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Centro infantil se ve obligado a cerrar por Lepina

Ley ya no les permite recibir niños sin el aval de un tribunal, por lo que de casi 50 internos, hoy tienen apenas cuatro

Tras las clases que reciben los jóvenes, en la fundación también les daban refuerzo escolar, según dijeron empleados de dicho hogar. Foto edh / Cristian DÍAZ

Tras las clases que reciben los jóvenes, en la fundación también les daban refuerzo escolar, según dijeron empleados de dicho hogar. Foto edh / Cristian DÍAZ

Tras las clases que reciben los jóvenes, en la fundación también les daban refuerzo escolar, según dijeron empleados de dicho hogar. Foto edh / Cristian DÍAZ

SANTA ANA. El Hogar de Niños Amor y Esperanza, administrado por la Fundación La Sagrada Familia, cerrará sus puertas debido a que Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia (Lepina) no permite que reciban niños sin que un juzgado especializado avale su ingreso.

Eso ha llevado a que sus amplias instalaciones estén desaprovechadas y que apenas atiendan a cuatro menores, de entre los 9 y 16 años. Han estado internos, en promedio, los últimos cuatro años.

Este hecho repite la historia del reciente cierre de la Ciudad de los Niños, un centro de atención y capacitación de niños y jóvenes necesitados, a cargo de la congregación salesiana (ver nota aparte).

La ley Lepina, en parte de su artículo 80, expresa que "Las niñas, niños y adolescentes sólo podrán ser separados de su familia de origen en los casos en que sea estrictamente necesario para preservar su interés superior, de conformidad con los requisitos y procedimientos previstos en la Ley".

En el Hogar Amor y Esperanza hay preocupación porque tienen el deseo de cobijar a niños necesitados, ya que si bien algunos cuentan con familias, su difícil condición económica no les permite proveerles lo básico.

El futuro cierre también preocupa a los siete empleados del Hogar, pues no contarán con un trabajo estable.

Plazas como la de sicólogo, educador, trabajo social, motorista y secretaria son algunas que desaparecerían.

En esa institución, los afectados no quieren identificarse. Al director no le gusta hablar sobre el cierre porque dijo no querer "propaganda"; sin embargo, reconoció que es lamentable que se estén cerrando estas instituciones donde le daban a los beneficiados una "formación y educación integral".

Agregó que tienen capacidad para albergar a 36 jóvenes, aunque por la demanda llegaron a tener hasta 49.

Recordó que a finales de 2010 tenían 28 internos y que el Instituto Salvadoreño para la Niñez y l a Adolescencia (Isna) llegó para llevarse a la mitad de ellos. Paulatinamente se fueron quedando sin jóvenes que atender.

Luego se sumó la prohibición de recibir a menores de edad sin el aval de un tribunal especializado.

Una de las empleadas, que no se identificó, explicó que a principios de abril enviaron la carta comunicando el cierre, al Isna.

Desde entonces, tres entidades que trabajan con niños, dos de Santa Ana y una de Santa Tecla, han llegado a evaluar a los menores para estudiar su posible ingreso en ellas.

Agregó que "cuando la ley entró en vigencia, se crearon los juzgados de niñez y adolescencia; ahorita son los jueces quienes dan la medida en estos niños".

"El Isna ni ninguna otra institución nos pueden decir que no cerremos porque somos una ONG (Organización No Gubernamental) y no nos pueden detener. No es el Estado el que nos está manteniendo, ni para los niños ni para el personal", dijo.

En este Hogar, los niños recibían atención integral. Además de su formación espiritual y escolar, asistían a una talleres vocacionales como dibujo, pintura, música, computación, obra de banco, inglés y panadería.

Esos talleres son impartidos en una anexo que tiene la fundación y que están abiertos también a jóvenes que residen en los alrededores.

El Hogar cuenta con edificios donde funcionan dormitorios, comedor, biblioteca, bodegas y capilla. Opera con ayudas internacionales.

La educadora del Juzgado Especializado de Niñez y Adolescencia de Santa Ana, Saady Ventura, explicó razones de por qué, posiblemente, los hogares que funcionan en el occidente están cerrando.

Dijo que la institucionalización de los niños es el último recurso que impone un juzgado porque "nadie puede estar internado si no es por una orden judicial. La idea es que la familia asuma la responsabilidad", explicó.

La ley Lepina, en el Artículo 129, señala que el acogimiento institucional constituye una medida judicial de protección, de carácter estrictamente temporal, excepcional y por el menor tiempo posible. Da un plazo máximo de tres meses bajo revisión de una autoridad judicial.

Ventura agregó que algunos hogares ya no mantienen niños internos sino que los atienden durante el día. Luego regresan con sus familias.

En el Hogar de Niños Amor y Esperanza, el internamiento es completo. A Ventura se le preguntó por qué no se están enviando a muchos niños a este tipo de hogares. Respondió que "hay centros de acogida que brindan otras modalidades para que los niños estén bajo la medida de acogimiento institucional".

Por ejemplo, "en el caso de las Aldeas (Infantiles) tienen un programa más familiar, donde están en una casa y alguien responsable que figura como una mamá y están junto a otros niños. Es una situación más parecida a un hogar normal", explicó Ventura.

El Hogar de Niños Amor y Esperanza fue fundado el 10 de marzo de 1998, para atender a niños de entre los 7 y 18 años.

Comenzaron con un niño de 14 años que tenía problemas con las drogas y que fue encontrado en el parque Isidro Menéndez, de Santa Ana.

A pesar de que hallaron varios niños en las calles, tras un recorrido por varias zonas de la ciudad, sólo fue uno el que aceptó irse para el Hogar.

Quienes han estado en el Hogar han tenido que cumplir con horarios establecidos para integrarse e involucrarse a las actividades de esa institución.

Por hoy el ofrecimiento de la fundación es seguir trabajando para crear una escuela de música con niños de la comunidad donde funciona, en la lotificación San Luis Gonzaga, de Santa Ana.

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