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Carta a don Toni Cabrales

Querido Toni:

A pocos hombres digo "don", pero vos sos, para mi, uno de los últimos caballeros en la clase política del país. Así con vos siempre cambio entre el "don", por el respeto, y el "vos", por el cariño.

Tuve el honor de estar entre los cientos de invitados cuando el jueves en la noche Fusades te nombró "miembro de honor". Me di cuenta que toda esa gente –empresarios, académicos, políticos, magistrados– te tienen el mismo respeto y cariño, cosa extraña en nuestra sociedad polarizada, dividida.

Te conocí, hace un par de años, como el señor de pelo blanco que presidía Fusades, el exministro de agricultura, el ganadero, el dueño de la isla Teopán –un don que inspiraba autoridad, sabiduría, respeto. Nunca me imaginé que un día íbamos a ser amigos– de estos que comparten aventuras. Como aquella de zamparnos al interior de penales y compartir tortillas y discusiones con pandilleros. O a colonias en Ilopango, que son conocidas y temidas como las más violentas, para hablar con vecinos y pandilleros sobre si hay posibilidad y voluntad de construir paz. En una de estas visitas, rodeados de unos 300 jóvenes que se presentaron como miembros de la MS13, tuviste que salvarte corriendo, junto con embajadores y periodistas, cuando por ordenes del ministro Perdomo incursionó una unidad del GRP de la PNC para efectuar capturas.

Yo me pregunté: ¿Por qué un señor ya jubilado, que goza del tiempo libre con sus nietos y sus vacas, se mete en estas locuras? Muy sencillo: Porque te lo pidió el nuncio apostólico, monseñor Luigi Pezzuto. Un día de mayo de 2012 nos citó a la nunciatura a unas 50 personalidades, entre empresarios, líderes de opinión y dirigentes gremiales, para urgirnos (casi ordenarnos) a tomar acción, como sociedad civil, en el asunto de la violencia que estaba comenzando a destruir el tejido social y moral del país.

Y como buen católico, no dudaste en asumir tu responsabilidad. Te pusiste a la cabeza de la creación de la Fundación Humanitaria que intentaría involucrar a la sociedad civil, sobre todo a los empresarios, en la tarea de reducir los conflictos violentos y sangrientos buscar caminos para construir la paz social, mediante el diálogo, la inclusión y la reinserción de los sectores al margen de la sociedad y la ley.

Y todavía, incluso ahora que el gobierno está empujando al país al borde del abismo, buscando una solución militar del problema de las pandillas, que de otra manera no sabe (o no se atreve) a enfrentar, tú mantienes este compromiso, integrando el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana del gobierno, abogando por el diálogo y la cordura.

Muchos te han criticado por este compromiso. Te han dicho que sos ingenuo. Pero yo he llegado a admirar la profundidad de tus convicciones democráticas y tus sentimientos cristianos. Son ellos lo que te han movido a trabajar por la paz, cuando pocos se han atrevido.

Te agradezco que me has acompañado en este camino, que te hayas acercado al problema, donde se expresa con plena crudeza: en las comunidades marginados, en las cárceles.

Escribo esta carta, porque esta es la otra faceta de un gran hombre. Te homenajearon por el servicio que has dado a tu país como ministro, como empresario, como presidente de Fusades. Pero este homenaje no es completo sin hablar del Toni Cabrales que no dudó en salir de su zona de confort, ensuciarse las botas, meterse a donde asustan, con la convicción que siempre expresaste: Tenemos una deuda social histórica con el país, si la hubiéramos atendido a tiempo, hoy no tendríamos el flagelo de la violencia.

Gracias, Toni, por la confianza que expresaste en estas andanzas, en las cuales nos hemos hecho amigos. Un abrazo, Paolo Lüers

Posdata: Hay otra cosa por la cual felicitarte. En el acto en que Fusades te homenajeó, también juramentó su nueva Junta Directiva. El hecho que Fusades quede en manos de una nueva generación, con gente tan excelente y renovadora como Miguel Ángel Simán, Claudia Umaña, Carlos Calleja, Alejandro Poma y Claudia Cristiani, es muestra que la obra de tu vida, Fusades, es un éxito.