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La tragedia del vuelo malasio que oscurece mayores horrores

La guerra está también diezmando a las comunidades cristianas de Siria que, hasta hoy, coexistieron en forma pacífica con otras confesiones, pero que sufren el embate de los fundamentalistas

Doscientas treinta y nueve víctimas potenciales es el saldo del casi seguro siniestro del avión malasio que desapareció sin haber dejado rastro hasta la fecha, una tragedia que afecta a muchísimas familias, que pone en entredicho la seguridad de los vuelos de ciertas aerolíneas, obliga a revisar los sistemas de control de vuelos y tiene en suspenso a centenares de millones de personas en todo el mundo.

Pero para algunos, el espectáculo mediático montado, que ocupa gran parte del tiempo de noticieros electrónicos, puede ser una cortina de humo para tapar sucesos más graves, como la continuada carnicería en Siria, la brutal invasión rusa a Crimea y la amenaza a la integridad de Ucrania, la persistente crisis económica, el derrumbe del chavismo y la expansión de grupos criminales en el mundo, incluidas las que operan en Centro-América y los Estados Unidos.

Y como si tal cosa fuera poco, la situación en el Medio Oriente y África, un caldero del diablo, constituye una creciente amenaza sobre Europa, que se está llenando de islamitas fanáticos que rehusan integrarse al Siglo XXI.

Aunque muchas personas señalan que los peligros sobre el mundo que se materializaron en Europa, en los años Treinta, eran todavía peores, con nazis y bolcheviques a punto de hacer estallar la civilización.

La carnicería en Siria, donde los niños

son las mayores víctimas

En Siria la revuelta de unos tres años contra Assad ha causado ya más de cien mil víctimas, gran número de ellas niños, además de destruir poblados enteros. Y en estos momentos se avecina la batalla por Damasco, un potencial baño de sangre de espantosas dimensiones.

Cien mil muertos en tres años arrojan, teóricamente, un promedio de 91 diarios, lo que en tres días alcanza el equivalente a los 227 pasajeros y 12 tripulantes en el vuelo de la aerolínea malasia. Pero las cadenas noticiosas se sienten liberadas de no presentar tales horrores, como tampoco más que mencionar de pasada lo que está sucediendo en Sudán y regiones aledañas, donde varios "señores de la guerra islámicos" están exterminando a cristianos y poblados que rehúsan convertirse.

A lo que hay que sumar las incursiones de bandas islámicas en los países que bordean el sur del Mediterráneo, cuya última agresión fue atacar a una refinería en Argelia, más las matanzas y desvaríos del Drácula de Corea del Norte, que quiere forzar a todos los varones del reino a cortarse el pelo como el suyo.

Las 281 personas asesinadas en El Salvador durante marzo, superan a las 239 víctimas del avión malasio y a las 273 en tres días de guerra en Siria.

Lo más execrable, hay que decirlo, es la matanza en Siria, un espanto cuyo único objetivo es mantener en el poder a un dictador, así como los desórdenes y barbaridades en Venezuela son causados por la obstinada resistencia de los herederos de Chávez a rectificar políticas que están generando una escasez de alimentos y de bienes de consumo, sin precedentes, en un país con las riquezas minerales de Venezuela.

Debemos agregar que la tragedia de Siria nos golpea el corazón, recordando la pacífica disposición de sus pobladores y la belleza del país que, además, cuenta con uno de los santuarios islámicos más importantes y hermosos en existencia, la mezquita Omeya, de Damasco, que contiene mosaicos que representan plantas y seres vivos, algo excepcional en la arquitectura islámica.

La guerra está también diezmando a las comunidades cristianas de Siria que, hasta hoy, coexistieron en forma pacífica con otras confesiones, pero que sufren el embate de los fundamentalistas que mantienen nexos con AlQaeda.