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UCI del Rosales con 11 casos por Guillain Barré

El 60% de la UCI del Rosales están ocupadas por pacientes con Guillain Barré. Las personas afectados podrían necesitar hasta seis meses para recuperarse.

Hospital Rosales

Las autoridades del Ministerio de Salud están en alerta por los crecientes casos de Guillain Barré y la gravedad de algunos casos en el Hospital Rosales. | Foto por Archivo

Las autoridades del Ministerio de Salud están en alerta por los crecientes casos de Guillain Barré y la gravedad de algunos casos en el Hospital Rosales.

El acelerado aumento de casos con Guillain Barré también ha preocupado a los especialistas del Hospital Rosales, que en el país es uno de los centros con mayor experiencia en el tratamiento del síndrome. 

El jefe de Neurología del Rosales, Nemesio Portillo, expresó que normalmente mantenían un promedio de tres a cinco pacientes ingresados por Guillain Barré. 

Pero ayer el Rosales tenía 23 casos con el síndrome, 15 de ellos en condiciones tan graves que requerían cuidados en unidades especiales. 

“Siempre ha habido casos, pero hoy se ha sobredimensionado, por ejemplo en la UCI más del 60% están ocupados por pacientes con Guillain Barré”, expuso Portillo. 

La Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Rosales tiene 18 camas disponibles, 11 de ellas eran ocupadas por pacientes con Guillain Barré que requerían ventiladores mecánicos para poder mantenerse con vida. 

Cuatro casos más estaban en el área de Cuidados Intermedios, que tiene un cupo para ocho pacientes. 

El resto estaban ingresados en la unidad de Ictus. 

La UCI del Rosales atiende a todos los casos más graves del país, desde víctimas de la violencia hastalesionados de accidentes de tránsito, por lo que la saturación de la unidad es un riesgo ante el aumento de personas afectadas por Guillain Barré que requieran de respiradores artificiales. 

El síndrome no solo provoca que las personas pierdan el control de las extremidades y de su movilidad; los casos más graves también pierden la capacidad de respirar por sí mismos y necesitan ser conectados a ventiladores mecánicos.

“Al momento hemos tenido la capacidad para estar resolviendo la atención de cada uno de ellos”, sostuvo el director del Rosales, Mauricio Ventura.

El funcionario dijo que algunos casos que requirieron UCI han evolucionado rápido y pudieron ser trasladados a otras áreas.  

Pero en el área de Ictus había una paciente de 64 años que tuvo que ser ingresada a la UCIpor síntomas de Guillain Barré el pasado 2 de enero. 

Hasta el 12 de enero la paciente había logrado estabilizarse lo suficiente para respirar por su cuenta y ser trasladada a un servicio. 

Es decir que tuvo que mantenerse durante 10 días en la UCI. 

El abarrotamiento de camas ocupadas con pacientes de Guillain Barré también afecta al resto del servicio de Neurología. 

“Ahorita íbamos a ingresar a una paciente de la consulta externa para estudios, pero por prioridades no la pudimos ingresar”, dijo Portillo. 

Temor desborda a afectados 

Cuando Blanca Ulloa se despertó con una sensación de adormecimiento en toda su mano izquierda pensó que había tomado una mala posición al dormir e intentó no darle mucha importancia.

Al día siguiente las dos manos las sentía dormidas. 

Dos días después, el 28 de diciembre, Blanca ya no podía pararse por su cuenta y comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y vómito. 

Los malestares empeoraron, pasó consulta en el Fosalud de Apopa, en la Cruz Roja, hasta en el Hospital Nacional de la Mujer, donde no le daban respuesta ni importancia a su condición. 

El último centro donde buscó atención fue en el Hospital Zacamil, pero tampoco le hicieron caso. 

Entre los centros que visitó le dijeron que quizá era algo relacionado con los nervios.

“Me dieron para que sacara una cita con el psicólogo”, contó Blanca. 

Días antes de que aparecieran los síntomas del Guillain Barré, Blanca estuvo infectada con zika. 

La paciente calcula que tuvo zika el 18 de diciembre y una semana después amaneció con la sensación de adormecimiento en una mano. 

Todo fue muy rápido y el temor de no saber qué tenía la desbordaba cada vez más. 

El lunes 11 de enero, Blanca ya no podía valerse por sí misma.  Lo último que recuerda de ese día era que su mamá le estaba dando de comer, porque no podía ni levantar una cuchara por sí misma, cuando comenzó a tener problemas para respirar. 

