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Una comedia sin sentido, los "diálogos" de los comunistas

El grave problema es que, a partir de la previa gestión, la ruinosa gestión, los grupos en el poder piensan que todo pueden resolverlo sin salir a la calle

El gobierno, señalan ANEP y la Cámara de Comercio, dejó morir el Consejo Económico y Social, como antes se dejó morir el Foro de Concertación Económica que surgió de los Acuerdos de Paz y que fue casi el equivalente “de la quijada de arriba” donde hubo humos pero nada de nueces. 

Los foros en los países desarrollados usualmente se convocan cuando surge una crisis, se presentan demandas de sectores, se tocan puntos de inflexión en la marcha general, o lo decide un gobierno.
 
Pero un foro continuo termina, como en estas páginas se ha señalado, en reuniones estériles a las que muchos de los asistentes llegan a tomar café y a cotillear lo que, a su vez, hace que la gente que valora su tiempo termina por retirarse, como han hecho las gremiales.

El Consejo Económico y Social nació muerto por una causa: los grupos que definen lo económico, lo referente a hacer, fabricar, intercambiar, exportar, etcétera, tenían como interlocutores a gente sin la preparación para aportar ideas o  experiencias, o que estaban allí sólo para hacer bulto.

Pero hace muchísima falta un lugar de encuentro entre “los que mueven y hacen” y los que manejan la política y muchas de las decisiones que inciden en la marcha de la economía. No tiene el país un cuerpo que lleve el pulso de la producción, y por producción tiene que entenderse desde la industria y los servicios hasta los aportes de pequeños artesanos y agricultores.

Un ejemplo de esto es la necesidad que vienen señalando muchos, de reducir tramitología inútil, cortar trabas, establecer plazos para definir desde permisos hasta los efectos perniciosos que las ocurrencias de ciertos funcionarios tienen sobre un sector.


Para el caso: alguien tuvo la gran pensada de obligar a los caficultores a poner señalizaciones en las fincas, como si quienes en ellas laboran anduvieran todo el tiempo perdidos.  
                                       
Se dispone sin calcular el precio que debe pagarse para ello, ni reconocer que al incrementarse los costos de producción pero estando relativamente fijos los ingresos, habrá menos dinero para mejorar las fincas, mejorar salarios, tener recursos para combatir plagas o renovar sembrados.

De ocurrencia en ocurrencia pretenden manejar el país 

La economía entendida como el total de las actividades de la población está de manera permanente enviando señales que orientan al agricultor, al comerciante e idealmente también a los gobiernos. Y captar esas señales a tiempo ayuda a que tanto los particulares como los gobiernos actúen o dejen de actuar para reducir pérdidas o prepararse para contingencias.

El grave problema  es que, a partir de la previa gestión, la ruinosa gestión, los grupos en el poder piensan que todo pueden resolverlo sin salir a la calle, sin mirar por la ventana, sin informarse con otros que no sean sus conmilitones, por lo que quedan dando vueltas alrededor de un punto, o creyendo que la economía se resuelve consultando con La Habana sobre lo que se debe hacer.

No pasan muchas semanas sin que de pronto aparezca sobre el tinglado nacional un funcionario “con ojos enrojecidos y una tea en la mano” que se lanza sobre un sector, o entidades o grupos de opinión o medios informativos, a perseguirlos, agobiarlos, amenazarlos o ver cómo los destruyen.