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Tras las amenazas sigue un monopolio rojo

Esa excelencia en las comunicaciones choca con las ni tan escondidas agendas comunistas, que como dogma y práctica las anulan, interfieren, censuran, manipulan y encarecen fuera del alcance de sus súbditos   

Casi a diario y desde que dieron el golpe del impuesto a las comunicaciones y a casi todo lo relacionado con ese sector, los rojos sacan el machete amenazando a los operadores de telefonía, “recordándoles” que en dos años se vencen las concesiones. 

En un mercado abierto, altamente competitivo como el nuestro, quien no brinda buenos o excelentes servicios se muere por su cuenta sin que le quiten una concesión. Y tan satisfactorios son esos servicios que hay más celulares activos en el país que el número de habitantes, además del resto de servicios relacionados incluyendo el internet y muy refinados sistemas de comunicación.

Pero esa excelencia en las comunicaciones choca con las ni tan escondidas agendas comunistas, que como dogma y práctica las anulan, interfieren, censuran, manipulan y encarecen fuera del alcance de sus súbditos.

La competencia es el regulador más confiable, más imparcial, menos abusivo que cualquier entidad oficial, sobre todo si estas entidades oficiales de nombre pero privadas tras los telones lo que buscan es afianzar sus propios intereses y abusar del público.

En poco más de una semana los comunistas están amenazando a los transportistas con suprimirles concesiones (y hacerse con el negocio) y ahora con las operadoras telefónicas.

Hasta el momento no se sabe si echando mano del mínimo pretexto quieran a base de amenazas, coacciones, imponiendo onerosas cargas, acusándolas sin fundamento y valiéndose de las aplanadoras legislativas, ir restringiendo y doblegando el sector para acabar dominándolo.

O como dice una eminencia que funge de vocero rojo, pretenden hacer “del oligopolio” un monopolio, pero controlado por “el pueblo y las avanzadas en la lucha contra el imperialismo”, o sea ellos mismos.

Es cierto, hay que admitirlo, que “casualmente” Alba negocios ya esté metida en telefonía. Y la mejor manera de robustecer esa inversión es persiguiendo con todo el arsenal que se tiene en las entidades oficiales y la aplanadora legislativa, a la competencia.

Y así se alcanzan dos objetivos revolucionarios ya mencionados en los documentos de su última cumbre: controlar “los grandes capitales” además de censurar y espiar a sus súbditos monitoreando sus llamadas.

Espiarlos y censurarlos y silenciarlos como en el despanchurrado “bloque socialista de naciones”, como en Corea del Norte, como en Cuba, como en Venezuela hasta el momento...
 

Cuando muere la comunicación,
mueren intelecto y democracia

 

  Las concesiones se dan en países normales bajo el entendido —a menos que se advierta lo contrario— de que van a renovarse automáticamente si los servicios que se brindan son satisfactorios, legítimos, competitivos. En esa manera los concesionarios tienen todo el interés de invertir en lo que hacen, consolidar sus posiciones en el mercado, proteger a su personal y clientelas.

Es el público, patrocinando o rechazando, el que verdaderamente extiende o limita una concesión en provecho general, incluido el del concesionario.

Regimentando, coartando, censurando, encareciendo lo que la gente habla y dice, se controla en parte lo que piensa, pues se reduce enormemente su campo del saber, su intelecto y su discernimiento. La discusión y el debate se apoyan sobre el conocimiento; sin discusión ni debate la vida en democracia se reduce a eslóganes, bolsas de semilla, andanadas de promesas y peluches; sólo así es que personajes como Fernández de Kirchner o Rousseff llegan a hipnotizar masas de no pensantes para luego hacer una ruina de sus países.