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"Para mí, ese día es como que él volvió a nacer"

Hace cinco meses Jefferson Chacón fue operado, le retiraron un tumor en el tallo cerebral

Jefferson Chacón, de cuatro años, entierra parte de sus juguetes en el jardín de su casa. Foto eh

Jefferson Chacón, de cuatro años, entierra parte de sus juguetes en el jardín de su casa. Foto eh

Jefferson Chacón, de cuatro años, entierra parte de sus juguetes en el jardín de su casa. Foto eh

Los esposos Chacón han celebrado la vida de su hijo dos veces. La primera el día que nació; la segunda cuando lo vieron después de ser sometido a una arriesgada cirugía.

Jefferson tenía un tumor en el cerebro, específicamente, en el tronco de la vida; el tallo cerebral, el cual fue diagnosticado a finales de julio del año pasado.

En el hospital Bloom les dijeron que no había nada que hacer, que ese tumor era inoperable y le dieron máximo seis meses de vida.

Ahí le colocaron unos medicamentos y una válvula en el cerebro porque tenía inicios de hidrocefalia, manifestó su madre, Kenia Yasmin Chacón.

Tras 15 días de estar ingresado se fue dado de alta, solo con la esperanza que en dos meses llegarían al país unos especialistas que podrían evaluar el caso.

Pero su padre, Marvin Chacón, no se quedó tranquilo y comenzó a tocar puertas hasta que en el Centro Internacional de Cáncer se hicieron cargo de la operación.

Fue una cirugía larga y de mucho riesgo. Al inició, Kenia se negó a dar el permiso para la operación, temía por la vida de su hijo, pero su esposo la convenció.

"Ella tenía miedo de que lo operaran, porque le comenté lo que dijo el doctor: que durante la operación podía darle un paro (cardiorrespiratorio) y ya nunca iba a despertar. Pero teníamos que arriesgarnos, porque era la única salvación", comentó Marvin.

Su hijo ya había dejado de comer, de caminar y hablar, lo único que le escuchaban decir era mamá. El día se la pasaba acostado en la sala de la casa, ahí, sus padres lo cuidaban y le daban de beber líquidos.

"Había que pensarlo, pero igual, o lo recuperábamos o se moría; pero ya como estaba, las esperanzas de nosotros eran pocas", comentó Kenia.

Tras recolectar una parte del dinero ($5 mil 500) para la cirugía, el infante entró a sala de operaciones. Fueron 12 largas horas.

Ese 30 de agosto, Marvin no paró de orar, estaba inquieto, caminaba de un lugar hacia otro esperando que finalizara el procedimiento, cada hora salían a decirles como iba la intervención.

Cuando terminó, el neurocirujano oncólogo, Eduardo Lovo, les dijo: les tengo una sorpresa, Jefferson estaba despierto y salió de la sala de cirugías preguntando por su madre.

A los tres días le dieron el alta médica y se fue a casa, los cambios en el niño fueron de inmediato. Al día siguiente comenzó a comer y a caminar.

"Para mí ese día es como que él volvió a nacer", manifestó su padre.

Kenia dice que después de la operación, el niño quedó como que nada le había pasado. Sin embargo, tenía temor de salir de su cuarto, quería pasar viendo la misma película todo el día y cuando tenía visita lloraba.

Tras dos meses; el infante salió del cuarto, ahora pide que lo lleven a pasear y platica con las visitas. "El no para todo el día, se la pasa viendo televisión, quiere estarse mojando, anda jugando, agarra los juguetes, los tira o se pone a enterrarlos, arranca las plantas; solo así vive", manifestó su madre.

Los esposos Chacón están agradecidos con Dios, con los doctores y con todas las personas que los ayudaron a recolectar los $17 mil 500 de las operaciones a las que fue sometido para extraerle el tumor, una craneotomía con neuronavegación y un radiocirugía en la que le radiaron por 11 minutos la parte del tumor que había quedado.

"A él le quitaron una parte del tumor, la otra se la cicatrizaron con la radiocirugía, pero lo único que hay que tener es fe en que Dios ya hizo su obra y ya no va a volver a repetir eso, pero siempre estamos pendientes", dijo Kenia.

El infante seguirá en control por seis años, tendrá que someterse a resonancias magnéticas, estudio de imágenes, periódicamente.

Marvin recuerda que ante la enfermedad de su hija estaba desesperado y sentía una gran impotencia, no tenía dinero para la operación, pero esa operación era la única luz que veía y no iba a dejar morir a su hijo, iba a luchar hasta el final por él.

Ahora Jefferson juega en el pasillo de su casa, a veces aún en pijama. Espera que su madre lo bañe y a los pocos minutos regresa y agarra parte de los juguetes que están en una caja ubicada en la sala de su casa, en Santa Ana.

Esta escena común en la vida de muchas familias corría el riesgo de desaparecer en la familia Chacón; ahora pueden disfrutarla a cada instante.

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