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"Mi valija pasó por París, pero París no pasó por la valija"

De todos los viajes oficiales, o viajes espontáneos también pagados con fondos estatales, nadie conoce reportes sobre lo visto y oído ni conferencias para exponer lo que se aprendió ni logros

ARENA cuestiona los motivos para pagarle al profesor Sánchez Cerén un viaje oficial a Uruguay, viaje costeado por Casa Presidencial (de acuerdo con la documentación mostrada) y que, según la denuncia, fue utilizado por el favorecido para hacer proselitismo electoral. En época de vacas muy flacas, que además enflaquecen semana tras semana, el régimen continúa montando viajes de funcionarios al exterior, lo que incluye la pomposa misión a Cádiz que se dice fue integrada por una treintena de personas y que ningún provecho visible ha tenido para el país.

De todos los viajes oficiales, o viajes espontáneos también pagados con fondos estatales, nadie conoce reportes sobre lo visto y oído ni conferencias para exponer lo que se aprendió ni logros que beneficien al país.

Un conocido nuestro decía "mi valija ha hecho muchísimos viajes a varias capitales de la cultura y de la ciencia, llegando a pasar por París y por Nueva York, pero Nueva York ni París pasaron por la valija". Nunca aprenden.

Como salen vuelven, pues la mayoría de viajeros a quienes el régimen despacha allende las fronteras (léase usted, amigo lector, que paga con sus impuestos esas andanzas) regresa tan desconocedora del mundo actual como antes de tomar el avión.

Pero además adquieren mañas: han visto como se come en otros lugares, los bolsos que llevan las mujeres, los exquisitos licores que toman, etcétera, y aquí quieren hacer lo mismo, siempre, estimado lector, echando mano de los impuestos que pagas.

Cuando se ve a un señor ministro cenando con diez o quince miembros de su familia en alguno de los mejores y más caros restaurantes del país, la tarjeta con que se cubre el banquete la paga el respectivo ministerio.

Las misiones oficiales sólo sirven para el paseo

No hay en el régimen actual, conciencia sobre lo que cuesta hacer dinero, la necesidad de vigilar el gasto, el deseo de reducir los despilfarros y buscar formas de ahorrar.

Por lo general, cuando la cúpula de un gobierno gasta sin parar mientes en nada, el resto de la pirámide sigue y todos tratan de ordeñar al máximo la vaquita que los pobres votantes pusieron a su alcance. En tal caso la economía de un país queda, al final de un régimen así, como los bagazos de caña en los trapiches: absolutamente exprimidos, sin que sirvan para nada más que combustible.

Un caso es la "Dirección de Adaptación al Cambio Climático y Gestión Estratégica del Riesgo", fundada en este Gobierno y que, de golpe, apareció con casi cincuenta empleados los que, a su vez, contratarán asesores, asistentes, secretarias adicionales, nuevos muebles y oficinas, etcétera. Sería del caso averiguar la procedencia de esos funcionarios y empleados así como sus cualificaciones para desempeñarse.

Pero esto es nada en comparación a los treinta mil y tantos nuevos puestos creados por el régimen, sin necesidad para ello y sin justificación conocida. Son plazas artificiales para repartir entre los correligionarios a quienes "nada se les había dado". Y ello se agrega a los incrementos salariales a un gran número de otros funcionarios cuya militancia partidista para nadie es un misterio.

En tiempos de crisis externa e interna, cuando hay un marcado descenso en producción, exportaciones, se sufre un deterioro en la infraestructura y son calamitosos los servicios públicos, la nueva clase sigue gastando y regalándose toda clase de prebendas, inclusive misiones oficiales al exterior que nada útil acarrean fuera de pasear a los beneficiados.