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Crónica: Ir apretados en el Sitramss para escapar del tráfico

Aglomeración acompaña a usuarios en las horas pico 

Un viaje en el Sitramss entre aglomeraciones y pocos autobuses

El recorrido dura unos 30 o 40 minutos de principio a fin y en el trayecto, el autobus va llenándose al punto de no quedar espacio para que...

Desde el otro lado de la calle, intimida la fila de ingreso a la terminal provisional frente a Plaza Mundo del Sitramss. 

Son las 7:04 de la mañana y el arriate que divide los carriles del Bulevar del Ejército desborda de personas que buscan movilizarse por Sitramss; para quienes van hacia el Monumento  Salvador del Mundo, la acera ya no alcanza y los últimos hacen la fila en la calle.

 Las filas parecen culebras formadas por personas que se enrollan entre sí. Consultando todos logran dar con el bus que les toca, eso depende si se bajan en el Hospital Médico Quirúrgico, en tal caso subirán a un bus articulado, pero  si van más arriba, elegirán un bus padrón. 

Al estar dentro de la cola se logra un orden que el resto respeta hasta llegar al punto donde está la máquina que realiza el cobro electrónico. 

Después de ese punto hay un momento de confusión cuando una de las jóvenes monitoras grita: “¡Los que llevan prisa que se suban ya!”, señalando a un bus que acaba de llegar a la terminal pero que ya se llenó de usuarios y aún van más que logran entrar. 

Adentro del autobús, una pasajera increpa a una monitora que le acaba de gritar para que se quitara de uno de los asientos amarillos y le diera lugar a una mujer embarazada. 

“¡No tiene por qué ser tan pesada, con amabilidad se piden las cosas!”, le reclama la pasajera. 

Es posible percibir el estrés de los usuarios y sobre todo el de las monitoras que deben controlar al mar de gente que sigue en la terminal. 

A las 7:14 el bus se despide de la locura de la terminal e inicia su marcha, aunque su paso es tranquilo,  avanza a buen ritmo. Para muchos pasajeros el ir un poco apretados se compensa al ver lo que les tocaría si no fueran en ese bus. Por la ventana se ve la fila de autos y autobuses que parecen apenas moverse en el otro carril del bulevar del Ejército. 

De vez en cuando las miradas se cruzan entre pasajeros y motoristas atascados, quizá en esos segundos piden ayuda para salir de ahí.

Al llegar a la parada frente al Hospital Amatepec llama la atención la amplitud de esa estación y lo vacía que está a diferencia de la de Soyapango. El espacio e infraestructura que posee sería muy bien aprovechado en la primera parada del Sitramss, de hecho ahí no esperaba nadie al autobús. Similar estado era el de la parada ubicada cerca de la Terminal de Oriente donde apenas dos personas se subieron.

En la zona del Parque Infantil otra monitora se acercó a los asientos amarillos, iba con un joven en muletas. Debido a que todos los asientos iban ocupados, la monitora pidió un asiento para el joven y la embarazada le tuvo que ceder su asiento, pero alguien más le dio el suyo a ella. 

La pasajera ofendida en el incidente de la terminal provisional dice que así le hubiera gustado que la trataran en Soyapango, a lo que su vecina de barra le dice que allá están bajo mucha presión. 

Pero a la pasajera ofendida también le llama la atención lo desérticas que lucen las otras paradas y lo comenta. “Así debería ser la parada de Soyapango, ya no cabe la gente, ya no dan abasto y aquí ni las están usando”. La otra pasajera mira a su alrededor, pocos se han bajado desde que el bus partió de Soyapango y van por la torre del Seguro Social. “¿Cree que también pongan más buses, ya hacen falta?”, responde. “Ojalá porque en la noche y en el día van así de llenos”, añade la primera mientras abre más la ventana a su lado.

Hace un poco de calor por lo apretujados que van todos en el autobús, pero aun así la mayoría van tranquilos. 

Algunos tienen la confianza para sacar sus celulares o escuchan música con audífonos. Otros aprovechan para dormir un poco más. 

Aunque la velocidad del Sitramss disminuye al salir del carril exclusivo, el tráfico se mantiene fluido. Ambas pasajeras se bajan por Metrocentro junto con más personas, pero el vehículo sigue lleno. A las 7:46 llega a los alrededores de la plaza Salvador del Mundo donde la mayoría comienza a bajarse. Pronto el trayecto termina con un: “hasta aquí llego” del motorista. 

Para el regreso, los apenas cuatro pasajeros pueden disfrutar a sus anchas del espacio del autobús. Solo que una monitora sube para avisar que no pararán en las estaciones de Antekirta ni en Amatepec. El bus vuelve a arrancar. 

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