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Sitramss : Historias urbanas del transporte público

Hay miles de anécdotas que viven a diario los habitantes de la zona oriental del Gran San Salvador

En junio iniciaron los trabajos de construcción del Sitramss y de dos pasos a desnivel en el bulevar del Ejército. La anarquía y el desorden siempre están presentes. fotos edh / Mauricio Cáceres

En junio iniciaron los trabajos de construcción del Sitramss y de dos pasos a desnivel en el bulevar del Ejército. La anarquía y el desorden siempre están presentes....

En junio iniciaron los trabajos de construcción del Sitramss y de dos pasos a desnivel en el bulevar del Ejército. La anarquía y el desorden siempre están presentes. fotos edh / Mauricio Cáceres

Solo los que viven a diario los inconvenientes causados por este proyecto, pueden dar fe de todo el "vía crucis" que se experimenta en cada una de las unidades de transporte que circulan sobre el bulevar del Ejército.

La jornada de Antonio Vásquez inicia cuando los rayos del sol aún no calientan la ciudad. Nunca en su vida imaginó que para ir a trabajar tendría que levantarse todos los días a las 3:50 de la madrugada, para posteriormente abordar, a las 4 con 20 minutos, un autobús que lo lleva desde su casa en Altavista, Ilopango, hasta el Centro de San Salvador.

Este tramo antes lo recorría en cerca de 45 minutos, pero ahora movilizarse desde Altavista hasta el Parque San José, en el corazón del centro histórico de la capital, puede tomarle hasta dos horas.

El calvario de Antonio y el de millares de ciudadanos que hacen uso de alguna de las 1,441 unidades de transporte público que circulan por el bulevar del Ejército, inició en mayo, cuando comenzaron los trabajos del Sitramss en la zona.

"Al que madruga Dios le ayuda"... este dicho se cumple a pie juntillas ahí en el bulevar, ya que si los residentes no madrugan no logran llegar a tiempo a sus lugares de trabajo o estudio.

Otra cualidad que han ido desarrollando los habitantes de San Martín, Ilopango, Soyapango y otros municipios aledaños, es la paciencia para soportar los inconvenientes generados por la enorme carga vehicular.

Mientras la mayoría de salvadoreños - en otras zonas del país- aun están dormidos, la gente que vive en el oriente del Gran San Salvador, debe soportar todo el trayecto del bulevar, observando por las ventanillas de los maltrechos autobuses, los carriles especiales del Sitramss que se están construyendo, y que por el momento se encuentran subutilizados.

La edificación del paso a desnivel del bulevar Castellanos y el de la 50a. Avenida Norte ha hecho que el tráfico en esta área también colapse en las horas pico. Aunque uno de ellos ya ha sido terminado, la situación caótica no ha menguado casi nada.

"Me gustaría que los funcionarios del Viceministerio de Transporte hicieran este recorrido tan solo por un día, y dejaran a un lado la comodidad de sus carros. Apuesto a que no dormirían esa noche del cansancio, la impotencia, la ansiedad y la depresión ocasionadas por viajar en estas condiciones", medita Antonio, quien aún no logra acostumbrarse a esta agotadora jornada ocasionada por los trabajos apresurados que realiza el Viceministerio de Transporte.

Una rutina extenuante

A pesar que la rutina es la misma, existen varios factores que incomodan aún más a los viajeros, al momento de retornar a sus casas.

Cuando el reloj marca un poco más de las cinco de la tarde, Antonio, inicia el vía crucis de regreso a su hogar.

Tiene que abordar la Ruta 29 en el centro de la ciudad, cerca del Parque San José.

Debido a lo complicado del tráfico en el bulevar del Ejército, en la zona de Molsa, en la Terminal de Oriente y en el Itexsal, las unidades no circulan de una forma ordenada y constante.

A veces los buses pasan cada 15 ó 25 minutos, por el "cuello de botella" que se hace en estas arterias, lo cual ocasiona que todos las unidades del transporte público siempre viajen saturadas de pasajeros.

Después de una larga espera de más de 40 minutos, por fin logra abordar un autobús, en el que siempre viaja de pie, desde que se sube- en el centro- hasta que llega a su hogar, en Altavista.

Al contrario de la travesía de la madrugada, en la que el clima está fresco, en esta ocasión debe soportar el calor sofocante, los apretones, pisotones y una que otra manoseada por parte de otros pasajeros, que al igual que él, buscan el mas mínimo espacio para acomodarse en el interior de la unidad de transporte, repleta de ciudadanos cansados y estresados.

