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Tres tortugas carey muertas en 30 días

Las redes ilegales, los explosivos y los cercos en los primeros cien metros de playas como las de la bahía de Jiquilisco minan las acciones por conservar la carey

El avanzado estado de descomposición de la tortuga no permitió determinar la causa de su muerte. Foto EDH / cortesía Megan Bethege

El avanzado estado de descomposición de la tortuga no permitió determinar la causa de su muerte. Foto EDH / cortesía Megan Bethege

El avanzado estado de descomposición de la tortuga no permitió determinar la causa de su muerte. Foto EDH / cortesía Megan Bethege

La muerte de un ballenato y de una tortuga golfina en El Cuco el fin de semana han dejado en evidencia los peligros que enfrentan los cetáceos y los quelonios en el territorio marítimo salvadoreño. Así lo cree Álex Hasbún, del Centro de Estudios Marinos del Pacífico Central (Cemar).

"El ente rector ambiental del país debería de cumplir con sus obligaciones como es en este caso la de tomar y realizar medidas para asegurar la integridad de ese recurso marino vivo", señaló.

El ambientalista recordó que el caso del domingo no es el primero en el que un cetáceo aparece muerto en playas salvadoreñas: En 2010 apareció una ballena muerta en Playas Negras; En 2011 apareció otra en la misma playa; ese año hubo otro caso en playa Toluca y en 2012 aparecieron varios delfines muertos. "¿Qué sucede?", se pregunta.

El caso del ballenato y de la tortuga varados sin vida en El Cuco se dan en temporada de reproducción de ambas especies. Semanas antes tres tortugas carey fueron encontradas muertas en la bahía de Jiquilisco en un lapso de 30 días: dos adultas y una juvenil. Así lo denuncian biólogos y habitantes de la zona que se dedican a localizar y recolectar nidos para protegerlos.

La primera tortuga carey muerta fue localizada el 15 de junio en la playa Arcos del Espino. El biólogo Michale Liles, de la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental (Icapo), explicó que era una hembra anidante que había sido marcada el 29 de mayo.

Una veterinaria estadounidense, voluntaria, hizo una necropsia pero no pudo determinar la causa de muerte debido al avanzado estado de descomposición del espécimen. Las otras dos tortugas carey muertas fueron encontradas durante los primeros 10 días de julio.

Los hallazgos son alarmantes, según Liles, pues por cada mil neonatos liberados, solo uno tiene posibilidades reales de sobrevivir y que en el Pacífico oriental quedan menos de 500 hembras anidantes desde México hasta Perú.

A estas alturas en 2012, solo había sido encontrada una carey sin vida en esa zona, recordó Liles. Por ello, las ONG y los recolectores de huevos de tortuga en el lugar -que tiene declaratoria de área natural protegida, reserva de la Biosfera y sitio Ramsar- han solicitado al MARN tomar medidas para proteger a dicha especie.

Fermín Guillén, presidente de la adesco El Cojoyón explicó que enviaron una carta al ministerio pidiendo evitar la colocación de cercos en las playas donde anidan las tortugas . Además creen necesario que se controle aún más que los barcos pesqueros no arrastren sus redes en las primeras tres millas náuticas, como estipula la ley.

En la carta dirigida al ministro de Medio Ambiente, Herman Rosa Chávez, y firmada por 126 recolectores de la zona se lee: "Le pedimos la protección permanente de una franja de 100 metros costeros y el libre acceso de los recolectores de huevos a dicha franja". Esto último lo piden para asegurar que los lugareños puedan seguir apoyando los proyectos de conservación de la tortuga carey.

Barreras a la conservación

"Hay personas que están cercando propiedad a la orilla de la playa donde llegan a anidar las tortugas carey", explicó Guillén.

El líder comunal aseguró que el MARN y Cendepesca deben vigilar que los barcos respeten el límite de tres millas náuticas para lanzar sus redes. No obstante, señaló: "Ellos andan al revés del tumbo, se puede decir. Esa es una cosa. Otra es que no usan el TED". Este último es un dispositivo que permite liberar a las tortugas si son atrapadas por redes de barcos.

A través de un correo electrónico, el biólogo reconoció "la reacción rápida" de parte de los pescadores de la zona, quienes informaron a la PNC, a grupos locales y a las ONG en la zona de los hallazgos. "Con una comunicación muy fluida entre actores se logró llegar y examinar a la tortuga carey muerta", lo cual, en años anteriores, fue imposible por "falta de coordinación", indicó Liles.

Nathan Weller, director de programa y política ambiental de EcoViva, explicó que junto a Asociación Mangle han estado coordinando y construyendo alianzas con la policía y con cien comunidades del bajo Lempa y de la bahía de Jiquilisco.

El objetivo es controlar y evitar la tala de mangle y la pesca con explosivos. "Con este mecanismo, junto a Icapo, ya tenemos un mecanismo de flujo de información... Cuando un pescador ve una carey muerta en la bahía, ellos llaman a las autoridades y a la policía", explicó.

Weller, quien es especialista en política ambiental, afirma que no se sabe con exactitud cuántas tortugas morían en la zona antes, pero ahora que la vigilancia de las comunidades ha aumentado salen a la luz estos casos. El jueves pasado, él y Liles se reunieron con la viceministra de Medio Ambiente, Lina Polh, para exponer la problemática.

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