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Compromiso por el crecimiento en el Plan del Triángulo Norte

Los presidentes de El Salvador, Guatemala y Honduras se comprometieron al desarrollo económico y a volver atractiva la región para la inversión, entre otros temas

Joseph Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, confirmó el apoyo del gobierno de Barack Obama en las diferentes políticas que ejecutarán los gobiernos del Triángulo Norte, con énfasis en niños migrantes.

Joseph Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, confirmó el apoyo del gobierno de Barack Obama en las diferentes políticas que ejecutarán los gobiernos del Triángulo Norte, con énfasis...

Joseph Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, confirmó el apoyo del gobierno de Barack Obama en las diferentes políticas que ejecutarán los gobiernos del Triángulo Norte, con énfasis en niños migrantes.

Doce millas por hora es el promedio que un furgón hace para atravesar Centro América. Pero el problema no solo es la carencia de carreteras: es la lentitud por el paso en las aduanas de las fronteras. Y es que ahí tienen personal poco capacitado, sistemas informáticos deficientes y leyes caducas hechas por políticos que no terminan de entender el comercio actual. Así, la integración aduanal sigue siendo un sueño en la región centroamericana.

Esta es parte de la realidad que de alguna manera quiere solventar el llamado Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, lanzado con bombo y platillo ayer en Washington por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y avalado con la decisión política del Vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden.

Dinamizar el sector productivo para crear oportunidades económicas, desarrollar oportunidades para el capital humano, mejorar la seguridad ciudadana y el acceso a la justicia y fortalecer las instituciones para aumentar la confianza de la población, son los objetivos claves y estratégicos de este plan.

Los presidentes de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; de Guatemala, Otto Pérez Molina, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, se comprometieron expresa y claramente a sumarse a este plan que busca no solo detener la migración ilegal, interés prioritario para Estados Unidos tal como lo señaló Biden, sino a caminar por la ruta para el desarrollo y resolver problemas elementales para hacer que la región sea un destino para la inversión extranjera, la creación de puestos de trabajo y lograr crear esperanza a unos 20 millones de habitantes.

Cada vez se habla más que este plan del Triángulo Norte es muy similar al otrora Plan Colombia donde Estados Unidos aportó miles de millones de dólares para lograr superar la inseguridad que padecía ese país. Además posibilitó la creación de un país más vivible, con libertad, con instituciones fuertes que permitieron caminar hacia el desarrollo. Colombia no solo es ahora un ejemplo, porque logró detener la guerra y se encuentra en un proceso de paz, también permitió luego de una voluntad política a través de varios gobiernos, transformar las instituciones, hacerlas más estables y fuertes para enfrentar la inseguridad y las desigualdades propias del subdesarrollo.

El surgimiento

El Plan en el Triángulo Norte, como toda construcción, ha surgido a partir del problema dramático de la migración de niños centroamericanos que por miles se atrevieron a viajar al "sueño americano", sin importarles el peligro de la travesía; la mayoría de ellos fue detenida en la frontera y llevados a centros de detención previo a la deportación.

Este punto, como lo señaló el vicepresidente Biden, dio paso no solamente a tomar medidas de inmediato junto con los países de Guatemala, Honduras y El Salvador, sino a visualizar a mediano y largo plazo que las economías centroamericanas se conviertan en un espacio de esperanza, donde la juventud busque hacer su vida.

El vicepresidente Biden fue contundente en su apoyo al Plan, no dio cifras de cuanto aportará Estados Unidos, pero comprometió a la administración de Barack Obama en esta iniciativa, que además intenta sumar otras instancias proveedoras de recursos económicos y organizaciones no gubernamentales e independientes como el BID a través de su presidente, Luis Alberto Moreno, quien no solamente patrocinó esta iniciativa sino que se comprometió a apoyarla en un futuro.

El presidente salvadoreño Sánchez Cerén, en un discurso bien estructurado y con claridad meridiana, dijo que la migración ilegal es un problema estructural que requiere medidas de fondo a mediano y largo plazo, que pasa por el consenso con todos los sectores de la sociedad y de un trabajo conjunto con los países vecinos.

Su discurso además fue claro en sumarse a la iniciativa de crear el ambiente para la inversión internacional y en señalar que la empresa privada es "determinante para este proceso"; las viejas recriminaciones al sector privado pareciera que quedaron en el pasado.

Ojo, también hay otro giro; el segundo gobierno del FMLN pareciera que ahora quiere ver a sus vecinos más inmediatos, además de México y Estados Unidos, como un apoyo claro e importante para echar andar el Plan del Triángulo Norte; distinto a lo que hizo la gestión del ex presidente Mauricio Funes, quien además tenía un permanente enfrentamiento con los sectores productivos, como un camino hacia la búsqueda de inversión extranjera que genere trabajo, crecimiento en los países del Triángulo, donde estuvo alejado de Guatemala y Honduras, así como de México.

