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Carestía y violencia frenan la enseñanza en el sistema público

b En las escuelas cuestionan la constante falta de recursos básicos para trabajar

En la escuela Dr. Victorino Ayala los niños tienen instrucción de utilizar mochilas transparentes. Fotos EDH / Douglas Urquilla.

En la escuela Dr. Victorino Ayala los niños tienen instrucción de utilizar mochilas transparentes. Fotos EDH / Douglas Urquilla.

En la escuela Dr. Victorino Ayala los niños tienen instrucción de utilizar mochilas transparentes. Fotos EDH / Douglas Urquilla.

La incertidumbre y la frustración son dos situaciones recurrentes que empañan el inicio del año escolar 2015 en los centros escolares públicos, tanto del área urbana como rural. Eso es lo que se identificó entre los directores y profesores de por lo menos diez instituciones con las que este matutino contactó en las últimas dos semanas.

"Créame que uno quisiera hacer más por las instituciones educativas, especialmente por la niñez", citó Gloria Müller Díaz, directora del centro escolar Joaquín Rodezno, ubicado en el centro de la capital.

Las palabras de Müller Díaz responden al hecho de que la infraestructura de esa escuela necesita muchas reparaciones y ellos, según afirmó, ni siquiera tienen un cinco en las arcas para comprar algún material educativo.

La Rodezno, un centro educativo donde se lucha por recuperar la matrícula que el año pasado cayó de mil 144 alumnos a 800, debido al accionar de las pandillas en su entorno, no es la única que sufre esta situación de precariedad e impotencia.

En el municipio de Cuscatancingo, el centro escolar Lirios del Norte también demanda mejoras en la infraestructura y la provisión de educadores.

"La escuela es bastante grande y nunca ha tenido profesor de educación física ni maestro de artística. Si nos dieran eso (recursos) crecería nuestra población", aseveró Saúl Alexander Rosales, director de la citada escuela, quien evita abordar con profundidad el tema de la violencia en ese sector y el impacto que ésta tiene en el quehacer de la institución.

La institución que Rosales dirige tenía, hace tres años, un promedio de mil estudiantes. Este año lo inició con 250 y la esperanza de llegar a 300.

En otro punto de ese municipio, los profesores y estudiantes del centro escolar Montecarmelo aún no ven cumplido su sueño de tener una buena infraestructura escolar.

Y es que ellos, con apoyo de la comunidad, iniciaron la construcción de un salón de clases y una cocina, pero las autoridades del centro explicaron que no han logrado terminarla ni comprar insumos para equiparlas debido a la falta de fondos.

Aunque en Montecarmelo tienen computadoras Lempita, que le fueron dotadas por la cartera de Educación, carecen de un espacio para instalar un Centro de Recursos de Aprendizaje (CRA).

Mientras, en el centro escolar Comunidades Unidas, una exescuela Educo ubicada en las cercanías del Penal La Esperanza, en Mariona, la situación no deja de ser complicada: "Estamos en la casa comunal y el espacio para los niños es reducido. El techo está dañado y en invierno el agua se cuela por todos lados. Como el piso pasa mojado, los niños y docentes suelen andar con gripe y tos", explicó la directora Juana Margarita Portillo.

De acuerdo con lo externado por Portillo, ellos atienden un total de 250 alumnos en los dos turnos.

La educadora expresó su pesar porque el Ministerio de Educación (Mined) ya no les ha mandado guías para que los profesores preparen sus clases, tampoco libros de texto para que estos últimos trabajen en el aula y en su casa.

Material didáctico y libros de apoyo también faltan en el centro escolar Cantón Arenales, otra de las instituciones ubicadas en San Salvador.

Sentir en la zona rural

En la medida que los centros educativos están más lejos del área urbana, las quejas por la precariedad con que trabajan se hacen más fuertes.

"El problema es que el Ministerio de Educación en nuestro centro escolar no nos ha colaborado de ninguna manera", aseveró Isaí Méndez Aparicio, director del centro escolar San Francisco Candelaria, de San Pedro Perulapán, departamento de Cuscatlán.

Según Méndez Aparicio, lo poco que tiene la escuela se logró años atrás por gestiones con ONG's. Pero el caso es que, ahora, la edificación necesita que se le construya un muro perimetral al costado norte.

La preocupación del director y los maestros es más que real, considerando que el municipio donde está asentada la comunidad educativa es conocido por tener una marcada incidencia de pandillas.

Desde hace un año, la escuela se encuentra custodiada por elementos de la Fuerza Armada, para brindar seguridad a los miembros de la comunidad educativa.

"Necesitamos abrir un centro de cómputo equipado y con acceso a Internet, ya que tenemos estudiantes de tercer ciclo. También material audiovisual, biblioteca y laboratorio (de ciencias)", añade el director de la escuela, no sin sumarse al lamento de que la cartera de Educación entregue los presupuestos de funcionamiento tarde.

No lejos de allí, los docentes del centro escolar San Francisco, también resienten la falta de recursos para trabajar bien con los alumnos, desde material didáctico, textos de apoyo hasta tecnología. "Cada educador ha ambientado (sus aulas) de acuerdo a lo que ha tenido en sus bolsillos", comentó el subdirector de esta comunidad educativa, Mario Ernesto Serrano.

La institución cubre de primero a sexto grado. Se conoció que hace tres años se vio obligada a cerrar tercer ciclo debido a que los maestros empezaron a ver ciertas conductas entre los alumnos y temieron ser impactados por las maras. Sin embargo, los docentes dicen que ahora no hay problemas.

Hay instituciones de enseñanza como el centro escolar Doctor Victorino Ayala, ubicado en Cuyultitán, La Paz, que tienen muchos años de haber sido fundadas, pero su infraestructura no ha sido rehabilitada.

"Nunca se le ha dado seguimiento a los techos y al sistema eléctrico. Hay algunas aulas en donde las conexiones no funcionan. Sí me preocupa grandemente porque en un momento dado hasta puede haber un cortocircuito", explicó Blanca Herminia Aguilar García, directora de este centro.

Aunque la comunidad es pobre, la directora no ha tenido otra que pedir apoyo a los padres para mejorar la cancha y algunos baños.

Aguilar García sostuvo que allí también necesitan que le asignen a los subdirectores de la mañana y tarde, así como un docente de matemática y dos de profesores de inglés para poder atender a todos los estudiantes. Según lo externado por la directora, por la falta de profesores ella se ve obligada a atender cursos.

En 2013, la escuela, que se encuentra en el límite entre dos pandillas, tuvo 764 estudiantes. Un año después, 689 y en el presente, 595. La reducción se evidencia, sobre todo, en los primeros grados.

"Cuando un niño se va, se le pregunta al padre de familia por qué lo retira, y se levanta un acta. En lo que siempre todos coinciden es por lo del pandillerismo, que los niños con sus familias se ven acosados", sostiene la directora.

Sin embargo, ella asegura que hasta el momento no tiene una denuncia concreta de que las amenazas se den dentro de la escuela.

En el sector Occidental del país, las responsables del centro escolar Anselma Sánchez de Mancía, de El Congo, no perdieron oportunidad de señalar que ellos son de las escuelas que necesitan muro perimetral y que les construyan seis aulas que sustituyan igual número que tienen deterioradas. Mientras en el centro escolar República Federada de Metapán requieren acceso a Internet, incrementar el número de computadoras y libros de texto.

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