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Venezuela: horas en cola para conseguir comida

Imagina, estimado lector, que para conseguir frijoles y harina, además de pan, leche y un poco de fruta, tengas que pasarte en cola, por tres o cuatro horas, sin la seguridad de que al llegar al mostrador habrá eso a la venta

Escasez, censura, inflación y violencia marcan, como lo señala la revista inglesa The Economist, la situación de Venezuela, país que es un “espejo”, como dicen los troleros, de lo que puede sobrevenir a El Salvador si los comunistas consiguen imponer el modelo que llevan dentro de sus cabezas.

 The Economist habla de los resultados de las medidas tomadas por Maduro y que se evidencian en la aguda escasez de comida y la falta casi total de bienes de consumo y hasta medicinas.

Hay largas colas para obtener lo esencial, se sufre violencia y se desploma el bolívar, lo que a su vez roba hora tras hora parte de los salarios de los trabajadores.

Imagina, estimado lector, que para conseguir frijoles y harina, además de pan, leche y un poco de fruta, tengas que pasarte en cola, por tres o cuatro horas, sin la seguridad de que al llegar al mostrador habrá eso a la venta. O comprar un jarabe contra la tos, o una batería para el picachito...

Y esas terribles carencias aumentan semana a semana, sin que se vislumbre un alivio. Y el gran remedio de los chavistas es organizar racionamientos, para que un venezolano al que le vendieron dos libras de frijol no pueda comprar otras dos libras hasta pasadas dos o tres semanas.

 A esto se agrega que Venezuela tiene, en estos momentos, el primer puesto mundial de inflación monetaria, yendo aceleradamente hacia el récord histórico del Hemisferio, establecido por los sandinistas (otro régimen rojo donde un dólar llegó a valer doscientos millones de córdobas...).

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que “el PIB de Venezuela se contrajo en un 10 % en 2015, lo que la convierte en la peor situación económica que atraviesa un país del mundo”. Por su parte, el régimen venezolano dice que la contracción fue de “sólo” 7.1 %,  lo que en cualquier parte es alarmante.

Y a ello se suma el desplome en los mercados del precio del petróleo, cuyas ventas sostenían la fiesta chavista y de los grupos en otros países financiados vendiéndolo al crédito, otra algarabía que también está dejando de ser.
 

A la más leve crítica
desenvainan el garrote  

Para confundir a la población e impedir que los venezolanos se enteren de la magnitud del desastre nacional, Maduro aplica más y más controles a los medios de difusión, a la par de gastar más y más en propaganda.

Pero al confundir, cualquier país cae presa de rumores, lo que a su vez deprime más la economía. Y en esto el régimen salvadoreño ha cometido el grave error y desafuero, de desenvainar el garrote para amenazar a los que informan, critican, comenzando con el presidente de una gremial que tiene todo el derecho democrático de decir lo que piensa.

Si está equivocado, hay que rebatir sus argumentos, no insultarlo ni menos amenazarlo.