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Tres grandes ciudades iraquíes caen en poder de extremistas

Una recesión mundial, otra crisis similar a la última que golpeó al mundo, sería lo peor para nuestro país, debilitado por el endeudamiento y la caída de los índices de inversión y de confianza

Mosul, la segunda ciudad más importante de Iraq, cayó en manos de extremistas musulmanes, una consecuencia, señala el Wall Street Journal (WSJ), de la retirada unilateral de tropas estadounidenses por orden de la administración Obama.

Y tras Mosul cayó Tikrit, donde los insurgentes, un grupo ligado a extremistas sunnitas que tiene raíces en la guerra de Siria, hicieron poca cosa del ejército iraquí, el ejército entrenado por los estadounidenses que, literalmente, quedó "colgado de la brocha" cuando Obama decidió retirar el grueso de las tropas de Estados Unidos para tener más chance de reelegirse.

Esa maniobra política es usual en Estados Unidos y en Europa: no importa que un país quede al borde del abismo, o se cause un desastre económico en una región del globo, si con ello un senador o un presidente logra reelegirse. Zapatero retiró de golpe los contingentes españoles en Iraq, para mejorar su imagen frente a los populachos que lo votaron, sin medir las consecuencias que ahora están saliendo a la superficie.

Los que están familiarizados con la historia del reino español y las gestas de los tercios en Flandes bajo el Gran Duque de Alba, deben imaginarlo dando vueltas en su sepulcro presa de la vergüenza…

Con la caída de Mosul, Tikrit y Fallujah, Iraq queda al borde del caos, lo que en parte se debe a que la retirada de los estadounidenses fue el equivalente de quitarles la alfombra de debajo de los pies a sus fuerza armadas, como en parte es causado por las maniobras del presidente iraquí al-Maliki para consolidar su poder, aunque corre el riesgo de ser el presidente absoluto e indiscutible de un gobierno iraquí en el exilio.

Que nadie saque paralelos entre esos sucesos con las pandillas en El Salvador y la tregua que afianzaron en el desgobierno anterior…

En Fallujah, agrega el WSJ, las armas que Estados Unidos envió a Iraq para reforzar sus defensas, cayeron íntegras en manos de los insurgentes. Con eso las bandas, aliadas a al-Qaeda, están con la posibilidad de posesionarse de una franja territorial que va desde Iraq hasta Siria, donde el régimen que pudo haber sido derrocado con una pequeña intervención occidental cobró una enorme fuerza.

Y como resultado de ese fortalecimiento, Siria está destrozada; los despachos noticiosos describen a Aleppo, una ciudad que se remonta a los tiempos bíblicos, como un inmenso promontorio de escombros donde ni las ratas sobreviven.

Difícilmente resistiría nuestro país

otra gran crisis económica mundial

Hay otras aflictivas consecuencias. Una guerra civil en Iraq afectaría en gran medida la producción de petróleo del país lo que, a su vez, puede disparar los precios del crudo en el mercado mundial. Y todas las recesiones económicas en los últimos cincuenta años, se hace ver, han sido precedidas por alzas en esos precios.

Una recesión mundial, otra crisis similar a la última que golpeó al mundo, sería lo peor para nuestro país, debilitado por el endeudamiento y la caída de los índices de inversión y de confianza.

Si ahora las cosas andan tambaleándose, una crisis afectaría a nuestras exportaciones y a todo el entramado económico, afectando a miles de empresas que ya sufren por el saqueo fiscal y las extorsiones.

Maliki es el centro del problema al no ceder poder y colocar a Iraq en una mejor posición política, capaz de resistir la agresión.