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El rol de la OEA en el nuevo contexto político continental

Kevin Casas-Zamora habla sobre el nuevo rol de la OEA tras el reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba abre una nueva oportunidad para la OEA, la cual viene perdiendo mucho terreno ante organizaciones similares como Unasur (con sede en Quito).  

La OEA ya le permitió a Cuba solicitar el ingreso al organismo internacional, aunque Cuba aún no lo ha hecho, esto permitirá lograr sentar en la mesa a todos los países del continente para discutir asuntos regionales, algo que no sucedía desde hace más de 50 años.

Kevin Casas-Zamora dice que el Hemisferio ha cambiado y, por tanto, el papel de la OEA debe cambiar. “La OEA desesperadamente necesita una reflexión estratégica sobre cuál es el nicho que ocupa en esta nueva arquitectura diplomática del hemisferio y es un trabajo que aún no ha hecho”, sentencia el exfuncionario de la OEA.

Sin embargo, Casas-Zamora cree que el rol de la OEA seguirá siendo importante, porque hay ciertos temas hemisféricos que solo puedes tratarlos en el ámbito multilateral si tienes a Estados Unidos y Canadá sentados en la mesa. Como por ejemplo, la lucha contra el crimen o la migración.

Al exvicepresidente de Costa Rica le parece infantil la idea que ha sido propuesta por algunos gobernantes latinoamericanos, tales como Rafael Correa, de que hay que crear organismos puramente latinoamericanos y excluir a Estados Unidos y Canadá.

Casas-Zamora no se cansa de repetir que en la práctica necesitas una organización como la OEA, lo querrás o no. Una de las peculiaridades de la OEA es que, a diferencia de otras organizaciones está basada en tratados internacionales y es muy difícil revertir los tratados internacionales.

Sin embargo, el exsecretario de Asuntos Políticos de la OEA afirma lo siguiente: “Si la OEA no hace ese trabajo estratégico de identificar esos temas en los que puede añadir valor, se va a convertir en un zombi”. Pero, por fortuna, la suerte de la OEA depende de la propia OEA, es decir, de la disposición de esos miembros a tener una reflexión profunda.

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