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Pesadilla global: la economía de China se está debilitando

El peor escenario posible es que un colapso de la economí­a china descarrile otras, desde mercados emergentes en Chile e Indonesia hasta potencias industriales como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

Pesadilla global: la economía de China se está debilitando. Foto EDH / Archivo

Existe una creciente sospecha que las estadí­sticas de Beijing no están captando la magnitud de la desaceleración: la venta de automóviles, el consumo de electricidad y la actividad...

Pesadilla global: la economía de China se está debilitando. Foto EDH / Archivo

WASHINGTON. China está exportando algo nuevo a la economí­a mundial: temor.
Inversionistas globales están temblando ante la perspectiva de un desplome devastador en la segunda economí­a más grande del mundo; y están perdiendo confianza en los lí­deres de China ”al parecer tan aplomados en el pasado” respecto a si saben cómo resolver el problema.
El peor escenario posible es que un colapso de la economí­a china descarrile otras, desde mercados emergentes en Chile e Indonesia hasta potencias industriales como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
El desplome de los mercados bursátiles, según palabras de David Kelly, director de estrategia global de JP Morgan Funds, es "Hecho en China".
Este año, el Fondo Monetario Internacional pronostica que la economí­a de China crecerá 6.8%, lo que serí­a su ritmo más débil desde 1990.
China, que ha registrado un crecimiento de 10% o superior desde el 2000, está tratando de orquestar una intimidante transición de un crecimiento sobrecalentado basado en exportaciones y en inversiones con frecuencia derrochadoras a un crecimiento más lento construido con base en el gasto del consumidor.
Cifras oficiales muestran que la economí­a china creció 7% de enero a marzo con respecto al primer trimestre del año anterior. No obstante, existe una creciente sospecha que las estadí­sticas de Beijing no están captando la magnitud de la desaceleración: la venta de automóviles, el consumo de electricidad y la actividad en el sector de construcción "están todos luciendo muy débiles", señaló Kelly.
"Todos sentí­an que podí­an desacelerar a aproximadamente 7% (de crecimiento anual) y que eso no serí­a el fin del mundo", dijo Sung Won Sohn, economista de la Universidad Estatal de California, campus Channel Islands. "Parece que se está desacelerando incluso más que eso".
Compañí­as estadounidenses grandes como Caterpillar y Chevron han admitido el daño que les están ocasionando los problemas de China. Las tribulaciones de China han deprimido además a varias acciones del sector de tecnologí­a. Las acciones de Apple, que ha gozado de fuertes ventas de su iPhone y otros productos en China, han perdido casi 20% en las últimas cinco semanas.
Sobre la superficie, al menos, el pánico en Wall Street podrí­a parecer excesivo. Después de todo, una caí­da de 1% anual en la economí­a de China representa una disminución de apenas 0.2% en la economí­a estadounidense, según Mark Zandi, economista principal de Moody's Analytics. Asimismo, un retroceso de ese tamaño en China representarí­a una disminución de crecimiento anual de sólo entre 0.10% y 0.15%, según UniCredit Research.
Es tipo de disminuciones no es para nada catastrófico.


Entonces, ¿por qué la histeria?
Por una razón: los problemas de China suscitan dudas respeto a si los lí­deres de esa nación tienen las herramientas para mantener su economí­a en crecimiento a un ritmo saludable, algo que ha sido una certeza constante durante más de dos décadas.
Recientemente, dijo Sohn, "el gobierno chino no ha sido capaz de controlar su economí­a y el mercado financiero".
Beijing amortiguó su economí­a durante la crisis financiera de 2008-2009 al ordenar a los bancos propiedad del Estado que otorgaran préstamos a compañí­as para construir carreteras, casas y fábricas; el resultado: un incremento de la deuda corporativa que está alimentando ahora los problemas.
Las autoridades chinas además tomaron una decisión equivocada de hablar a favor de los precios de las acciones, alentando que inversionistas inexpertos compraran acciones. La idea era que compañí­as pudieran emitir acciones para inyectarlas a un mercado creciente y utilizaran los ingresos para reducir sus deudas.
Pero las acciones repuntaron a niveles insostenibles y se desplomaron. El gobierno ha estado tratando desde entonces de limpiar el desastre, aunque infructuosamente.

Y para colmo, la devaluación del yuan
El problema más reciente inició el 11 de agosto, cuando Beijing inesperadamente devaluó la divisa china, el yuan. Las autoridades explicaron que querí­an ponerse al dí­a con el sentir del inversionista, que indicaba que el yuan estaba sobrevaluado al estar siendo vinculado a un dólar estadounidense en ascenso.
A los escépticos les preocupó que la devaluación fuera una medida desesperada para sacar de apuros a exportadores de China: un yuan más débil proporciona a los productos chinos una ventaja de precio en los mercados extranjeros.
Por otro lado, una disminución en la producción industrial y de construcción en China significa menos demanda de cobre chileno, carbón mineral australiano y mineral de hierro brasileño.
La posibilidad de una desaceleración de la economí­a china mayor a la pronosticada también ha suscitado preocupaciones en Europa, que se encuentra ahora en una frágil recuperación. El impacto dependerá de qué tan mala resulte la desaceleración. Una desaceleración severa, de digamos 3% de crecimiento anual, podrí­a costar a Europa una pérdida de crecimiento económico de entre uno y dos puntos porcentuales acumulativamente durante cinco años.

Un yuan más débil proporciona a los productos chinos una ventaja de precio en los mercados extranjeros.
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