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Pérdidas en cosechas abren el debate para uso de transgénicos

Aunque se levantó la restricción para su uso, agricultores no pueden emplearla fácilmente.

Las condiciones climáticas han llevado al sector agrícola a enfrentar dificultades para mejorar la producción.

El trabajo agrícola y pecuario tiene gran demanda de agua. | Foto por archivo

Las condiciones climáticas han llevado al sector agrícola a enfrentar dificultades para mejorar la producción.

Las dificultades a las que ha tenido que enfrentarse el sector agrícola en El Salvador en los últimos cuatro años ha abierto nuevamente el debate sobre el uso de semillas modificadas genéticamente (transgénicos) para poder enfrentar la baja en la producción de granos básicos.

Pese a que en el país, la Asamblea Legislativa aprobó en 2008 derogar el artículo 30 de la Ley de Semillas, en el que se prohibía el uso de semilla transgénicas; los productores no han podido usarlas en el suelo salvadoreño.

De acuerdo con la diputada de la fracción de ARENA Karla Hernández, el problema que se ha dado (además de ser un punto de debate para muchos), es que no existe una zonificación de tierras donde se hayan realizado estudios para poder sembrar  con este tipo de semillas y que se compruebe que no va a afectar los productos de origen criollo.

“Lo que sucede es que sí existen las condiciones legales para hacerlo, pero el Ministerio de Medio Ambiente no ha hecho su parte”, apuntó Hernández.

De acuerdo con el Reglamento Especial para el Manejo Seguro de los Organismos Modificados Genéticamente, es competencia del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marn) la aplicación de la normativa que establece la regulación de actividades que tienen que ver con el empleo seguro de Organismos Modificados Genéticamente de uso agropecuario.

Pero dicha cartera de Estado guarda silencio ante las interrogantes con este tema.

Según lo mencionó el presidente de la Asociación de Proveedores Agrícolas (APA), Gustavo Moreno, años atrás el MARN llevó a cabo algunos ensayos para analizar el uso de biotecnología en el suelo salvadoreño, pero los resultados quedaron como un misterio para la población.

“Esos estudios están engavetados en el Ministerio de Medio Ambiente y el problema es que al agricultor no se le está dando acceso a tener biotecnología, mientras que otros países de la región sí pueden hacerlo”, indicó Moreno.

Aunque durante el periodo del exministro de Medio Ambiente Herman Rosa Chávez  se informó que había un equipo de trabajo estudiando  la variedad de maíz blanco, para siembra intensiva y consumo, al final de su período no hubo  luz verde para la comercialización de esta semilla y su posterior aplicación en los suelos del país.

Agricultores en desventaja

El problema de que no se pueda hacer uso de la semilla modificada genéticamente en el país va más allá de no contar con los estudios para abrirse paso en esta ruta.

Según lo destacan representantes del sector productivo, con las malas cosechas que han tenido que encarar a raíz del cambio climático y la proliferación de plagas, lo que sucede es que “se está amarrando al agricultor para que no pueda mejorar sus cosechas”.

De acuerdo con el presidente de la Cámara Agropecuaria y Agroindustrial de El Salvador (Camagro), Agustín Martínez,  el tema medioambiental no puede seguir retrasando el desarrollo de la agricultura local.

“El país está en deuda realmente con la biotecnología, falta una visión coherente con un enfoque dirigido al incremento de la productividad, porque esto lo que hace es que aumenta las cosechas  y reduce costos,  esto  es un punto importante para transformar nuestra agricultura”, destacó Martínez.

Las semillas genéticamente modificadas, tal como su nombre lo dice, consisten en pasar los genes de otras variedades (inclusive de animales) a los genes de las semillas. Para esto se rompe el DNA de una variedad, se corta el DNA (de un pez, por ejemplo) y se “pega” al DNA de la semilla.

 Estos experimentos han demostrado “fortalecer” la semilla para que resista el clima, la falta de agua y el ataque de plagas.

Pero aunque muchos países ya lo han puesto en marcha para mejorar sus rendimientos, en El Salvador el tema se ha quedado en el olvido. Por ejemplo, Honduras es uno de los países que ha incorporado la biotecnología y esto le ha permitido mejorar significativamente su productividad e importar a los demás países.

Alternativa ante la inseguridad alimentaria

Los efectos del cambio climático en los cultivos criollos de granos básicos mantienen en amenaza la alimentación de los salvadoreños. Como se ha visto los últimos años, las cosechas de los productores locales se han reducido drásticamente, producto de que las plantas no resisten los embates del tiempo.

Ante esto, una de las alternativas que han planteado los representantes del sector agrícola es que se abra nuevamente el diálogo para poder sembrar con semilla transgénica.

“El tema de biotecnología tenemos que discutirlo en el país, y tenemos que ser muy abiertos a conocer el tema”, expresó recientemente el presidente de la Asociación Azucarera de El Salvador, Mario Salaverría.

Aunque por muchos años diversas organizaciones rechazaran que en el país se abriera la posibilidad de cultivar productos transgénicos, la situación del agro debe llevar a reconsiderar la inclusión de semillas modificadas genéticamente, advierten.

“El problema es que hemos tenido veda al desarrollo tecnológico, veda al desarrollo científico. En el país tenemos la costumbre de satanizar las cosas y muchas de esas cosas  que consumimos desde hace más de 15 años son transgénicos”, apuntó el director de Programa de Innovación Tecnológica de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), Samuel Salazar.

El presidente de la APA aseguró que el tema de la biotecnología se ha incorporado no solo a la comida, sino que también en la medicina.

“Al agricultor no se le da el acceso a tener biotecnología y en la dieta salvadoreña ya lo tenemos incluido. Lo que pasa es que le estamos restando competitividad a los agricultores por un tema de creencias y lo que hace falta es estudios”, lamentó el representante de la APA.

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