Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Tres excelentes empresas cierran sus puertas

El derrumbe económico de una nación no necesariamente tiene lugar de un día para otro, sino es un paulatino deterioro económico que puede revertirse, neutralizarse o acelerarse 

Jumex, la empresa mexicana que produce jugos, finaliza sus operaciones en el país, cierre que se suma al de otras importantes fuentes de trabajo como Maseca y El Mundo Feliz.
    
En conjunto son alrededor de 300 empleos que se pierden y que no será nada fácil reponerlos, si es que se logra. Y esto sucede sin que haya iniciado oficialmente la ofensiva anunciada por el señor Medardo, el que dirige a los comunistas, contra “la oligarquía neoliberal”.

La pérdida de empleos en esas tres empresas no es un simple “perder salarios”, sino perder posiciones en las estructuras productivas y administrativas, perder lo que había ganado en confianza, perder conocimientos y habilidades que con probabilidad no van a poder aplicarse en un nuevo empleo si se encuentra.

Los cesantes pierden no sólo “el salario” sino también un capital formado a lo largo de sus años en Maseca, Jumex y El Mundo Feliz.

El derrumbe económico de una nación no necesariamente tiene lugar de un día para otro, sino es un paulatino deterioro económico que puede revertirse, neutralizarse o acelerarse. Pasar de un estado de prosperidad a la grotesca lipidia en que se encuentra hoy tomó a Venezuela 16 años de chavismo.

Y en esto vale el símil de “la ventana rota”: en una calle una ventana aparece  rota y no se repara; a los días hay otra y así sucesivamente hasta que ese barrio cae en el abandono y la suciedad. Sus buenos residentes se van y la calle, o el vecindario, se convierte en tugurio de maleantes o gente sin hogar, como ha sucedido a varias zonas de San Salvador, particularmente alrededor del Castillo de la PNC.

Sucede también en las grandes ciudades como Nueva York; Washington Heights, otrora una zonas de clase media alta, se vino al suelo.
Las tres empresas, buenas y bien administradas empresas que llenaron una útil función, se retiran (aunque no lo digan con toda franqueza) por la creciente crisis económica, la falta de dirección positiva de parte del grupo en el poder, el acoso fiscal y la ineficacia para combatir la delincuencia.

En las zonas de la periferia del Gran San Salvador y las principales ciudades ocurre igual, con la diferencia de que los pequeños y micronegocios son forzados a cerrar por las extorsiones y amenazas de las pandillas criminales.
 

Más y más ventanas rotas
están apareciendo en el país
  

  Más y más ventanas aparecen rotas en El Salvador, pese a los esfuerzos y sacrificios que hacen innumerables negocios para proteger las suyas, mantener el empleo de quienes laboran con ellos, seguir siendo parte de las cadenas económicas  que marcan la vida en los países civilizados. Cadenas en las que cada eslabón es cliente, servidor, proveedor, sostén social y sostén material del resto, pues también sus ejecutivos, empleados, obreros y contratados son parte de similares cadenas en otros puntos de la ciudad y del país.

Jumex fue una de las muchas inversiones que llegaron a El Salvador en parte resultado de la labor de PROESA en los tiempos en que Ana Vilma de Escobar dirigió la entidad. PROESA luego se vino abajo al nombrar gente sin experiencia en el trabajo y, lo que es peor, con actitudes hostiles respecto a lo que es inversión productiva y las empresas en general.

Y eso va a empeorar teniendo al frente a un enemigo de los productores.