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las Cartas de Paolo Lüers

Correspondencia al presidente: Su discurso no pronunciado en Panamá

Lastimosamente, el verdadero discurso que tuvo que haber pronunciado el presidente Salvador Sánchez Cerén en la Cumbre de las Américas en Panamá, se traspapeló en los maletines de su comitiva, y al fin le dieron otro discurso confuso, mediocre, oportunista, sin audacia. Por tanto, la presencia de El Salvador en esta cumbre pasó desapercibido entre las palabras polémicas y antiimperialistas de Daniel Ortega, Cristina Kirchner, Rafael Correa, Nicolás Maduro y Evo Morales, y las ponencias diplomáticas de Obama y Castro. Reconstruimos aquí el discurso original, que hubiera puesto a El Salvador en el centro del debate continental. Qué lástima que lo único que recordarán de nuestra presencia en Panamá es el presidente que se durmió a la par de Obama…

Estimados presidentes de las Américas:

Vengo de un país pequeño, pero que ha escrito historia en el continente: El Salvador es el país que logró resolver una cruenta guerra civil de 12 años, negociando una reforma política que nos trajo la desmilitarización, la vigencia de los Derechos Humanos, el pluralismo político, la división de poderes y la libertad de expresión.

Como signatario de estos Acuerdos de Paz, me tomo la libertad de decirles a ustedes un par de verdades y darles un par de consejos incómodos, pero necesarios.

A mis queridos colegas y correligionarios de izquierda, los presidentes de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia les digo: El socialismo que juntos anhelamos, solo tendrá vigencia si nos comprometemos, sin condicionamiento alguno, con los principios de la libertad de expresión y prensa; con el irrestricto respeto al principio republicano de la división de poderes; y con los plenos derechos de disentir, ejercer la oposición, y buscar la alternancia por la vía de elecciones libres.

Personalmente me llena de felicidad ver aquí al fin al presidente de Cuba. Lo felicito por los pasos que Estados Unidos y Cuba han dado para normalizar sus relaciones. Pero le tengo que decir al compañero Raúl Castro, con el cual me unen décadas de amistad: Los próximos pasos los tienen que dar ustedes en Cuba. No solamente el gobierno de Estados Unidos, no solamente los gobiernos y partidos de derecha del continente esperan que en Cuba sea admitido el derecho de publicar periódicos independientes y críticos, y que se abra espacio para partidos de oposición - es una necesidad imperante de la izquierda latinoamericana que Cuba implemente estas reformas, libere a los presos políticos y deje de fomentar movimientos clandestinos y armados, ya anacónicos en pleno siglo 21. Si vemos estos cambios en Cuba, todos juntos vamos a exigir a Estados Unidos que levante el embargo y quite a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo.

De la misma manera tengo que decir a mi amigo Nicolás Maduro que mientras su gobierno no cese la persecución de los líderes de la oposición y el asedio a la libertad de prensa, la izquierda latinoamericana no tiene autoridad moral para exigir a Estados Unidos que derogue las sanciones contra Venezuela. Y nuevamente, estoy hablando en representación de un país donde hemos logrado superar una guerra civil conquistando precisamente estos derechos. Es más, nosotros fuimos a la guerra para conquistar las libertades de expresión y de organización sistemáticamente negadas por los gobiernos militares.

Por más que estimo la revolución ciudadana liderada por Rafael Correa, en nombre de la izquierda latinoamericana y de un pueblo que ha sufrido en carne propia las consecuencias de la represión con la libre expresión y la disidencia, tengo que rechazar las declaraciones que en esta cumbre ha dado sobre la libertad de prensa. No pueden ser los gobiernos los que deciden cual es la prensa buena y la prensa mala. No podemos los gobernantes decidir qué es la verdad.

He escuchado con atención el discurso del amigo Daniel Ortega. Tengo que decirle: Hemos luchado juntos contra el imperialismo, cuando intervino en Centroamérica para sostener dictaduras. Pero estas dictaduras han sido derrotadas, en toda América Latina hemos vencido el militarismo y la exclusión política de las izquierdas. Ahora estamos gobernando en muchos países, y es nuestra responsabilidad convertir a los Estados Unidos en socio del desarrollo.

Seguiremos exigiendo a Estados Unidos respeto a la soberanía de nuestros países, pero no podemos seguir con el discurso antiimperialista, solo porque desde Estados Unidos se sigue reclamando lo que nosotros deberíamos ser los primeros de exigirnos mutuamente: el respeto a las libertades, elecciones libres y una institucionalidad democrática basada en la división de poderes y en los derechos de la oposición política.

Disculpen que he hablado de esta manera franca, rompiendo moldes de falsa solidaridad. Pero esto es el aporte que El Salvador puede dar a los pueblos hermanos de las Américas, aplicando las lecciones de nuestra historia. Si lo que aquí les he expuesto se convierte en el consenso del continente, nuestra solidaridad será incondicional, siempre cuando estos principios se violen en nuestra América. Por donde sea y por quien sea.

Gracias, presidentes.

Estimado presidente: P.f. guarde este discurso. Habrá otra oportunidad para pronunciarlo. Atentamente, Paolo Lüers