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Funes deja herencia de bajo crecimiento, alto endeudamiento y puerto inoperante

El Presidente saliente echó en el olvido promesas del discurso del 1 de junio de 2009 y del "plan quinquenal"

Funes deja herencia de bajo crecimiento, alto endeudamiento y puerto inoperante

Funes deja herencia de bajo crecimiento, alto endeudamiento y puerto inoperante

Funes deja herencia de bajo crecimiento, alto endeudamiento y puerto inoperante

En enero de 2009 se inauguró el Puerto de La Unión Centroamericana con la promesa de concesionarlo y hacer del país un centro logístico regional. Cinco años y medio más tarde la terminal marítima permanece semiabandonada y con un mínimo nivel de operación, como un fantasmal monumento a la negligencia de la administración Funes y de esta Asamblea Legislativa, que no logró otorgar su concesión.

El aeropuerto internacional no se puede modernizar porque con sus ingresos se paga el préstamo por un puerto que pudo ser el mejor de la región, pero que nadie fue capaz de poner a funcionar.

Pero esto es solo un botón de muestra de lo que se percibe como desinterés de la actual gestión por promover el desarrollo y las inversiones en El Salvador.

Otro de los grandes proyectos que planteó el Presidente saliente, Mauricio Funes, durante su discurso de ascensión al poder en 2009, fue el Plan Global Anticrisis, que "garantizaría estabilidad a la economía salvadoreña".

No obstante, ni los planes para focalizar el subsidio del gas ni para controlar el gasto ni para desarrollar grandes proyectos como la represa El Chaparral, surtieron efecto.

Los indicadores de estos cinco años demuestran que la economía nacional se estancó al crecer a un promedio en los cinco años de 0.8 % del PIB (según Fusades) mientras los demás países de la región crecían a más del 3 %. Al mismo tiempo la deuda pública se incrementó a 60 % del PIB en mayo 2014 y superó los $15,000 millones.

La creación de empleos, la construcción de viviendas de interés social, el fortalecimiento de finanzas públicas, la inversión en infraestructura y concesiones de obras como el Puerto de La Unión, la racionalización y focalización de subsidios y los programas de austeridad, entre otros, fueron archivados con las páginas del discurso del 1 de junio de 2009 y el plan quinquenal de desarrollo 2010-2014.

Esto ha llevado a que economistas y personalidades como la Embajadora de Estados Unidos, Mari Carmen Aponte, hayan señalado en reiteradas ocasiones que la economía del país se estancó.

Funes criticó tajantemente, en su discurso de 2009, que los gobiernos anteriores no desplegaron esfuerzos para hacer que El Salvador fuera menos dependiente y más productivo, hablando de un "deterioro inaceptable de las finanzas públicas", responsabilidad de la élite dirigencial que estuvo en el poder, según lo expresó.

Sin embargo, tanques de pensamiento, empresarios y analistas concuerdan en que su gobierno dejó mucho que desear en implementación de políticas que encaminaran al país a salir del bajo crecimiento y que permitieran crear una economía estable.

Uno de los grandes objetivos fiscales del quinquenio 2009-2014 fue lograr recaudar más ingresos y disminuir gastos, pero, según muestran las estadísticas más recientes, solo se logró por la vía de los ingresos, donde el Gobierno ha llegado a disponer de 1,200 millones más respecto a sus antecesores. El gasto se incrementó debido a diversas medidas populistas: subsidios, paquetes escolares y contratación de personas afines en las diversas dependencias estatales. La deuda del país alcanzó un récord histórico de $15,106 millones hacia la primera semana de mayo 2014.

Subsidio al gas, entre prueba y error

En pro de aminorar el gasto del Estado y generar un programa de austeridad, Funes señaló en 2009, que se "focalizarían y racionalizarían los subsidios". Pero lejos de reducir costos, su gestión los incrementó.

Cuando en 2009 se pagaban $83.4 millones solo por subsidiar el gas propano, al cierre de 2013 sumaron $134.2 millones, es decir $50.8 millones más. A esto se suma el cambio, en al menos cinco ocasiones, a la forma de entrega del subsidio del gas, lo cual, aunque las autoridades lo nieguen, ha generado muchos gastos.

Generó más gastos la creación de los Centros de Atención por Demanda (Cenade), la emisión de las tarjetas plásticas para entregar el subsidio, los celulares que han dado a los distribuidores para realizar las transacciones al momento de entregar el gas subsidiado, que forman parte de la estrategia de "focalización" que prometió Funes.

En el tema de subsidio al transporte colectivo, pese a que se disminuyó la cantidad de dinero que se entregaba a los transportistas, el Gobierno no logró reducir la entrega de este en el quinquenio: pasó de $48 millones en 2010, a $55.8 millones a finales de 2013, de acuerdo con la Dirección de Política Económica y Fiscal, con datos de la Dirección General de Tesorería.

La cuestionada entrega de uniformes y paquetes escolares, aunque se arropó bajo la política de "ayudar a los más desprotegidos", han venido a sumar más a los gastos del Gobierno, incluso a costas de otros, como los pequeños empresarios que confeccionan uniformes y que deben esperar hasta medio año para recibir pagos.

El presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), Jorge Daboub, refirió recientemente que la entrega de subsidios ha generado que el Estado adquiera más deuda extranjera para costear sus políticas sociales.

"Los niños que nazcan en El Salvador, hoy y mañana, ya nacen debiendo $2,200 cada uno a alguien en el exterior por la deuda de este Gobierno, cada salvadoreño que está vivo en El Salvador o fuera de El Salvador debe $2,200 ya, por este desorden que llevan: recogen más impuestos y gastan más", señaló Daboub.

La deuda excesiva

Aunque la de Funes ha sido la administración que más ingresos fiscales obtuvo comparado con los últimos tres quinquenios, esto solo le sirvió para aumentar deudas.

Los ingresos tributarios por $15,553 millones obtenidos entre junio 2009 y marzo 2014 no lograron que se llevara a cabo una verdadera política de austeridad que permitiera administrarlos de mejor manera. El Gobierno ha gastado de manera desmedida llevando al país a niveles de deuda equivalentes al 60 % del Producto Interno Bruto, PIB.

La deuda de corto plazo ha sido otro de los problemas que la gestión Funes-FMLN no ha sabido administrar, llevando al límite las Letras del Tesoro (Letes).

En dos ocasiones durante el quinquenio se irrespetó, incluso, un "pacto de responsabilidad fiscal", según han denunciado diputados a la Asamblea Legislativa.

El Gobierno tuvo que recurrir a la emisión de Letes debido a la necesidad urgente de dinero para pagar a proveedores o saldar subsidios.

En cinco años no solo se dio a la tarea de gastar, gastar y gastar olvidándose de que el "plan global anticrisis" incluía una estrategia encaminada a fortalecer las finanzas públicas, con un ignorado programa de austeridad, y se dejó de lado la apuesta por crecer.

El crecimiento del PIB real, a partir del 2011 se creía que alcanzaría el 2.5 %, en 2012 el 3.0 % y a partir del 2013 el 4.0 %. Pero la realidad es que, en lugar de crecer a estos niveles, el país apenas alcanzó el 1.9 % al cierre de 2013, y este año se augura cierre similar.

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