Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

las Cartas de Paolo Lüers

Carta al hombre que se cree heredero de monseñor Romero

Ciudadano presidente Mauricio Funes:

De todos los disparates de su presidencia, este ha sido el de peor gusto: "ARENA tiene una obsesión por callar la voz del presidente, algo similar a lo que ocurrió hace 30 años con monseñor Romero". Citado del portal Transparencia Activa de Casa Presidencial, así que no puede haber duda que usted realmente ha dicho esta frase. Lo dijo, y lo dijo así. No sé si cuenta como blasfemia, pero por lo menos es un insulto a monseñor Romero...

Callar a quien abusa de su cargo de poder no es lo mismo que callar a quien denuncia los abusos del poder. Y presentar una demanda jurídica no es lo mismo que tirar balazos para callar a alguien.

Usted se refiere a la denuncia que ARENA hizo ante el Tribunal Supremo Electoral del uso que usted, como mandatario, hace de los recursos del Estado para intervenir en la campaña electoral. No voy a profundizar en este aspecto jurídico-político del asunto, porque ya mi colega y amigo Rodrigo Molina Rochac (en su columna en elblog.com) dijo todo lo que hay que decir al respecto: "Suficiente la indignación que nos causa a los ciudadanos el saber que estamos subsidiando los lujos y caprichos de nuestro gobernante y sus allegados, para que por encima de eso también tengamos que pagar con nuestros impuestos para escuchar al señor presidente insultar, ofender y calumniar sin reparo alguno a quién se le antoje por la razón que se le ocurra".

Voy a enfocar en el aspecto ético e histórico del asunto. ¿Cómo se atreve usted a comparar la voz de monseñor Romero, que desafiaba la represión y sólo pudo ser callada por una bala asesina, con un programa presidencial en la radio oficial donde desde la arrogancia e impunidad del poder se critica, insulta y difama a los opositores?

¿Cómo se atreve a comparar los riesgos que corría Romero cada domingo con su homilía con el único peligro que corre usted cada sábado con su programa radial: el riesgo de hacerse el ridículo y de causar pena ajena incluso entre sus funcionarios y partidarios?

La de Óscar Arnulfo Romero era la voz de los ciudadanos indefensos contra el poder. En el programa de radio de usted habla el presidente de la República usando medios y recursos del estado para difamar a ciudadanos y partidos opositores. Y una acción tan civilizada e impotente como una demanda ante el Tribunal Supremo Electoral contra el uso indebido que hace el presidente de los medios estatales, usted la compara con el disparo que apagó la voz de monseñor Romero. Usted, en la soledad del poder y del lujo, ha perdido toda dimensión histórica y ética de sus acciones.

Por favor, tome en cuenta esta carta como aporte de un ciudadano a su programa radial de hoy sábado. Paolo Lüers