Su familia le contó que la llevaron a la unidad de salud de Tonacatepeque, donde viven, y de ahí la trasladaron en ambulancia al Zacamil donde finalmente le prestaron atención a su caso. 

“De ahí me mandaron para acá”, comentó Blanca desde una cama en el Rosales, donde apenas puede moverse por su cuenta. 

Aunque ya ha comenzado a mover sus manos, no puede sostener nada por su cuenta y sigue sin recuperar la movilidad de sus piernas. 

“Nunca había oído ni visto esto que me ha pasado a mí, para mí es algo bien tremendo. No poder valerse por uno mismo para nada es bien tremendo”,  exteriorizó la paciente. 

En el Rosales sus médicos le dijeron que si el 2 de enero que pasó consulta en el Zacamil le hubieran prestado atención, podrían haberle realizado el tratamiento antes de que se complicara su caso. 

Blanca comentó que la incertidumbre de no saber qué tenía le afectó tanto a ella y a su familia que su hermano hasta temía que ella hubiera sido embrujada. 

“Pero ahora pienso que si es por una picada de zancudo que da esto tenemos que tener más cuidado”, expresó. 

Contratan equipos para plasmaféresis 

Para intentar revertir su condición, Blanca iba a iniciar ayer sesiones de plasmaféresis. 

El tratamiento con plasmaféresis consiste en cinco sesiones, realizadas un día sí y un día no , en la que se conecta al paciente a una máquina para extraer su sangre y hacer un cambio de su plasma con el plasma proveniente de donantes de sangre. 

Al entrar a la máquina, los componentes de la sangre se separan por medio de centrifugación, y los médicos pueden seleccionar entre el plasma, glóbulos blancos y glóbulos rojos. 

“Quitamos el plasma sucio de ella y le metemos un plasma fresco, en teoría sin lo que le produce la enfermedad”, explicó Óscar Castillo, médico encargado de monitorear el proceso. 

El equipo para realizar el proceso es alquilado por el Rosales a una empresa particular.

Ventura informó que para el 2015 contrataron la aplicación de 75 plasmaféresis y que este año han tenido que ampliar el contrato con la empresa. 

El director del Rosales calculó que el gasto total para realizar todos los procedimientos es de $300 mil. 

Por cada paciente con Guillain Barré el tratamiento ronda los $20 mil, dijo el viceministro de Políticas Sectoriales de Salud, Eduardo Espinoza.

“La población puede confiar en el sistema público, en la capacidad de respuesta”, añadió Espinoza. 

Solo para completar el tratamiento con plasmaféresis el paciente debe estar ingresado entre 10 a 15 días. 

Pero dependiendo de su condición, el paciente puede requerir fisioterapias para poder recuperar su movilidad por completo. 

“Puede ser que una persona quede de cuatro a seis meses fuera de circulación, antes de poder volver a su trabajo o actividades normales”, calculó Portillo.

El especialista informó que entre un 20% a 40% de los pacientes tienden a quedar con secuelas, como dolor o agotamiento. 

No obstante, también hay pacientes que corren el riesgo de quedarse paralíticos. 

“Pero no es la mayoría, un 90% se logra insertar en sus trabajos”, señaló Portillo.

La amenaza de no poder volver a caminar o valerse por sí mismo fue algo que angustió a Israel Jesús, de 20 años. 

Israel también está ingresado en el Rosales y hoy tendrá su última sesión con plasmaféresis. 

En el transcurso de tres días el joven pasó de tener un extraño dolor en sus dedos a no poder caminar por sí mismo. 

“Como si tuviera floja la pierna, me caía, no me podía levantar, me tenían que ayudar, me daban ganas de llorar porque no sabía qué me pasaba”,  relató Israel. 

Aunque el joven ya había recuperado el control de sus piernas y podía caminar desde su cama al baño, aun tenía dificultad para mover sus brazos y dedos. 

El brazo derecho todavía lo mantenía en un ángulo extraño, por una sensación que él describió como tener floja la extremidad. 

Aunque los médicos le informaron que pronto iba a ser dado de alta, también le advirtieron que iba a necesitar terapias para recuperarse del todo. 

“Estos  casos se han comportado básicamente en un ataque a personas jóvenes, productivas”, manifestó Portillo.

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