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La violencia empuja a los niños a huir de El Salvador

Varias organizaciones ven en el acoso de las pandillas otra de las causas de la migración infantil Afirman que se necesitan mejores condiciones de vida en los países del Triángulo Norte de Centroamérica

Tres buses llegaron ayer al Departamento de Atención al Migrante, en La Chacra, San Salvador. Los pasajeros eran 64 menores y 32 adultos procedentes de Tapachula, México, país donde fueron capturados por oficiales de migración. Foto EDH / Jaime Anaya

Tres buses llegaron ayer al Departamento de Atención al Migrante, en La Chacra, San Salvador. Los pasajeros eran 64 menores y 32 adultos procedentes de Tapachula, México, país...

Tres buses llegaron ayer al Departamento de Atención al Migrante, en La Chacra, San Salvador. Los pasajeros eran 64 menores y 32 adultos procedentes de Tapachula, México, país donde fueron capturados por oficiales de migración. Foto EDH / Jaime Anaya

Carlos, el hijo de María, está en Veracruz. El muchacho de 15 años ha sido amenazado por pandilleros: si no se les une lo matan. Eso es lo que asegura su madre, quien dice no haber tenido más opción que dejarlo ir. Desde entonces han pasado algunas semanas. Por seguridad, los nombres reales de ambos se omiten.

El miércoles ella visitó las oficinas de Cancillería, en el Centro de Gobierno de San Salvador, para presentar la partida de nacimiento del adolescente y firmar un documento donde conste que es la adulta responsable del menor.

El padre del joven desapareció hace algunos años cuando también pretendía llegar a Estados Unidos. Carlos no iba con un coyote, sino con un amigo que, según su madre, "ya conocía el camino".

Con la experiencia de haber perdido a su esposo en la ruta del migrante, María le pidió a Carlos que no se fuera. Pero la respuesta del muchacho la dejó sin palabras: "Ah, si usted se pone a pensar que allá hallaron 10 muertos, 20 muertos. Entonces todo el tiempo va a estar ahí con miedo. De todos modos tiene que salir, no va a estar en la falda de la mamá".

Ella le preguntó si tenía miedo y él respondió: "Yo no. Conque solito me iba a ir y con fulano que ya conoce...".

Ocho días de viaje antes de cruzar la frontera, según María, Carlos vio truncado su viaje. "Hoy (miércoles) voy a ir a firmar (a Cancillería). Después de la firma ya van a ver qué día me lo dan", explicó.

Ayer , un grupo de padres y madres esperaba la llegada de buses provenientes de Tapachula en el Departamento de Atención al Migrante cercano a La Chacra, en San Salvador.

Morir o morir en el intento de vivir

"Si me van a matar aquí en El Salvador mejor me muero intentando llegar a EE. UU.". Luis López dice que escucha esa frase desde 2012, pero últimamente la ha escuchado más frecuentemente.

Él es secretario de Búsqueda en el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador (Cofamide). Como casi todos los integrantes de esta ONG, tienen un motivo personal para ayudar a otros a encontrar a sus familiares: su hermano desapareció tras emprender el viaje sin documentos hacia EE. UU. después de los terremotos de 2001.

Cofamide colabora con los familiares de casi 300 salvadoreños que desaparecieron tras viajar sin papeles hacia el Norte. En los registros de Cofamide están los casos de 7 menores de edad, ninguno de los cuales ha sido encontrado.

El contacto con estas familias ha permitido a López hacerse una idea sobre las causas de la migración infantil. Una es la búsqueda de la reunificación familiar y de mejores oportunidades de educación. La otra es aún más apremiante. López la explica: "Están migrando porque ya no les queda de otra. Es de salvar su vida y proteger a su familia, porque están siendo perseguidos, las jovencitas están siendo acosadas. Tenemos casos en los cuales hay hermanos que por defender a sus hermanas igualmente han tenido problemas y han tenido que salir de esa zona".

Una tarde a media semana, una abuela visitó las oficinas de Cofamide. No porque hubiese perdido a un familiar emigrante, sino en busca de ayuda. Con cuatro nietos a su cargo, con edades de 15, 13, 12 y 10 años, estaba desesperada. "Vino a ver si se le podía ayudar, por la situación en la comunidad donde vivía", recuerda López.

Sus nietas estaban siendo acosadas. El nieto salió en su defensa y terminó siendo amenazado. En la ONG no podían hacer más que escuchar su historia y explicarle los peligros de lo que estaba considerando hacer: irse con sus nietos a Estados Unidos.

Flor, otra adolescente bajo amenaza de ser violada por pandilleros, está detenida en Houston esperando lo peor.

En El Salvador, tras las amenazas de que un pandillero la convertiría en "su mujer", la familia de Flor abandonó su casa y huyó hacia otro punto del país. Pero los pandilleros los localizaron. De esa forma, no vieron más opción que mandar a la adolescente hacia Estados Unidos. De llegar a ser deportada, nadie puede imaginar lo que le espera.

En otra comunidad de la zona paracentral, otra joven le dice a su abuela que no está dispuesta a irse de nuevo. Ya la deportaron, pero lo que vivió durante el trayecto no quiere volver a vivirlo. Un vecino y amigo de la familia afirma: "Está tan nerviosa que dice que no se vuelve a ir".

Luis López concluye: "Entonces, están esas dos clases: los que están migrando por reunificación familiar y los que están migrando porque no les queda otra que cuidar su vida y la vida de sus familiares".

Cuestionado sobre la relación que puede haber entre la violencia y el aumento en el flujo de niños migrantes, el especialista en Educación Óscar Picardo dijo a El Diario de Hoy el 25 de junio: "El tema de la violencia ha ido en un nivel que está desbordando la problemática, las necesidades de la gente y este flujo de emigración ya es el agotamiento. Es decir, cuando ya no hay opciones, esperanza, cuando ya no se ve claro, pues la gente opta por migrar".

El especialista afirmó que las cifras son coherentes con lo que han visto en estudios llevados a cabo con centros educativos públicos: "Mucha gente se queja de que ya es muy difícil vivir con los acechos, con la renta, con los homicidios, entonces la gente opta por eso, por enviar sus hijos (a Estados Unidos)".

Desde la Universidad Francisco Gavidia, Picardo ha estudiado la relación entre el fracaso escolar y la violencia con centros educativos de la zona urbana y rural, para los que se entrevistó a más de 700 docentes y estudiantes.

"Ahí vimos una cantidad de fenómenos asociados al tema de fracaso y uno de los más marcados es el tema de violencia, se destaca de una forma exponencial frente a otros temas como el acoso sexual, que sí hay, pero es en menor calado... El tema que destaca es el de violencia y pandillas (...) Fuera de la escuela y dentro de la escuela".

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