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Tapacún: clases a oscuras, sobre piso de tierra y entre bajareques

La escuela atiende a 80 alumnos en un cantón de Atiquizaya

Rosa Renderos, maestra y directora en El Tapacún (Atiquizaya) explica la lección en el turno matutino. Su búsqueda de un terreno propio para la escuela no ha dado frutos. Fotos EDH / Marlon Hernández

Rosa Renderos, maestra y directora en El Tapacún (Atiquizaya) explica la lección en el turno matutino. Su búsqueda de un terreno propio para la escuela no ha dado...

Rosa Renderos, maestra y directora en El Tapacún (Atiquizaya) explica la lección en el turno matutino. Su búsqueda de un terreno propio para la escuela no ha dado frutos. Fotos EDH / Marlon Hernández

La casa donde Laura y sus compañeros reciben clase puede parecer una choza, pero no una escuela. A los pies del cerro Cachillo, cuatro habitaciones húmedas sirven como aulas, bodega y cocina.

Ahí, construido sobre "un bordo", está el centro escolar Cantón El Tapacún.

Al preguntarle a Jacqueline, una de las alumnas, ¿qué se podría mejorar en la escuela?, ella responde: "Tener un terreno propio y que sea de ladrillo y de piso para poderlo trapear".

Otro de los deseos de Jacqueline y sus compañeros es que la escuela tenga una cancha, pues hoy por hoy, juegan fútbol en la calle.

Las paredes de bajareque son propicias para que zancudos y chinches acechen a los estudiantes. Un tragaluz ilumina las aulas, pero como casi siempre hay neblina, las aula permanecen en la penumbra. En la época lluviosa es difícil dar clase. "Si está lloviendo no oyen y si está oscuro no ven. Hay momentos que suspendemos", reconoce Rosa Renderos, una de las dos maestras y directora del recinto. En contraste, los pupitres y las mesas donde trabajan son blancos y casi nuevos.

Renderos explicó a El Diario de Hoy: "Aquí, supuestamente habían donado". Pero cuando se quiso inscribir la propiedad a a nombre del Ministerio de Educación descubrieron que el terreno "estaba hipotecado". Por ello, han perdido varias ofertas de donativos para que les construyan un edificio adecuado.

El centro escolar empezó a funcionar en marzo de 1995 y hasta la fecha, cada cuatro años, debe ser demolido y vuelto a construir. Esto, según Renderos, debido a que el bajareque se deteriora y amenaza con desmoronarse.

A inicio de año se inscribieron 80 alumnos, distribuidos en dos turnos, pero a estas alturas seis se han retirado. Renderos explica que algunos estudiantes ayudan a sus padres en el trabajo que llevan a cabo en las fincas cafetaleras de los alrededores.

Los alumnos no llegan solo de El Tapacún, sino también de los cantones Tortuguero, La Esperanza y El Chayal. Esos sitios tienen centro escolar propio pero, en palabras de Renderos, "están demasiado lejos" y a los alumnos les queda más cerca El Tapacún.

Los padres de familia, según ella, ganan cuando mucho 50 dólares quincenales. Por lo que ella no se atreve a pedirles ayuda para "comprar" un terreno donde les puedan construir una escuela "de ladrillo y piso de barrer".

Las maestras han visitado a los dueños de las fincas vecinas para indagar si podrían donar un terreno, pero "unos no querían vender" y otros "no tenían necesidad".

Renderos explica que del Ministerio de Educación les indicaron: "Si logran hallar alguien que les done pues pídanle de favor, por el futuro de nuestra comunidad, de los niños, de las nuevas generaciones". Renderos recuerda que, si alguno llegaba a donar el terreno, le podían ofrecer ponerle su nombre o el de algún familiar al centro escolar. "Ni así quisieron", lamenta.

Entonces, apareció un vecino dispuesto a vender un terreno de "menos de cuatro tareas" en seis mil dólares. Según Renderos, una manzana tiene 24 tareas, así que el terreno equivale a la quinta parte de una manzana: 1,400 metros cuadrados.

Se notificó a la alcaldía y la Corte de Cuentas visitó el lugar para autorizar o no la erogación. En marzo de 2012, la alcaldía mandó una nota notificando que la erogación estaba aprobada. Entonces, el propietario dijo que el vendería el terreno ya no por 6 mil, sino por 10 mil dólares. "Ahí nos topamos", dice Renderos.

Ella hace hincapié en que tanto su predecesora como ella han dedicado los fines de semana a gestionar ayuda.

Pese a las dificultades, los alumnos se esfuerzan por aprender. Algunos de ellos caminan cuesta arriba entre 30 y 60 minutos para llegar a tiempo.

Renderos asegura que más de una vez les han ofrecido construirles infraestructura, pero al estar la escuela sobre un terreno "prestado" han perdido esas oportunidades. Por eso tiene una solicitud: "Que alguien nos done el terreno, porque no contamos con ni cinco".

Las maestras incluso habían pensado hacer "maratones" para conseguir fondos a fin de poder comprar el terreno para la escuela. "Si nos vamos más abajo, sería buscar mejoría para nosotros y unos poquititos niños; pero a nosotros nos interesa concentra a la mayoría de niños. Que no se muevan demasiado y que otros no se queden sin estudiar", explica la directora.

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