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Boicot deja huella en pequeños comerciantes que solo ven pérdidas

Canastos con productos a punto de deteriorarse y poca afluencia de gente era el panorama ayer a mediodía.

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El caos e incertidumbre que ha vivido el país los últimos cuatro días no solo deja huella en miles de salvadoreños que se vieron obligados a viajar casi colgados del transporte alternativo, también deja estragos en miles de pequeños comerciantes que hasta ayer habían perdido un gran porcentaje de la inversión hecha esta semana.

Aunque el sector empresarial ha cuantificado millonarias pérdidas en el comercio, por el caos generado con el boicot al transporte colectivo, la realidad para los pequeños comerciantes en las calles, mercados y plazas públicas, es más desalentadora de lo que parece.

En un recorrido realizado por un equipo de El Diario de Hoy se pudo constatar la situación que les ha tocado enfrentar.

Cada uno con su propia historia y su realidad, el entorno hablaba por ellos.

Canastos llenos de frutas, verduras y productos que los comerciantes no habían logrado vender desde hace días, era el común denominador en pequeños negocios, y lo peor, los mercados lucían con poca afluencia de compradores.

En el mercado mayorista La Tiendona aunque han mantenido un horario de apertura y cierre relativamente estable, varios vendedores resienten que permanecer en sus puestos no ha abonado en nada.

El cansancio que les genera estar despiertos desde tempranas horas, pasar todo el día rebuscándose por sacar “por lo menos para su comida”, y ver que al final del día no han tenido ganancias, solo les deja más preocupación.

“A uno los proveedores tratan de entenderlo y de ver cómo le ayudan para que uno les vaya pagando el producto, pero los bancos no perdonan”, resintió una comerciante de la Tiendona.

Su preocupación no es para menos, llevan cuatro días en los que la venta se les ha reducido hasta en un 80 % , el producto ya se les ha dañado y la inversión ya no es recuperable.

Con la situación climática que vive el país, donde el calor tiende a deteriorar más rápido las frutas y verduras expuestas al sol, a los comerciantes solo les queda tratar de ofrecer el producto a un precio más bajo, o esperar la voluntad de Dios.

Historias como estas se repiten en el mercado San Miguelito, donde dueños de comedores han tenido que resignarse a no vender ni siquiera la mitad de los alimentos, porque no hay clientes que quieran acercarse a comer en el lugar.

En algunos casos han señalado que apenas han logrado vender un 25 % de la comida que preparan y con el resto deben ingeniárselas para ver qué hacen, porque algunos productos ya no se pueden volver a calentar.

También las tortilleras y pupuseras lamentan que sus ventas se hayan venido abajo por el boicot al transporte colectivo.

En este mercado aparte de enfrentar la reducción de las ventas, se han visto obligados a cerrar sus puertas antes de las tres de la tarde, lo que ha provocado que los vendedores perciban menos ingresos.

Muchos de estos pequeños comerciantes cierran esta semana con la esperanza de encontrar la forma de pagar sus deudas a los proveedores y bancos, pagarles a sus empleados y abastecer sus hogares con lo necesario, aunque sus bolsillos no tengan lo suficiente para poder hacerlo.

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