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Dina lucha con trastorno hormonal poco conocido

Se trata de una enfermedad que origina crecimiento de huesos y tejidos

Dina Pacheco es una de las personas diagnosticadas con acromegalia en El Salvador, ella fue detectada con la enfermedad hace 12 años. Foto EDH / archivo

Dina Pacheco es una de las personas diagnosticadas con acromegalia en El Salvador, ella fue detectada con la enfermedad hace 12 años. Foto EDH / archivo

Dina Pacheco es una de las personas diagnosticadas con acromegalia en El Salvador, ella fue detectada con la enfermedad hace 12 años. Foto EDH / archivo

Dina Pacheco lleva 29 años sobrellevando una enfermedad de la que poco se habla en el país y de la que supo que existía hasta 2003, cuando su corazón latía con mayor frecuencia de lo normal; el resto de síntomas, ensanchamiento de los pies y los dedos de las manos, los achacaba al paso del tiempo.

A Pacheco, una señora de 57 años y de 1.52 centímetros de estatura, le diagnosticaron acromegalia, una afección causada por la secreción excesiva de la hormona del crecimiento que produce distintos cambios en las estructuras óseas, un mayor crecimiento del corazón y problemas en el colon.

Ella es una de las 60 personas con acromegalia diagnosticadas y tratadas actualmente en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

Pero la endocrinóloga Karen Interiano de Korn manifestó que de acuerdo con la literatura médica, por cada millón de habitantes hay de 40 a 50 casos, es decir, que en el país hay una buena cantidad de personas a las que no se les detecta.

De Korn indicó que los diagnósticos en el país se hacen tarde, entre 10 a 15 años después de que las personas comienzan con los síntomas.

La secreción exagerada de la hormona se produce por un tumor benigno que crece en la hipófisis, que se encuentra en la masa del cerebro.

La endocrinóloga indicó que la enfermedad suele confundirse con el gigantismo, pero esa patología se presenta en la niñez y la adolescencia.

A diferencia del gigantismo, las personas con acromegalia tienen cambios en sus rasgos faciales, sus facciones son alteradas, la nariz se ensancha, los pómulos sobresalen, los dientes se separan, los pies se ensanchan al igual que los dedos de las manos.

Interiano expresó que el aumento en la talla del zapato o el engrosamiento en las manos son condiciones que no deben darse en los adultos, son etapas de la niñez y adolescencia.

Pacheco tenía 28 años cuando comenzó con los síntomas que en aquella época no fueron relacionados con la acromegalia.

La primera señal fue la falta de menstruación, hacía ocho meses había parido a su segunda hija, pero ya no le daba de mamar; además presentaba secreción en las mamas.

Tres años más tarde, luego de una serie de análisis, le encontraron un tumor en la hipófisis, en el cerebro.

En abril de 1988 fue sometida a la cirugía para retirarle el tumor, fue vía transesfenoidal, la incisión se le hizo por detrás de la nariz y por esa zona le retiraron el tumor.

"Con la operación se dio un caso resuelto y nos confiamos porque tuve un tercer embarazo, cosa que para él (medico) era imposible; qué más evidencia que todo está bien, me dijo... pero tal vez se me tenía que haber controlado toda la parte hormonal", comentó la señora.

El ginecólogo le había dicho que debido al desorden hormonal que padecía y a la operación de la hipófisis no iba a poder procrear más hijos, pero quedó embarazada por tercera vez, eso le hizo confiarse y pensar que la enfermedad era cosa del pasado.

"Creía que era una situación superada", indicó la señora.

Pasaron 15 años más cuando comenzó a presentar los síntomas del padecimiento, las manos se le dormían y le dolían, un problema que le comenzaba desde el hombro y por ello iba a ser operada. Los médicos le manifestaron que tenía el mal del túnel del carpo, pero con los masajes que se hacía el adormecimiento disminuyó.

Con el paso del tiempo comenzaron a aparecer el resto de síntomas, sus manos se le engrosaron y eso la llevó a quitarse el anillo de boda, pasó de usar una talla cinco de zapato a ocho, se la pasaba cansada y roncaba exageradamente por las noches.

"Me levantaba cansada, la noche aunque yo podía decir que dormía no dormía porque eran un desorden en el cerebro, soñaba cosas y cosas incoherentes y mi esposo comentaba que yo roncaba demasiado fuerte, cosas que antes de la primera operación no las tenía", explicó.