Lo más lamentable es que en esa misma condición viajan niños y ancianas quienes también sufren las incomodidades ocasionadas por los trabajos mal organizados y apresurados que el gobierno realiza.

A vuelta de rueda, entre frenazos, cierres parciales por el paso de maquinaria y policías que nunca dan vía, transcurren los casi cuatro kilómetros que existen desde el centro de la ciudad hasta el puente conocido como Eureka.

Entre malos olores y delincuencia

En la época de invierno, las unidades se transforman en un horno, ya que la lluvia obliga a cerrar las puertas y las ventanillas de los buses.

La variedad, intensidad y diversidad de olores, ocasionados por los mismos usuarios, puede provocar mareos y otras reacciones en quienes no estén acostumbrados a viajar en estas condiciones.

Además, siempre tienen que ir "ojo al Cristo", para no ser una víctima más de la delincuencia cotidiana.

Ladrones disfrazados de pasajeros que aprovechan estas circunstancias para realizar "su agosto" con sus compañeros de viaje.

La mayoría de usuarios, a juzgar por su apariencia, son empleados de oficinas, estudiantes, obreros y hasta profesionales.

Un reconocido presentador de un canal de televisión, es uno de los usuarios constantes, con su traje en mano, lucha la mayoría de veces por encontrar un lugar cómodo en el autobús donde pueda sujetarse él y el saco que usará horas más tarde, para presentar las noticias.

En la unidad hay miles de anécdotas, pero las más comunes son las protagonizadas por los mismos usuarios.

El recorrido es tan largo, que es fácil tener una extensa plática con cualquier compañero de viaje, ya sea de la selecta y sus amaños, de los políticos y la corrupción, de religión, de cultura, de las infidelidades que se cometen en nombre del amor, y por supuesto de las incomodidades del Sitramss, que es el tema de moda.

"Lo malo de todo esto es que al final de los trabajos solo quedarán habilitados dos carriles por sentido, lo cual limitará el tráfico normal, ya que antes estaban disponibles seis carriles en ambas vías. No creo que valga la pena tantos inconvenientes ya que al final todos saldremos perdiendo", le dice un señor regordete a su compañero de viaje, mientras este solo le responde asintiendo con la cabeza.

La pesadilla aún no termina

Los trabajos de cambio de carpeta asfáltica desde Cárcel de Mujeres hasta la zona conocida como Vifrío en Ilopango, ya han iniciado, lo cual sin duda ha complicado aún más el tráfico, a todos los habitantes de esta zona.

No es remoto pensar que algunos tengan que pasar hasta tres horas de pie en el transporte colectivo, esperando llegar a sus casas antes de las 9:00 de la noche.

Por ahora, cuando el reloj marca las 8:00 de la noche, Antonio le da gracias a Dios por haber terminado su odisea del día, y por haber llegado una vez más sano y salvo a su casa.

En total, en una semana, a invertido 20 horas solo en viajar desde su casa hasta el trabajo, y en un mes, los números ascienden a 80 horas, lo cual equivale a casi tres días y sus respectivas noches viajando de pie en un autobús del transporte público, todo por la construcción de los carriles segregados del Sitramss y los pasos a desnivel.

Al finalizar los trabajos, aunque mejoren los tiempos de traslado, su situación económica se verá afectada.

Hoy invierte 40 centavos diarios en transportarse desde Altavista hasta el centro de San Salvador, pero con el Sitramss, según algunas cifras que se han manejado en los medios de comunicación, deberá cancelar 20 centavos desde Altavista hasta la terminal del Sitramss en Soyapango, y luego pagar unos 45 centavos por trasladarse hasta San Salvador.

Antonio tendrá que invertir $1.30 centavos diarios por realizar un recorrido por el que hasta hoy, paga 40 centavos, haciendo desde ya las cuentas, no sabe cómo logrará ajustar su presupuesto con el escaso salario que recibe.

Al parecer el calvario de los residentes en el Gran San Salvador, aun está lejos de finalizar.

Les esperan días aún más difíciles por las obras viales que están por llegar y por el incremento en los costos de los pasajes de autobús, debido al uso del nuevo Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador. Un proyecto que más que "buena obra" es una pesadilla para muchos.

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