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"Si ustedes dejan de mentir, yo dejaré de decir verdades"

En tiempo de Funes se pactaron “treguas” que sólo sirvieron para fortalecer a las pandillas, ignorando las advertencias que la voz pública hizo.

Un candidato a la presidencia de Estados Unidos, Adlai Stevenson, propuso en una ocasión un pacto a sus opositores: si dejaban de decir mentiras sobre él, prometía no decir más verdades sobre ellos. Y ese es el ofrecimiento que ARENA, la derecha y la gente de trabajo puede hacerle a los comunistas, esos grandes maestros del engaño y los espejismos.

El Organismo de Inteligencia del Estado --apelativo que es una especie de contradicción en términos--, acusado de espiar, dar seguimientos, sale ahora con que tiene información de reuniones de dirigentes de ARENA con supuestos pandilleros, cuando se sabe que hay programas dirigidos a pacificar barriadas como Las Palmas, donde coexisten personas honestas, mareros y jóvenes que pueden hundirse en el mal. La acusación no tiene validez.
 
Más bien en tiempo de Funes se pactaron “treguas” que sólo sirvieron para fortalecer a las pandillas, ignorando las advertencias que la voz pública hizo.

Y es que siempre, a lo largo de la historia, grupos violentos simulan pactar para reagruparse, rearmarse y lanzarse de nuevo al ataque, como Hezbollah en el Líbano o Hitler con Chamberlain. Los últimos en declarar ceses de fuego y romperlos son los narcoterroristas de la FARC, con quienes algunos efemelenistas han sostenido fraternales vínculos como lo han revelado y documentado periódicos internacionales.

Combatir el crimen debe fundamentarse en realidades humanas. Es posible que un criminal se arrepienta y reforme, como el protagonista de Crimen y Castigo. Por lo general, los malvados así nacen y así mueren. Y ahora que una efemelenista declara que irá a la Fiscalía con pruebas, habrá que recordarle sus vínculos con el Belloso que mató a unos agentes de la UMO frente a la Universidad Nacional.

El problema lleva a otro: si no hay recursos suficientes para formar jóvenes buenos que quieren estudiar, no tiene mucho sentido usarlos creyendo que pueden rehabilitarse sicópatas.

Andan detrás de la gente honesta pero nada dicen de los criminales
 
Lo procedente en una sociedad que ha venido envileciéndose es fortalecer los mecanismos normales de vida ciudadana, precisamente lo que los rojos están destruyendo, como la institucionalidad, el debate de los problemas públicos, el imperio de la ley, la persecución de corruptos.

Y la mayor prueba, además del gran hoyo de El Chaparral y los pagos sin sentido a una empresa que abandonó el proyecto, es la negativa de revelar los gastos y viajes de Funes, esos despilfarros sin límite que han tenido que pagar todos los salvadoreños.

Nada va a lograrse, fuera de estrangular lo que resta de democracia en El Salvador, con los seguimientos de la OIE y de la policía a profesionales como Roberto Rubio, a dirigentes de gremiales, a personas que piensan y debaten lo que sucede en el país.

La investigación estatal debe enfocarse en las estructuras del crimen, en las alianzas que mantiene el narcotráfico con grupos externos, en lo relacionado a la corrupción, pues de allí deriva la violencia y los cientos de muertos en un solo mes.

 Es un contrasentido que día a día el gobierno esté denunciando a los sectores de trabajo, pero apenas haga mención del horror que sufren comunidades y familias, o se ocupe de la lavandería de Maternidad.