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¿Volverá a ser sello importante el "Hecho en El Salvador…"?

La economía real no es una transferencia de riqueza de unos a otros como piensan los marxistas, sino creación de nueva riqueza y buen aprovechamiento de recursos.

"Made in China", como igualmente fabricado en Vietnam o ensamblado en Laos, son leyendas al fondo de muchos enseres de gran calidad, entre ellos los productos Apple, electrodomésticos de variadas marcas, maquinaria pesada, ropa, cosméticos…

Pero lo "Made in El Salvador" es menos usual ahora que antes a medida que el país ha ido perdiendo competitividad y se reduce la inversión, tanto la interna como la externa.

"Made in El Salvador" fue un sello de orgullo en una época, cuando componentes electrónicos de tecnología punta, fabricados por la Texas Instruments en su planta modelo y piloto de El Salvador, iban posesionándose en los mercados del exterior. Y fue para suministrar insumos a ese gran consorcio que brotaron "de la nada" nuevas empresas, sobre todo en el área industrial de San Bartolo, zona ahora prácticamente desaprovechada. Hasta autobuses se ensamblaban aquí.

La Texas, como en su momento lo declararon sus directivos, dejó el país cuando los comunistas emprendieron "la liberación" de El Salvador y comenzaron a arrasar a sangre y fuego lo que con tanto esfuerzo se construyó en años previos… y ese liderazgo tecnológico se perdió.

Pero siempre se pueden revertir las políticas ruinosas, dar marcha atrás y apostar por el desarrollo y el futuro. Ese es el anhelo de grandes sectores poblacionales.

La prosperidad es tanto resultado de un cúmulo de condiciones favorables, como al mismo tiempo el fruto de políticas transparentes. Hay además un caudal de experiencia de países que salieron de la pobreza, los famosos "milagros económicos" que cubren desde el alemán, en los años 50 y 60, al japonés, al de los "Tigres del Asia", el presente de Vietnam y la Indochina, el de China comunista pero que ahora es China capitalista.

Es casi un milagro el progreso del país en este último siglo

Como contrapartida están los casos ruinosos y extremos de empobrecimiento y servidumbre, en la actualidad el cubano, el de Corea del Norte, el de Venezuela.

No hay fórmula más efectiva para llevar a un país a graves extremos de pobreza que volverlo comunista. Y Venezuela es un lustroso ejemplo: el país está sentado sobre riquezas minerales inmensas, un territorio enorme, selvas vírgenes, una envidiable situación geográfica, pero la gente tiene dificultades para conseguir pollos, leche, papel higiénico, boletos aéreos al exterior.

Venezuela sufre de una inflación que mes a mes roba parte de su salario a los trabajadores, reduce los ingresos de negocios y productores, de los que quedan, ahuyenta el ahorro y carga sobre las finanzas del régimen.

Pero los capataces venezolanos no logran entender la diferencia entre lo que es el síntoma de la inflación, la subida de precios, y su causa, que es la emisión de dinero sin su correspondiente contrapartida de incremento de bienes.

Es claro que una moneda fuerte y estable, al igual que reglas del juego claras y seguras, son condiciones esenciales para el desarrollo. Pero no las habrá sin instituciones fuertes independientes del poder político, de un orden de leyes que encaje con el Derecho internacional, así como la sabia administración de los recursos públicos, lo que es lo contrario de la situación salvadoreña.

La economía real no es una transferencia de riqueza de unos a otros como piensan los marxistas, sino creación de nueva riqueza y buen aprovechamiento de recursos. La mejor prueba es lo que fue el país en 1900 y lo que es hoy.