro no logró identificarlo con exactitud.

Más tarde le limpiaron el rostro y el padre entró a la morgue y lo reconoció, era Miguel Ángel. Su madre afirmó que el cadáver tenía varias heridas con arma de fuego y señales de haber sido torturado.

Para las autoridades de Medicina Legal, las desapariciones de personas es lo más cruel que le puede suceder a los familiares. Se atreven a considerar que el sufrimiento que ocurre por no saber del paradero de un ser querido es peor o mayor que cuando asesinan a un pariente.

El problema es que las familias nunca viven o terminan el duelo de perder a un pariente, todos los días tienen esperanzas de encontrarlos, pero todos los días terminan el día con la misma desilusión de no encontrar los cuerpos de sus parientes desaparecidos, esa es la otra realidad de los homicidios, los asesinatos silenciosos en el país.

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