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Transformar ladrillos en fábricas es la magia creadora de visionarios

Que la cosa no es nada fácil lo demuestra el hecho de que por cada diez negocios que inician andadura, en cosa de dos años sólo uno se mantiene…

Las estructuras productivas, "el poder económico" en un país o a nivel mundial, no consisten tanto en lo físico –las instalaciones fabriles, tierras, mostradores, inventarios– sino que son fruto de la organización, el conocimiento, las cadenas de suministros, patentes y experiencia, el buen nombre, el buen crédito, factores intangibles pero muy reales, decisivos para generar riqueza, bienes y empleo.

Y todo eso, a la vez, se apoya en el orden de leyes, en la confianza, en la moral pública, en las instituciones.

Lo que transforma promontorios de ladrillos, de hierro, de fibras y de cosechas, en empresas, negocios y actividades dinámicas y en permanente estado de cambio, es la inventiva, los esfuerzos, las ideas y el coraje de hombres que se proponen hacer realidad ideas y proyectos. Es el espíritu del que crea, del que se empeña, que se fija metas, que persevera y asume riesgos, que saca de la nada lo que luego son estructuras vivas y generadoras de riqueza. Y en ese ímpetu de ir adelante, competir y triunfar, es que se basan la prosperidad y el desarrollo humano.

Tan real es la fuerza creadora del que mueve cosas –se trate del fundador de un imperio metalúrgico o el panadero del barrio– que es usual que al desaparecer, o menguar sus capacidades, lo que él dirige se marchite y desaparezca, como a la inversa los que heredan pequeños negocios pueden agrandarlos y convertirlos en consorcios líderes o talleres exitosos.

Y que la cosa no es nada fácil lo demuestra el hecho de que por cada diez negocios que inician andadura, en cosa de dos años sólo uno se mantiene…

Es bajo esa luz se debe analizar la pretensión de ciertos comunistas que pregonan su intención de "hacerse con el poder económico total", de que van a tomarse por la fuerza, por decreto o echando mano de cualesquiera maniobras, las empresas, negocios, agroindustrias, fincas y talleres que operan en el país, para ser ellos los beneficiarios de ganancias y patrimonios.

Pero en el momento mismo en que un negocio, comercio o estructura productiva cambie de manos sobreviene su caída, pues se rompen los milimétricos balances que mantienen funcionando el conjunto. Hay flujos de caja que se afectan, abastecimientos urgentes de cancelar, ventas y adquisiciones, salarios y pago de créditos… cada día presenta nuevos retos, que los administradores deben enfrentar y solucionar.

Nunca tendrán en sus manos el "poder económico" del país

Lo usual en casos similares es que los grupos o individuos que se toman una empresa –sucede en Venezuela– de inmediato se embolsan el contante, vacían las cuentas de dinero, venden los inventarios y hacen la gran fiesta, para tronar a las pocas semanas, como sucedió en El Salvador cuando la Reforma Agraria y la estatización de la banca en 1980.

"No es de soplar y hacer botellas…"

Los primeros perdidosos, como es natural, son los dueños y accionistas de negocios y actividades, pero de inmediato siguen los empleados (como en el caso de la CEL; nombran al cuñado en la presidencia y en pocos días despiden a más de sesenta empleados) y también casi de inmediato la cadena de negocios vinculados (una cadena de alcances mundiales), siguiendo el público que es afectado al perder proveedores o clientes.

Nadie se convierte en violinista robando el instrumento de un músico…