Pero también los presidentes Hernández y Pérez Molina, se comprometieron en este Plan, olvidándose de las diferencias, los problemas sin superar y sobre todo, intentar enfrentar de manera consensuada la inseguridad ciudadana y la escasa inversión extranjera que genere trabajo y bienestar.

Pérez Molina y Hernández, cada quien con su estilo, dijeron expresamente la intención de sus gobiernos de sumarse al Plan y hacer todos los esfuerzos para buscar el "consenso con todos los sectores" y buscar construir planes que busquen más y mejor inversión extranjera, lo que requiere revisar las leyes y fortalecer las instituciones".

Por ello sumarse a los ejes del Plan conlleva "la atracción de inversiones y la promoción de sectores estratégicos capaces de dinamizar el crecimiento y crear empleos. Con este fin, la idea es utilizar de forma eficiente la plataforma regional para reducir los costos energéticos que asfixian a industrias y al fisco, superar las deficiencias de infraestructura y logísticas que inhiben el crecimiento y un mejor aprovechamiento del mercado regional, y armonizando nuestros estándares de calidad para ponerlos a la par con los requerimientos del mercado global". Sin duda alguna el ejemplo del camión que atraviesa Centro América a 12 millas por hora es un ejemplo que muestra la realidad de la región.

La polémica

Pero la realidad es compleja y si bien es cierto, Sánchez Cerén, Hernández y Pérez Molina se comprometieron a desarrollar el Plan, nadie habló de montos de la ayuda, aunque las diversas agencias nacionales e internacionales estaban en primera fila, no solo porque el BID los convocó sino por la gestión que ha hecho la gestión del presidente Obama.

También la credibilidad está en cuestión, como es el caso de los actores salvadoreños que participaron en este evento en Washington. Los empresarios Roberto Kriete y Francisco De Sola, quienes presidieron en un coloquio mostraron dudas que van más allá de sumarse al Plan; De Sola planteó que cada gobierno que llega, y el actual no es la excepción, pretenden cambiar las reglas y las normas del juego entendiendo "a su manera lo que es el Estado" provocando que no haya certeza y un mensaje de estabilidad y seguridad que requiere la inversión Extranjera.

Por otro lado, Kriete señaló los engorrosos trámites burocráticos y la poca ejecución en proyectos estratégicos como lo es la reconstrucción del aeropuerto salvadoreño.

Sin embargo, en declaraciones a El Diario de Hoy tanto Kriete como De Sola coincidieron en dar su voto de respaldo al Plan, aunque habrá que esperar si se cumplen los compromisos.

Hay voluntad para sumarse al tren del desarrollo en libertad o es la necesidad que tiene al actual gobierno buscando fondos económicos, es la pregunta que ronda en unos y otros.

Para la diputada del FMLN Norma Guevara, "hay un pragmatismo que nos hace ver con el Triángulo Norte una manera de alcanzar el crecimiento con distribución".

¿Y por qué no lo hicieron con el anterior gobierno de Funes?, se le preguntó, a lo que respondió: "ahora ya tenemos el control, ahora vemos al Norte sin olvidar el Sur, estamos construyendo credibilidad, esto es clave", dijo Guevara.

Para Roberto Rubio, director de Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde), habrá que ver sí el gobierno se suma a esta iniciativa en libertad o simplemente es una búsqueda de recursos económicos ante la dura realidad que atraviesa el país.

Esta también fue la opinión del presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), Jorge Daboub, quien afirmó que "habrá que ver los hechos, porque del dicho al hecho hay un espacio grande. Vemos muy positivo esta iniciativa pero habrá que esperar los hechos", indicó.

El diputado Donato Vaquerano, jefe de la bancada de ARENA, fue muy duro al señalar que el gobierno actual no crea las condiciones de credibilidad y que si bien es cierto a nivel de discurso se suma a este Plan habrá que esperar si son capaces de generar un ambiente de confianza con la empresa privada y fomentar el consenso.

Igual opinión manifestó el diputado del PCN, Mario Ponce, quien sostiene que sin "consenso" con el sector privado no se podrá alcanzar el crecimiento.

Sin embargo mientras Guevara insistió que "crecimiento con distribución es importante", Daboub sostiene que debe de haber muestras de que se quiere crecer.

De igual manera lo plantean los empresarios Kriete y De Sola como pruebas de que hay voluntad de crear consenso par lograr que los camioneros puedan atravesar El Salvador a más de 12 millas por hora.

Esto, a juicio de los empresarios, implica hacer un estado más eficiente y efectivo, propiciar las medidas para hacer una economía más competitiva, lo que implica reformar y adecuar las leyes para hacer más competitiva la economía, pero sobre todo generar un mensaje de confianza y seguridad para la inversión extranjera que ahora imposibilita mayor inversión que genere trabajo y bienestar a la población.

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