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Treinta y seis años de dictadura "de unos pocos ladrones"

"El socialismo del siglo XXI es el capitalismo de unos pocos ladrones"..., Cardenal Rodríguez Maradiaga

Los nicaragüenses cayeron de la sartén a las brasas, como la mayoría está comprendiéndolo en estas fechas en que se llega a treinta y seis años de "revolución" sandinista.

Nicaragua sigue muy pobre después de alcanzar, en los años 60 y 70, altas tasas de crecimiento económico, entendiendo que el mejor negocio para un gobierno y para una nación es el desarrollo.

Al tomar los sandinistas el poder en aquel entonces, el país cayó en picada, alcanzando un primer puesto en el mundo en inflación monetaria: antes el córdoba estaba a seis y tantos por dólar; con los sandinistas, en cuestión de dos o tres años llegó a doscientos millones por dólar, lo que de inmediato anuló los ahorros de todos los nicaragüenses.

A ello se sumó la piñata roja: los jerarcas comunistas pasaron de ser sujetos sin mayor oficio, a convertirse en multimillonarios. El propio hermano de Ortega, Humberto, que fungió durante unos años como ministro de Defensa y jefe del ejército, se mudó a Costa Rica, donde además de ser uno de los más opulentos personajes del país, se exhibe en automóviles deportivos de gran lujo, lo que viene a ser como una especie de "síndrome del Ferrari" que a más de un político depravado le afectó el cerebro.

Lo que iba a suceder en Nicaragua lo anticipó Juan Pablo II, que públicamente amonestó al cura Ernesto Cardenal por sus vínculos con la banda sandinista. Cardenal es ahora uno de los principales críticos del régimen, pero el daño está hecho y el país ha quedado en una situación deplorable, como es la consecuencia siempre cuando se corrompe la vida pública.

Dijo Hoelderling, el poeta alemán, que los infiernos sobre la tierra son el resultado de querer fabricar paraísos. Y fueron esos intentos los que han desembocado en una dictadura de familia y de partido en Nicaragua, donde los pobres son cada vez más pobres pese a la propaganda gubernamental. Entre otros efectos, el régimen no logra pagar las pensiones de los jubilados, lo que le llevó a decir que lo mejor que éstos podían hacer es morirse.

En Nicaragua consultan a Ortega los fallos judiciales

Ortega ha ido concentrando en sus garras todos los mecanismos de poder, incluyendo el Judicial (la separación de poderes, esencial para la existencia de la democracia, dejó de existir, pues inclusive los jueces y magistrados le consultan a Ortega o a sus secuaces antes de emitir un fallo).

A esto se agrega que Ortega puede reelegirse hasta que la parca lo lleve al infierno, pues no hay mecanismos formales que lo impidan ni restricciones constitucionales.

De los principales males que una dictadura o autocracia acarrean a un pueblo, el principal es impedir que las fuerzas espontáneas surjan, tracen sus caminos, que tengan éxito, fracasen o se desvanezcan. Así como hace medio siglo nadie pudo anticipar la revolución digital o que llegaría un momento en que miles de millones de personas iban a llevar una computadora en su bolsillo, los teléfonos inteligentes, nadie ahora es capaz de adivinar lo que el futuro nos depara.

Las dictaduras siempre asfixian la iniciativa, coartan la creatividad, persiguen al que es distinto. Son sin excepción la entronización de la mediocridad y la perfidia.