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A 36 años de sandinismo, Nicaragua sigue pobre

De una “revolución traicionada” califica el sacerdote Ernesto Cardenal gestión de Ortega

Nicaragüenses durante una protesta en Managua contra la construcción del canal interoceánico en ese país. Foto EDH /Archivo

Nicaragüenses durante una protesta en Managua contra la construcción del canal interoceánico en ese país. Foto EDH /Archivo

Nicaragüenses durante una protesta en Managua contra la construcción del canal interoceánico en ese país. Foto EDH /Archivo

Nicaragua celebró ayer los 36 años del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza, pero tras décadas de Gobierno de Daniel Ortega, la población nicaragüense resiente que poco o nada ha cambiado en el país, más que haber pasado de una “dictadura familiar de Anastasio Somoza a una dictadura familiar de Daniel Ortega”.

Periodistas y hasta quienes lo apoyaron en su “lucha revolucionaria”, ahora ven con recelo y cuestionan un sistema económico que sigue emulando un modelo “pro negocios privado”, que ha logrado privatizar la cooperación venezolana que le ha permitido “desviar fondos para actividades partidarias” y crear “un emporio económico privado de negocios familiares al margen de toda supervisión estatal”.
Según el periódico digital “Diario Las Américas”, Ortega ha logrado manejar a su discreción y fuera del Presupuesto General de la Nación 3,300 millones de dólares entre 2007 y 2013.

A esto se suman las reformas impulsadas por Ortega hace más de un año, una a la Constitución de la República de Nicaragua quitando el candado que tenían los Gobernantes para poder reelegirse y poder así perpetuarse en el Poder.
También modificó el Código Militar para obtener el sometimiento de las instituciones armadas a su voluntad.
Ahora Ortega y su esposa Rosario Murillo desvelan en cada celebración del triunfo sandinista todo “el populismo, la opulencia y el derroche de la familia gobernante”, el mismo que fue criticado duramente por Ortega en tiempos de Somoza. 

Las celebraciones se montan sobre todo un espectáculo como muestra del poder del Sandinismo, el mismo que engrandece a los pobres del mundo pero que “consume aguas Perrier importadas desde Francia y reservados para gente con alto poder adquisitivo, viaja en carros Mercedes Benz, tiene un portafolio de empresas, canales de televisión, radios; y maneja el destino del país a su conveniencia”.
A este evento cargado de frustración para unos y de complacencia ciega para otros, asistió una delegación del FMLN encabezada por el diputado y Secretario General del partido oficialista, Medardo González, y el alto dirigente, José Luis Merino. 

En declaraciones a medios oficiales nicaragüenses los políticos salvadoreños destacaron los lazos de amistad con los sandinistas y, según ellos, su apoyo en la lucha “contra la pobreza que impulsa el Gobierno de Ortega”, publicó la agencia Efe.
Pero lo cierto es que la actual situación que atraviesa Nicaragua dista mucho de lo prometido el 19 de julio de 1979 cuando culminó la lucha armada encabezada por Ortega en contra de Somoza, quien gobernó por más de cuatro décadas.
Los contrarios al sandinismo de Ortega le llaman a este proceso de sueños “la revolución perdida”. “Fue una revolución muy bella, lo que pasa es que fue traicionada”, lo que hay ahora “es una dictadura familiar de Daniel Ortega. Eso no fue lo que apoyamos nosotros”, sostuvo el poeta, sacerdote y Ministro de Cultura en la década revolucionaria, Ernesto Cardenal.

El sacerdote quien ahora se ha convertido en uno de los más fuertes críticos del líder sandinista es el mismo que en 1983 copó la atención mundial cuando su Santidad Juan Pablo II lo amonestó y sancionó en público por apoyar la revolución.
“No me arrepiento de haber apoyado” ese proceso, afirmó Cardenal a inicios de año a la prensa extranjera, sin embargo, hoy lamenta que “ya no hay FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional)” sino un partido “electorero que ha puesto en el poder de nuevo a Ortega”, le ha dado “todos los poderes del país” y lo está “enriqueciendo fabulosamente”, dice sobre su excompañero de lucha.

La celebración de ayer es una muestra del giro “revolucionario de Ortega” y su entorno. “Una revolución que muchos llaman de tarimas enfloradas, con predominio de color rosado, los sellos y símbolos que solo Murillo puede interpretar, un sandinismo empresarial en su cúpula que tiene adormecido a las clases populares que aún sueñan, guiada por la propaganda populista, en la tierra prometida”.
Así, Nicaragua lleva su celebración a gastos innecesarios para una población que sigue empobrecida, al igual que en los periodos presidenciales de Somoza, ejemplo de ello son los “llamados árboles de vida” que son “enormes estructuras metálicas de más de 20 metros de altura que le pasan una enorme factura al erario público por su alto costo”.

Todo esto es que lo que revela el diario digital “Las Américas” en una publicación de ayer, en donde reseña que el pueblo nicaragüense “se siente traicionado” por Ortega.
“En realidad son una enorme afrenta para un país empobrecido que a duras penas subsiste, pero además, la muestra del abismal contraste de aquella revolución cargada con jóvenes idealistas que se ganó el corazón del pueblo a lucha de sangre y fuego para derrocar la temida dictadura de los Somoza”.

En la actualidad, las celebraciones del triunfo sandinista de la familia Ortega contrastan con la realidad de los nicaragüenses versus un tsunami de propaganda oficial, plagado de opulencia “con mega rótulos instalados por todo el país, de color fucsia con la imagen de Ortega sonriente y con el puño alzado, con leyendas como “Arriba los pobres del Mundo”, “El Pueblo Presidente”, “Bendecidos, Prosperados y en Victoria”, “Viva la Revolución”, “(Nicaragua) Cristiana, Socialista y Solidaria” o “Cumplirle al Pueblo es Cumplirle a Dios”.

El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, sostiene que en Nicaragua se ha instalado un proceso de regresión autoritaria encabezado por un nuevo FSLN, privatizado por Ortega y Murillo, mientras las instituciones estatales como el Consejo Supremo Electoral o el Ejército Nacional que antes parecían conquistas irreversibles, han sucumbido a la cooptación del caudillismo.

“El nuevo régimen de Ortega, en proceso de consolidación, se presenta como una versión del “socialismo del siglo XXI”, cobijado bajo los símbolos rojinegros de Sandino (héroe guerrillero de Nicaragua) y la revolución sandinista”, escribió el periodista en la conferencia  “Archiving  the Central American Revolutions”,  organizado por el  Centro de Estudios Latinoamericanos (LILLAS) de la Universidad de Texas en Austin , el 19 de Febrero 2014.

Según Chamorro, durante la trayectoria de Ortega no se ha observado un proyecto de cambio revolucionario o de reformas sociales como lo prometió al asumir el poder, al contrario, “revela la conformación de un régimen corporativista en alianza con el gran capital nacional e internacional, que ejerce un alto grado de control social sobre importantes grupos organizados de la población, sindicatos, cooperativas, y jóvenes”.

Y ejemplifica como Ortega juega a cooperar con los EE.UU. en temas de seguridad, drogas y comercio, mientras hace alianzas con el Alba y se alinea políticamente con Rusia y recientemente con China, otorgándole la concesión del megaproyecto del canal interoceánico, una concesión “lesiva” a la soberanía de Nicaragua, reflexiona el periodista Chamorro.

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