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Molestias, atrasos y esperas bajo el furgón

Guatemaltecos y salvadoreños contrastan las culpas por el Fonat y cierran fronteras para presionar al Ejecutivo.

Policías guatemaltecos informaron que el flujo comercial por la frontera San Cristóbal ha disminuido. foto edh /marlon hernández

Policías guatemaltecos informaron que el flujo comercial por la frontera San Cristóbal ha disminuido. foto edh /marlon hernández

Policías guatemaltecos informaron que el flujo comercial por la frontera San Cristóbal ha disminuido. foto edh /marlon hernández

Lo que inició como una protesta donde lugareños de varias comunidades guatemaltecas exigían la construcción de una carretera desencadenó en el cierre de la frontera San Cristóbal por más de cinco horas y las posteriores protestas de más de 100 transportistas por el pago del Fondo de Atención para Víctimas de Accidentes de Tránsito (Fonat).

Durante este lapso, Edgard Romero descansó en una pequeña hamaca bajo el contenedor que remolcó desde Mixco, Ciudad de Guatemala, y discutió entre risas, dudas y sarcasmos con su colega Juan Lazo sobre el "famoso impuesto solidario" que los empresarios del transporte del vecino país no desean seguir cancelando porque aumenta sus costos y genera problemas de competitividad.

"Acá (en la frontera) nos cobran fumigación, parqueo, revisión de mercadería y Fonat. En cambio cuando el salvadoreño entra a nuestro país los cobros no pasan de 50 quetzales ($6.50). No es un trato justo", explicó.

Lazo, quien 20 metros atrás de la fila de casi un kilómetro estacionó su camión con verduras, recordó que de nada sirve pagar el impuesto porque las unidades cuentan con un seguro privado. Pero además aplaudió el cierre y recordó que "es la única medida para que El Salvador ceda".

"A ambos países afecta el cierre. Pero solo a nosotros el Fonat. Se que los salvadoreños tienen mejores carreteras y que necesitan más dinero para mantenerlas, pero eso no les da derecho a afectar a los guatemaltecos".

La mañana pasó rápido y, entre frustraciones de los comerciantes que convierten el mojón fronterizo en un mercado y el aburrimiento de los agentes aduanales, los furgones salvadoreños tampoco lograron entrar a Guatemala.

"Los chapines están bravos porque acá se les cobra demasiado por entrar. Pero tampoco deberían de cerrar el paso", simplificó José Martínez, un camionero que tenía que llegar ayer a las seis de la tarde hasta el departamento de Sololá, a casi 400 kilómetros de la frontera.

Mientras todo esto sucedía, conductores de mototaxis y microbuses del transporte colectivo también apoyaron la medida. Con un estilo particular cruzaron sus unidades, se bajaron de ellas y también apoyaron la causa. Pero los guatemaltecos necesitaban moverse en Jutiapa. Cedieron.

Al mediodía las llantas quemadas por los lugareños y conductores eran cenizas. Las autoridades locales llegaron, dialogaron y procedieron a la normalización del flujo terrestre.

Sin embargo, en la aduana salvadoreña, las discusiones entre los tramitadores y conductores no se detuvieron. La semana inició pesada en ese punto donde el único límite no es la frontera: es el Fonat.

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