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Todos los países deben combatir la corrupción de los políticos

En varios países la gente ha comenzado a despertar y a rechazar la robadera y las arbitrariedades que más y más coartan sus libertades y afectan la calidad de sus vidas. Las grandes manifestaciones que han tenido lugar en Honduras y en Ecuador so

Los voceros oficialistas afirman que nuestro país no necesita de una Comisión Internacional Contra la Impunidad como la que está destapando la corruptela en Guatemala (Cicig), pues las condiciones aquí “son distintas”.

¡Y sí qué son distintas! En el vecino país se han sacado a luz los enriquecimientos de funcionarios que desviaron fondos públicos a sus bolsillos, además de tomar sobornos, mientras que en El Salvador el mecanismo es otro: simplemente la República se considera la finca privada del Partido Comunista, que usa los recursos estatales a su antojo, mueve presupuestos de un lado a otro, monta negocios valiéndose de obras realizadas con dineros estatales, tapa movidas, protege corruptos y persigue gente inocente.

En forma simultánea se montan cacerías de brujas que sirven de cortinas de humo para encubrir las grandes corruptelas y enjuiciar inocentes. Y el caso del abogado Nieto es revelador: no investigan a sus antecesores, pero se ensañan con alguien que no tiene culpa ni muestra señales de enriquecimiento.

Y también se tiene el  caso del gran hoyo de El Chaparral: mayor pestilencia no puede haber, pero los que están al frente de la CEL sostienen  que “no valía la pena investigar”. Y no vale la pena pues a lo mejor se descubre la dimensión colosal de la ratonera y vínculos con empresas que están siendo investigadas en Brasil por presunto tráfico de influencias.

La Cicig o Cicies es una urgencia, más en un país donde los entes fiscalizadores del Estado están en manos de un partido político, donde no hay pesos ni contrapesos institucionales, en el que las señales de enriqueciendo desaforado de muchos funcionarios están a la vista general, donde de un plumazo se corta todo intento de investigar, como con los viajes y gastos de Funes, que lleva un tren de vida que no encaja ni a cien leguas con sus ingresos legales.

Muy bien saben de la robadera pero nada dicen a los pueblos  

Una Cicig para El Salvador es tan urgente como una para la mayoría de países hispanoamericanos, sobre todo para el despotismo venezolano, el régimen de Evo, la asquerosa dictadura del Ecuador, lo que pasa en Argentina, el desastre de Brasil, Nicaragua, la finca de los sandinistas, Chile con las picardías del hijísimo, México lindo y querido...

Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que merecen, pero desde el momento en que los demagogos montan una ofensiva para hacerse con el poder o engañan a sus masas, o perpetran fraudes como en esta tierra, eso deja de tener validez.

De pueblos “merecedores” se pasa a pueblos víctimas, naciones saqueadas, desgracias generales. Una cosa es elegir a un presidente y otra que este adopte un tren de vida de pachá, gastando a raudales, “ahorrando” de presupuestos, sosteniendo un permanente burdel pagado con fondos públicos.

En varios países la gente ha comenzado a despertar y a rechazar la robadera y las arbitrariedades que más y más coartan sus libertades y afectan la calidad de sus vidas. Las grandes manifestaciones que han tenido lugar en Honduras y en Ecuador son una señal de que a lo mejor las cosas pueden corregirse. 

Pero se necesita la colaboración de la comunidad internacional y de los países por donde forzosamente se mueven los dineros de los corruptos; no es suficiente encausar a criminales venezolanos o el caso único del guatemalteco Portillo.