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Carta al ministro de Economía: Mejor renuncie antes de que lo echen

Por Paolo Lüers

Señor Tharsis Salomón López:

Usted ha logrado pasar casi desapercibido en el gobierno de Salvador Sánchez Cerén.

Hizo noticias solo por dos cosas: El año pasado, cuando anunció que iba a quitar el subsidio al gas a unas 40 mil familias, y cuando inmediatamente Casa Presidencial le paró el tren, dejándole claro que solo porque le dieron un ministerio no significa que puede tomar decisiones sin consultar con la dirigencia del FMLN.

Y la segunda vez, este año, cuando le salió otro tiro por la culata: el despido de su gerente jurídico, Daniel Ríos. Otra vez quedó en ridículo: La Sala le ordenó volver a instalarlo.

¿Cómo se le ocurrió que usted, que llegó al gobierno no por mérito, sino por “cuota” de GANA, tenía el derecho de remover, por caprichos personales, a uno de los pocos militantes del FMLN histórico que luego de los Acuerdos de Paz se había convertido en un excelente profesional de derecho? ¿Y no solamente a él, sino a todos los funcionarios que el Dr. Héctor Dada había llevado al ministerio por su trayectoria limpia y profesional?

Claro, Daniel Ríos tiene tres pecados originales: Proviene del ERP; ha aprendido a no ser sumiso, sino usar su propio criterio crítico; y estar casado con Bessy Ríos.

A mi me dio ataque de risa cuando me contaron cómo comenzó este lío. Bessy, muy a pesar de que su esposo trabajaba en su ministerio, publicó un artículo en El Faro criticándole el pésimo manejo del asunto del subsidio del gas. Y usted llamó a Daniel a su despacho para decirle que “pusiera quieta” a su esposa. No sé cómo es su esposa, señor ministro, y qué concepción tiene usted del matrimonio, pero la sola idea de que Bessy Ríos se deje “poner quieta” por su esposo, a órdenes de su jefe, es absolutamente risible.

Al no funcionarle esta movida, decidió mejor “poner quieto” a todo el ministerio: Despidió a Daniel Ríos y los mejores profesionales del equipo legal que él conducía, a la gerente de comunicaciones, y hasta a su principal asesor. Y como es costumbre de cobardes, pidió ayuda al poder real, o sea a una de las eminencias grises de Casa Presidencial: Marcos Rodríguez. Pidió a Rodríguez y su policía interna en la Secretaría de Transparencia a “investigar” a los funcionarios incómodos que había heredado en el ministerio. Fabricaron un “informe”, hecho por “investigadores” de Transparencia Activa, con base a este, procedieron a despedir a Daniel Ríos y a los demás.

Claro que esto no funciona así no más. A Ríos ya lo amparó la Sala de lo Constitucional y tuvo que reinstalarlo, aunque se niegue a devolverle sus funciones como gerente jurídico. Los demás amparos están pendientes.

¿Usted piensa que la gente del FMLN, espantados por la torpeza de su “ministro de cuota”, lo van a proteger? A su asesor, a quien echó del ministerio porque denunciaba sus raros manejos financieros y administrativos, ya lo jalaron a la Secretaría Técnica. Usted tal vez puede confiar en su cómplice, Marcos Rodríguez, pero déjeme decirle: en el FMLN ya lo ven como carga – y van a ver cómo se deshacen de usted antes que todo el gobierno quede mal parado por sus caprichos...

¿Cómo explica usted que recibió millonarios préstamos del grupo ALBA para su empresa, cuando a su ministerio le toca regular los negocios de este grupo?

¿Cómo explica que en el ministerio se tuvieron que hacer carísimas remodelaciones, sólo porque usted se negó a usar el despacho ministerial si no le instalaban un elevador para llegar a la segunda planta?  Al fin no instalaron el elevador, pero tuvieron que adecuar para usted una oficina en la planta baja – y por supuesto, un baño personal ministerial con mármol?

¿Cómo explica usted, ministro, los excesivos gastos en comidas provenientes de los mejores restaurantes para el ministro y sus reuniones?

¿Y cómo va a hacer cuando la Sala le ordene reinstalar a todos los funcionarios que usted ha despedido sin los procedimientos adecuados que manda la ley? Lo mejor que puede hacer para el país, para su gobierno, e incluso para usted mismo, es renunciar.

                                                                                                           Saludos, Paolo Lüers