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Venezuela quiere volver a las cavernas monetarias

En todo caso, aquí debemos comenzar a practicar el trueque, ya que los comunistas viven proclamando su intención de volver al colón, o sea al papel sin valor y a los intercambios directos, "trueques"

Se echa mano del trueque cuando el sistema monetario y las operaciones normales de intercambio, el comercio, están desplomándose, como se confiesa implícitamente al convocar Venezuela a la "cumbre" de Petrocaribe en Nicaragua. El país ha dejado de tener suficiente crédito en el mundo para importar todo lo que necesita, por lo que se ve forzado a montar crudas operaciones de trueque: tú me mandas alimentos y yo te suministro petróleo.

Nada de engorrosos pedidos, cartas de crédito, pago en monedas fuertes... Como si los salvadoreños importáramos automóviles de Corea ofreciendo pagar en tres años con la cosecha de café del 2016.

Venezuela, como sucede en Cuba que obtiene petróleo a cambio de mandar brigadas de médicos/agitadores, está marchando con brío y espíritu revolucionario a la época pre-monetaria, la edad de piedra de la economía.

El trueque se da cuando un campesino lleva gallinas a la tienda del pueblo para obtener ropa o lo que fuere. Y con frecuencia el tendero, por simpatía, acepta el cambio. Sucede asimismo cuando un europeo va por un bazar de Marruecos y le ofrecen cuatro camellos y medio por la mujer... Todo está bien hasta que surge la pregunta de ¿qué haremos con medio camello? Con la moneda como medio de cambio uno puede llegar a fracciones en cien milésimas, pero ¿petróleo Y alimentos? ¿Cuántos barriles de petróleo de calidad de segunda por una cosecha de granos con gorgojos?

¿Quieres patria o papel higiénico? Las dos cosas no...

El ilustradísimo régimen de Maduro, el que recibe mensajes desde los infiernos vía los pajaritos, con sus trueques confiesa muchas cosas. Veamos:

Lo primero, que Venezuela es un país económica y comercialmente fracasado, incapaz de lograr que su población produzca los alimentos, bienes y servicios que necesita;

lo segundo, que una demanda que normalmente alentaría la producción interna en cualquier parte, en vez de mejorar las perspectivas de los venezolanos, favorece a centroamericanos, caribeños, a sudamericanos enganchados al carromato "bolivariano";

lo tercero, que los granjeros salvadoreños sólo van a quedarse sin aprovechar la oportunidad dado el desastre en que está la agricultura del país después de los cambios perpetrados por el primer régimen de izquierda de nuestro país bajo presión de Carter, en los Ochenta.

Y eso que no se han impuesto los "profundos cambios que demanda el pueblo" como lo pregona el candidato comunista.

Hay, empero, otras oportunidades para nosotros y aunque no se nos haya citado oficialmente, aunque hubo una asistencia nutrida: la producción de nuestra industria es capaz de resolver el dilema que los chavistas han planteado a la población: "patria o papel higiénico". En los países normales tener ambas cosas es también lo normal.

El trueque es de rigor en los países socialistas: te dan dos camisas al año pero no te quedan bien, por lo que uno sale a buscar a otro con las camisas del tamaño correcto. Pero este quiere zapatos, así que se triangula, o si no hay tres, pues tal vez entre cinco lo logren... Gordo problema que se resuelve con monedas estables: se compra y se vende sin estar pensando en lo que el otro va a hacer con su dinero.

En todo caso, aquí debemos comenzar a practicar el trueque, ya que los comunistas viven proclamando su intención de volver al colón, o sea al papel basura, sin valor, y a los intercambios directos, "trueques".