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Entretelones de Denver

Esta Asamblea General de la SIP, que cerrará hoy martes con la aprobación del pleno a los informes sobre la libertad de expresión de cada país y las palabras del nuevo presidente de la organización, ha tenido, como es habitual en los setenta años de existencia de la agrupación, intensas intervenciones sobre la libertad de expresión y de prensa. Sentí en esta reunión un mayor grado de emotividad al rendir su informe Yoani Sánchez y responder preguntas sobre Cuba, así como al escuchar los informes y debates sobre Venezuela, Ecuador y Argentina. Por celebrarse en suelo estadounidense hubo también asuntos de política doméstica que, no obstante, repercuten globalmente.

Las secuelas sobre la historia publicada el año pasado por Associated Press, de parte de la Administración Obama que invocó la doctrina de la seguridad nacional, de la manera que lo relató el presidente de Associated Press toca fibras sensibles en el ejercicio de la profesión periodística y ha dejado huella en el manejo de fuentes. El caso Snowden es otra cosa, mucho más discutible si se quiere en el contexto de la guerra global contra el terrorismo y la doctrina de la seguridad nacional. Asilado Snowden en Rusia, discrepo con lo que escuché de muchos de los colegas en esta reunión, tras la presentación de Glenn Greenwald. La libertad, pienso, implica responsabilidad.

Dentro de la parte más positiva, Warren Buffet, billonario inversionista y uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, está invirtiendo en la adquisición de cadenas de periódicos locales. Ello, junto a la compra de Jeff Bezos de The Washington Post, una de las grandes marcas del periodismo, han sido factores que animaron esta reunión en lo que a la formulación de nuevos modelos de negocios respecta, ya que la revolución tecnológica, que cambió al mundo ha debilitado el modelo vigente. Por ello se da a conocer en este tipo de foros las últimas investigaciones y se comparten experiencias positivas de la industria. Los cambios son vertiginosos.

Uno de los momentos más intensos de esta Asamblea General fue cuando tras el informe sobre la libertad de expresión en Venezuela, la discusión se centró sobre Globovisión. Fue en la reunión de medio año celebrada en abril en Puebla que el historiador mexicano Enrique Krause dejó ir la noticia de que Globovisión estaba siendo comprada por un empresario cercano al régimen chavista. Acá en Denver, una periodista de ese canal dijo que éste estaba balanceado y que ella seguía en cámara haciendo su programa y que no era ni de uno ni de otro bando. Ardió Troya. Los venezolanos trabajan foros como el de la SIP…

Lo que se volvió irrefutable —con el respeto que le concedieron a la periodista de Globovisión, aunque consideraron que ella hablaba de su caso particular, no del canal— fue el hecho de que ninguno de los cuatro programas ancla que tuvo Globovisión se encuentra al aire. Como hice mención en la columna de ayer, lo peor de los últimos seis meses, según se ha dicho acá, ha sido la ley mordaza del Ecuador y los peligros que representa para nuestros países, pues se ve a Rafael Correa como el más inteligente del club Alba. Muy superior a todos los demás.

Bien decía el pensador alemán Goethe que sólo merecen la libertad aquellos que están dispuestos a defenderla día con día. Mi reconocimiento para aquellos que sin ser culpables de haberla perdido luchan cotidianamente por recuperarla.

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