Un día de julio de 2003, en el consultorio de la endocrinóloga, el ecocardiograma mostró la aceleración en el corazón, eso sumado a los rasgos que presentaba y a las respuestas que daba hicieron sospechar a la especialista que estaba frente a un caso de acromegalia.

"Ella me preguntaba ¿en algún momento ha sido operada? ¿Le han crecido sus manos, sus pies? y empezó hacerme preguntas relacionadas a esta enfermedad y a todo le respondía que sí", manifestó Dina.

La doctora le dejó una resonancia magnética, que un examen de diagnóstico a través de imágenes.

"La endocrinóloga me dijo que todo indicaba que había otro tumor, me sentí terriblemente mal; pero agarrando nuevas energías, volviendo otra vez a pedirle al Señor que me ayudara. Si necesitaba la operación había que hacerla", expresó Dina.

Los resultados del examen mostraron que el tumor había crecido y que debido a los años que habían pasado el tamaño era de 4.5 centímetros, era un macroadenoma.

El neurocirujano le informó que para retirárselo debía hacer dos procedimientos quirúrgicos en un periodo de seis meses.

La segunda cirugía de la señora, en noviembre de 2003, fue por el cráneo, por lo que pasó hospitalizada un mes.

Después de recuperarse de la operación, Dina comenzó el control con la endocrinóloga quien la dejó en tratamiento con una inyección mensual que inhibe el nivel hormonal.

En la nueva evaluación identificaron que los niveles de la hormona del crecimiento bajaron y la tercera intervención quirúrgica ya no fue necesaria.

Entre las secuelas que le dejó la enfermedad se encuentra la hipertensión arterial, le creció el corazón y perdió el sentido del olfato.

"A estos momentos desaparecieron los dolores de las articulaciones, he mejorado, no sé que tanto, el roncar en la noche, en lo intenso, me redujo las talla del zapato, hoy uso talla seis, se redujo el en engrosamiento de mis pies y el grosor en mis manos también...", añadió.

Dina sigue en control con la endocrinóloga y tomando medicamentos para inhibir el nivel hormonal, para la hipertensión y otros problemas endocrinológicos.

"El factor importante ha sido la actitud que he tomado, una actitud positiva; pero todo esto me lo ha dado las fuerza de estar agarrada de Dios", acotó la señora de 57 años.

Diagnósticos tardíos

Interiano manifestó que la acromegalia se da por un tumor benigno a nivel de la hipófisis y que lamentablemente muchas personas no son diagnosticadas.

La especialista indicó que no es una enfermedad hereditaria, que a nivel genético se producen cambios y las células que normalmente producen hormona del crecimiento en la hipófisis se agrupan y dan paso al tumor.

Las personas en control en el ISSS fueron detectadas aproximadamente a los 40 años de edad, aunque llevan unos 10 de padecer la enfermedad.

Interiano explicó que es difícil hacer el diagnóstico precozmente porque la hormona da alteraciones metabólicas que se pueden encontrar en personas que no tienen acromegalia, como hipertensión arterial y azúcar alta.

Las sospechas surgen cuando los pacientes identifican que aumentaron la talla de zapato porque es un proceso que no ocurre en la edad adulta, que las manos se les engruesan, las facciones de la cara empiezan a sobresalir, los dientes se separan.

La especialista informó que la acromegalia es una enfermedad delicada que debe ser tratada, de no ponerse en control no tendrá una buena calidad de vida y puede fallecer por problemas cardíacos.

Agregó que la mayoría de los pacientes cuando son diagnosticados ya tienen un daño cardíaco porque la hormona del crecimiento afecta todo el cuerpo, pero los músculos más flexibles son los que crecen.

El tratamiento para las personas que padecen acromegalia es la cirugía para remover el tumor, luego se dejan en control médico con una inyección mensual o con pastillas que ayudan a reducir la hormona del crecimiento. Si esos dos procesos no dan resultados, se indica radioterapia.

El tumor se aloja abajo del quiasma óptico, la zona donde se cruzan los nervios ópticos, eso produce una ceguera parcial en los campos visuales laterales, es decir, que la persona no alcanza a ver a los lados. Se estima que la acromegalia afecta a más de 3 mil personas en Centroamérica y el Caribe.

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